Jóvenes, Vida de hoy

Es bueno leer, pero mejor si se lee bueno

A 120 años de su publicación, el entusiasmo de varias instituciones ha permitido que tenga lugar la competencia semestral que José Martí prometiera a sus lectores en el primer número de su revista, en julio de 1889.

Pedro Pablo Rodríguez

En una especie de editorial que el Maestro titulara “A los niños que lean La Edad de Oro”, él dijo: “Los niños saben más de lo que parece, y si les dijeran que escribiesen lo que saben, muy buenas cosas que escribirían.”

Por eso, basado en ese juicio, convocaba a continuación a una competencia para premiar al mejor trabajo con libros y ejemplares de la publicación. No pueden desconocerse los sentidos artístico y ético subyacentes en la propuesta del concurso hecha por Martí desde el número inicial de La Edad de Oro.

Para quien toda obra requería de belleza y del fin del mejoramiento humano, pedirle a sus lectores que enviaran sus composiciones para publicarlas era, pues, tanto una manera de estimular habilidades para el manejo de la lengua como vía para despertar la vocación artística y el afán de conocimiento.

Como él mismo escribió en el editorial mencionado: (la composición) “será sobre cosas de su edad, para que puedan escribirla bien, porque para escribir bien de una cosa hay que saber de ella mucho.”  Y decía: “Así queremos que los niños de América sean: hombres que digan lo que piensan, y lo digan bien: hombres elocuentes y sinceros.”

La Edad de Oro, sin embargo, no pasó de su número cuatro al tener que abandonar Martí esa labor ante las presiones del impresor, deseoso de incluir aspectos de religión en la revista. Luego nunca se pudo efectuar la competencia de composiciones entre los lectores.

Pero ahora el Centro de Estudios Martianos, la Organización de Pioneros José Martí, la Asociación de Pedagogos de Cuba y la Unesco unieron fuerzas para convocar ese concurso para toda Latinoamérica.

La obra

El resultado ya está en una publicación, como lo prometió el Maestro: un libro con cuarenta y un textos de niños del continente, editado por Colibrí, una institución académica.

Los cuarenta y dos autores, (porque hay un escrito que se debe a dos hermanas) que publican en el libro titulado ‘Los niños de América responden a José Martí’ tienen entre siete y 17 años, en su mayoría estudiantes de la enseñanza primaria.

Se recibieron trabajos desde ocho países, y los premiados son, a razón de un autor por país, de Nicaragua, Bolivia, Colombia, y El Salvador; de Argentina son tres: de México hay cinco; el resto son niños cubanos.

Una de las autora afirma con plena sabiduría: “Es bueno leer, pero mejor si se lee bueno.”  Y otra dice que colecciona sentimientos, que incluyen un saquito de sufrimiento, mas también recoge al perdón, que no es un sentimiento, pero que hace falta mucho.

Cartas, composiciones, cuentos, versos y hasta dibujos de los mismos autores se reúnen en este libro hermoso en que los niños de América responden a José Martí.

Su confección es más que modesta porque los recursos escasean. Claro que el tamaño grande de las letras y el buen entintado por la imprenta ayudan al lector. Pero lo más importante es que uno se llena de felicidad cuando lee a esos niños de América. Y eso es suficiente.

Hay indudable talento literario en más de uno de esos niños.

Léase ‘El mar negro’, una deliciosa e ingenua parábola en que una niña ciega, al ver a través de una amiguita cómo el mar se llenaba de grandes manchas negras y los peces emergían sin fuerzas para nadar, busca a otros niños para darle colores al agua, y Lisa, la ciega, es la que da el colorido final. Veámoslo, que vale pena:

“Pero faltaba alguien que diera el toque final. Y aguantándose de las piedras, llegó Lisa hasta nosotros. Tomó un pincel con mucho cariño y como besos salieron de este azules de ternura, rosados de amor, verdes de esperanza, naranjas de amistad y hasta una amarilla risa.”
¿Y qué me dicen de esta estrofa de este poema titulado “Adivinanza del murciélago”?:

 

El dueño de la noche

quiere pasear

y se fue en coche a revolotear.

¿Y de esta cuarteta de métrica imperfecta, pero de indudable vuelo creador?

Cae el otoño y con él su última hoja.

No espero más en el eclipse de tu vida.

Quiero dejar de ver por fin cómo te enojas

Por iniciar nuestro destino sin salida.

¿Y de esa imaginación abierta al futuro de un colombiano de 11 años que narra su vida de más tristezas quizás que alegrías bajo el título de ‘Mi primera infancia’, y cierra su relato así: “Continuará.”?

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