Editorial, En Foco, Opinión

Ollanta Humala, política exterior en las rutas del Sur

El nuevo gobierno se inaugura  en el Perú a partir del 28 de julio. Y, contrario a lo que el sentido común pudiera inducir a pensar por la insistencia en un programa nacionalista, se ha propuesto desarrollar una política  exterior  unitaria e integracionista en la región latinoamericana.

Claudio Chipana

Ni los Tratados de Libre Comercio, ni la apertura al mercado o la  inserción en el mercado global sin criterio nacional, practicada por los distintos gobiernos hasta el actual, significaron  una real vocación integradora, ni una defensa clara de los intereses  nacionales o latinoamericanos en general, como tampoco de la región andina en particular.

El privilegio de los TLCs responde a criterios  acorde a los intereses  de los centros de poder económico global que comprende  acuerdos comerciales, pero también  lineamientos de política internacional  y patrones de conducta, mediante la creación de cercos mediáticos y diplomáticos a aquellos que son considerados un mal ejemplo o un peligro para la democracia y la estabilidad de la región.

En los tiempos de la guerra fría, las potencias como los EEUU, trazaron una línea divisoria entre el castrismo y el anticastrismo en la región “hemisférica”. Ahora, tanto en las elecciones de 2006 como en las últimas elecciones  de este año, en el Perú Ollanta Humala fue acosado para que se definiera como “chavista” o “antichavista”.

Morales, Hugo Chavez y Ollanta Humala

Porque lo cierto es que llevar el apelativo de “chavista” es una calificación que se le otorga a cualquiera que se salga del  libreto sugerido por los centros de poder. Y de allí que la urgencia por querer ‘clasificar’ a los mandatarios o a quien sea, sea ya un lugar común

Resulta útil este paralelo entre la época anterior y la presente, pues tanto antes como ahora, los intervencionismos, golpes de Estado incluidos, son permanentes están a la orden del día en función del riesgo que puede representar para las relaciones interamericanas. Un ejemplo de ello es lo ocurrido recientemente con el golpe en Honduras.

A diferencia de 2006, esta vez  la campaña electoral de Ollanta Humala logró quebrar la estrategia de la derecha oligárquica peruana que quería llevarlo a un callejón sin salida  del “chavismo” y el “antichavismo”, sin tener ningún espacio para una tercera opción.

La insistencia de una mayor relación con Lula y una mayor atención al rol de Brasil, como uno de los Polos de atracción en la región, le sirvió a Ollanta Humala de colchón ideológico y electoral para contrarrestar exitosamente la feroz ofensiva de la derecha.

Ollanta, no obstante, nunca cedió  durante la primera y la segunda vuelta  a la tentación  de aislar a algún país latinoamericano para congraciarse con la derecha.

Dejó en claro que el Perú no seguiría ningún modelo preestablecido, excepto el que derive de la propia  realidad nacional peruana y que el nacionalismo significa soluciones peruanas para problemas  peruanos.

Ollanta Humala no ha tomado aún las riendas del gobierno, pero nos podemos valer de varios

elementos  para delinear, grosso modo,  la política exterior del nuevo gobierno nacionalista.

Primero, está el plan de  gobierno de Gana Perú antes de la primera vuelta, que dicho sea  paso algunos quieren ignorar u oponer a la  Hoja de ruta, documento elaborado durante la segunda vuelta.

En el Plan de gobierno se establece claramente el deseo de promover una “nueva política  exterior” que se habrá de basar en “el reconocimiento de las aspiraciones legítimas de otros  pueblos, el  respeto y autodeterminación de todos los pueblos, y el consenso internacional para enfrentar las  amenazas transnacionales en el medio ambiente, la salud y el trabajo”.

Un segundo elemento analítico es el referido al acento puesto en la integración latinoamericana y en la unidad de los  países de la subregión andina.

