Mundo

China y la crisis británica


Poco ha durado la luna de miel entre el nuevo gobierno conservador-liberal y el pueblo británico. Apenas semanas después de las elecciones el nuevo primer ministro David Cameron y su canciller del exchequer George Osborne se han descolgado con un durísimo plan de ajuste que, eso sí, proponen modificar en función de la opinión que les produzca a los afectados.

David Cameron

Pablo Sapag

El plan supone importantes recortes presupuestarios por varios miles de millones de libras de aquí a los próximos cinco años. Eso supondrá menos recursos para unos servicios públicos ya bajo mínimos – el caso de la sanidad, el transporte y la educación son decidores en ese sentido -. También supondrá limitaciones para hacer frente a un desempleo creciente. Sin llegar a las tasa de España (20%), el Reino Unido suma ya tres millones de personas sin trabajo. La cifra ha multiplicado por dos la de hace algo más de un año.

Personas a las que ahora se les dice que no tendrán la misma cobertura estatal que antaño por la sencilla razón de que el Estado no tiene recursos para hacer frente a su emergencia laboral con subsidios de desempleo y otras ayudas. Todo eso en un país muy caro, sobre todo en el sureste, donde ha florecido la especulación bursátil e inmobiliaria a partir de las generosas medidas que el gobierno de Tony Blair aprobó para atraer  capitales extranjeros que apenas tributan.

La crisis británica es extensiva a otros países europeos y a los EEUU, donde el capitalismo de casino reinó durante una década pasando la cuenta ahora a los trabajadores, los únicos que no se beneficiaron de una economía que nada tiene que ver con la producción de bienes y servicios para elevar el nivel de vida de la población.

La crisis llega en un momento en el que en otras latitudes China se consolida como la única locomotora económica del mundo con un sistema en el que se combina la libre iniciativa con la rigurosa planificación estatal. La solidez de la economía del gigante comunista se ve reflejada en la decisión de apreciar el yuan. La moneda china ha salido así al rescate de las viejas economías industrializadas, a punto de colapsar.

Con un yuan más caro será más atractivo comprar en otros mercados, como el británico o el estadounidense. También en América Latina, con la que China mantiene excelentes relaciones comerciales sin intervencionismo político ni cultural de ningún tipo. China contribuye así a frenar el desempleo en los países más afectados por la crisis económica y financiera pero de paso enseña que hay modelos alternativos de gestión capitalista.

Share it / Compartir:

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*

*