Perfiles

Sin papeles en el exilio

Por Pilar Cecilia

“Somos ciudadanos de tercera categoría”, asegura Juan refiriéndose a las personas solicitantes de asilo. Juan es el nombre ficticio de un boliviano de 29 años residente en Londres. Asistía a la Universidad Mayor de San Andrés en La Paz, donde fue elegido por los campesinos cocaleros como dirigente juvenil.

Luchaba por la legalización de la hoja de coca y se oponía a la privatización de los recursos naturales. Pasó cinco largos años cargados de marchas, protestas y luchas sociales que terminaron en persecución y exilio.

Ahora vive en un piso con su compañera, también boliviana y solicitante de asilo. La Home Office se hace cargo del alquiler y los gastos del piso donde residen. Les entregan cupones que canjean por comida en el supermercado y les prohíben trabajar. “Están pasando cosas en mi país que yo quisiera ver: la revolución cultural, la participación indígena”, afirma Juan.

Su historia pasada es la de una persecución continua y en su presente no hay más que incertidumbre. Aún recuerda fielmente aquel día en que llegó a la Home Office a pedir asilo político: “No sabía el idioma. No había venido nunca antes a este país. Recuerdo los edificios de ladrillos. Era un día gris”, cuenta el joven.

Cualquier día pueden llamar a su puerta y notificarle una deportación inmediata. Así ocurrió a comienzos de año cuando la Home Office declaró su estatus como “incierto”. Fue a firmar como hacía cada viernes y como lo requiería la Home Office. Lo detuvieron allí mismo y estuvo a punto de ser deportado junto a su compañera. Finalmente se presentaron nuevas pruebas y el caso de ambos es de incertidumbre.

En ese momento hubo asociaciones que le apoyaron e incluso pusieron medidas legales a su disposición. “Asociaciones como Fight Racism Fight Imperialism nos ayudaron muchísimo cuando estuvimos detenidos y nos pusieron un abogado defensor. También Rock around the Blockade, Hands Off Venezuela y la asociación ecuatoriana MERU. No hay asociaciones bolivianas por las que me sienta representado”, continúa.

Aunque vive el constante miedo ante una deportación, Juan no pierde sus ansias de luchar y mostrar que las personas en una situación de irregularización como la suya, sin pasaporte, sin papeles, sin la seguridad de ser aceptado como refugiado, también tienen derechos: “Si eres ilegal estás en un vacío. Para el Reino Unido mi país se sitúa en la White List, donde no existen violaciones de derechos humanos,” afirma.

Persecución en Bolivia

En 2002 el gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada propuso la subida de los impuestos y la exportación de gas a EEUU a través de puertos chilenos. “La gente reaccionó con marchas. El ejército salió a la calle y aquello se convirtió en una zona de guerra. Allí me detuvo un grupo de personas que no quisieron identificarse como militares. Me preguntaban dónde estaban las armas. Yo no sabía de qué hablaban”. Fue su primera detención.

Dos meses después un grupo de personas, de nuevo sin identificar, se presentó en su casa: “Me preguntaron por un señor que tenía el mismo apellido que yo y me dijeron que le habían detenido por llevar una camioneta cargada de misiles. Me hicieron firmar un documento donde yo declaraba que conocía las actividades de esta persona. Si yo firmaba, dijeron, me dejarían en libertad. Lo hice, esperando que me dejaran en paz”, asegura.

En 2004 Juan fue arrestado por complicidad con un delito de alzamiento armado y pasó un año en la penitenciaría de San Pedro. Tras salir en libertad recibió una llamada. “Querían que me reuniera con ellos: Ya sabes lo que te pasará si no colaboras, me decían”. En ese momento un conocido ayudó a Juan a salir del país con destino Brasil, desde donde voló a Reino Unido y se convirtió en solicitante de asilo político.

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