Esta integración entre los países andinos, como sabemos, quedó seriamente deteriorada  con la actitud de los últimos gobiernos de turno que pusieron por delante la  firma de los  TLCs, que buscó acuerdos separados sin ningún sentido integrador.

El gobierno de Alan  García se opuso repetidas veces a acuerdos comunes de carácter comercial  a nivel de la Comunidad  Andina de Naciones.

Sin embargo, si hay algún elemento de mayor significación en la nueva política exterior que anuncia el gobierno de Gana Perú es la apuesta por Unasur (Unión de naciones suramericanas) como principal referente de la integración y la unidad latinoamericana. Es decir, la noción de la unidad de Sudamérica como bloque no sólo comercial sino también estratégico.

Esta postura tiene la virtud de  romper con la dicotomía que  la oligarquía y las potencias  quieren imponer entre los países bolivarianos y los no bolivarianos a fin de   fraccionar  la unidad de los países latinoamericanos.

Desde esta perspectiva, la opción por Unasur significa, no tanto la exclusión de algún país o la oposición a algún bloque de países latinoamericanos, sino el diálogo, el intercambio y la unidad con todas las naciones sudamericanas y de todos los bloques a su interior. Todo con base en el principio de no intervención y mutuo respeto de la soberanía.

Este marco unitario no se desliga de la comprensión de la región latinoamericana en su relación con una realidad más amplia como es el Sur global respecto del norte industrializado.

El Sur como zona geopolítica responde a aquella región del mundo que desde los inicios y antes de la globalización ha sido  desfavorecido en la distribución de la riqueza  global.

Esta visión de la región del Sur de la cual Latinoamérica es parte, es entendida dentro de una redefinición de las relaciones de poder a escala global y la opción por un mundo multipolar.  Así, en el citado Plan de gobierno se precisa: “No somos partidarios de la configuración de un mundo unipolar”.

Gana Perú ha proclamado su vocación de un mayor estrechamiento de los lazos con los países del Tercer Mundo y plantea como alternativa a la globalización neoliberal una “globalización solidaria”.

Acorde con estos principios de la unidad e integración latinoamericana, a pocos días del triunfo electoral del 5 de junio, Ollanta Humala emprendió en una gira por Sudamérica que lo llevó a visitar Brasil, Paraguay, Uruguay, Argentina y Chile.

Luego se dio la visita a Bolivia, que será seguida de otras visitas a Ecuador, Colombia  y Venezuela, según lo  previsto.

Una constante de éstas fue la declaración que hizo Humala de desarrollar una mayor integración a través de  políticas conjuntas, priorizando la lucha contra la pobreza, el combate al tráfico ilícito de droga, la defensa de los derechos humanos  y otras políticas.

Ollanta Humala ha dejado en claro en esta gira que priorizará la integración de la Comunidad Andina de Naciones  y el Mercosur como integrantes de un ámbito más amplio como es el Unasur.

De especial significado puede calificarse la última visita a Bolivia, en que se subrayó las profundas raíces históricas comunes entre ambas naciones y el peso de las raíces culturales lo cual lleva a revalorar el rol de los pueblos originarios de toda la región andina que el modelo neoliberal ha excluido ex profesamente. Aquí Humala enunció la tesis de la unidad de Andinoamérica que amerita  una mayor reflexión más amplia.

Quedan otros temas por determinar en cuanto a las implicancias de la victoria de Ollanta para el resto de la región.

Habremos de esperar  más detalles y las primeras medidas a partir del 28 de julio, como quién será el próximo Canciller y otros anuncios.

Pero no podemos culminar esta aproximación  a los  principios y primeros pasos de la nueva política exterior del nacionalismo sin mencionar que la vocación integradora en las relaciones internacionales desde la perspectiva del Sur en el programa nacionalista, no está alejada  de la solidaridad internacional.

Tal como se sostiene en el Plan de gobierno, Gana Perú apoya el fin del bloqueo económico a Cuba, la creación del Estado Palestino y el derecho de Argentina a las Islas Malvinas.

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