Globo, Mundo

Túnez (II): la favela global

Arshin Adib-Moghaddam

Arshin Adib-moghaddam cree que la globalización puede ser violenta y el terror global. “Desde los ataques en Noruega, existe una nueva forma de neofascismo igual de nihilista a la de Al-Qaeda”, afirma, y agrega que “la islamofobia y el latente antisemitismo unen estos dos movimientos”.

Graham Douglas

Arshin cree que la búsqueda de justicia social está siendo fuente de inspiración para las protestas contra los recortes de Atenas y Madrid y las revueltas en Túnez y Egipto.“Cuando los estudiantes y académicos se manifestaron en el Reino Unido contra la triplicación del precio de las matrículas, algunos de los manifestantes llevaron banderas Egipcias y Palestinas”.

Arshin Abid-Moghaddam es profesor de Política Comparada y Relaciones Internacionales en la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de Londres. En la primera parte de su entrevista con The Prisma argumentó la historia poscolonial tunecina, el rol del Islam y los nuevos medios sociales.

Ahora nos habla entre la relación de la revuelta tunecina con otras de la región, enfatizando su carácter global y exclusivamente posmoderno que las caracteriza por su intención de alcanzar justicia y libertad al margen de ideologías políticas o religiosas.

Una de las características principales de este nuevo ambiente global de la comunicación es la interconectividad, dice, la cual es importante a la hora de organizarse además de hacer de la seguridad un problema global. Recalca la manera en la que ideas revolucionarias se reciclan de continente a continente.

¿Existe la llamada Revolución Árabe o no es más que una serie de casi revoluciones independientes?

Hay una esfera pública panarabista de cadenas de televisión por satélite como Al-Jazeera o Al-Arabiya, literatura y música popular. Sin embargo la narrativa está influenciada por los marcos multiculturales de Asia y África en los que se incluyen turcos, iraníes, israelíes y curdos. Hay una interconexión de identidades no sectarias: ser mujer, gay, pobre, trabajador, o criminal, son identidades que pueden ser más influyentes que el ser árabe o musulmán. La idea de un super estado árabe murió hace mucho tiempo tras la guerra de los seis días de 1967 que destruyó el nasserismo en Egipto.

De la misma manera, la idea de un califato panislámico es completamente imposible. No es lo que quieren ninguno de los movimientos islamistas en Egipto o Túnez. La identidad árabe de los movimientos no explica el por qué han ocurrido estos. La dignidad humana, la justicia social o la capacitación del pueblo de elegir democráticamente son demandas universales. ¿A quién le gusta que el estado le diga qué hacer o que despilfarre su dinero? ¿O ver a su vecino en la pobreza o a sus hijos mal nutridos?

En la actualidad estoy llevando a cabo una investigación para mi próximo libro sobre la dialéctica entre el poder y la resistencia, y los resultados sugieren que la resistencia y la búsqueda de justicia humana son innatos. Nos estamos alejando del mito sobre el comportamiento humano basado en que los seres humanos son dados a la agresividad y que la guerra es inevitable. Las revueltas árabes nos han sorprendido de la misma manera que las revoluciones modernas de Rusia, China, Cuba e Irán tuvieron su efecto dominó por todo el mundo. Sin embargo, mientras estas revoluciones estuvieron impregnadas de connotaciones políticas – comunista, maoísta, islamista, etc – las revoluciones árabes son postmodernas. El pueblo no se ha sublevado en nombre de ningún dios, o en nombre de Marx o por ser árabes, se ha sublevado en nombre de los valores humanos universales.

En relación a Israel y Palestina y USA y la Unión Europea, ¿cuáles serán los cambios a largo plazo?

Es difícil prevenir los eventos políticos a nivel mundial, pero a día de hoy se puede discernir una clara tendencia: tras Ben-Ali y Mubarak, Túnez y Egipto tendrán políticas de asuntos exteriores mucho más independientes. Éstas dictaduras estaban directamente ligadas a los intereses de Estados Unidos y las políticas de Israel.

Después de la invasión israelí de Gaza y la decisión de Mubarak de mantener las fronteras con Egipto cerradas, incluso para la asistencia médica, escribí que Murabak estaba en el lado equivocado de la historia. La subordinación a la ocupación israelí y la política de asuntos extranjeros de USA son las maneras más eficaces para perder legitimidad a día de hoy, sin duda en Oriente Medio, Norte de África y Sudáfrica. Uno de los últimos sondeos de Zogby confirma que los ciudadanos árabes ven las políticas de Israel y USA sobre la religión como la principal razón de puesta en peligro de la paz regional, por lo que estar de acuerdo con sus políticas ilegitima a los políticos. Nadie defendió a Ben-Ali o Mubarak porque se les consideraba unos ‘vendidos’. Quizás sean las políticas más independientes de Bashir al-Assad las que mantienen al país unido a pesar de su brutal campaña contra los sirios.

En Irán, la unión entre las políticas exteriores del estado y el régimen de seguridad es incluso más fuerte. Los nuevos gobiernos en Túnez y Egipto han aprendido las lecciones y creo que mantendrán una relación más distanciada con Estados Unidos e Israel, lo que no significa que las revueltas vayan a crear estados antiamericanos ni que su independencia esté garantizada. Aunque las revueltas son vulnerables a interferencias del exterior, el tiempo de la dictadura de uno de estos hombres se ha acabado de una vez por todas. Eso nos beneficia a Europa puesto que compartimos el Mar Mediterráneo con el Norte de África y Oriente Medio, y porque nos puede autorizar a adoptar un diálogo entre sociedades civiles más que sólo entre estados. Ésta podría ser la receta perfecta para la empatía y la cultura del mutuo respeto y la paz.

¿Ve algún tipo de semejanza con los cambios de Europa del Este/URSS y América Latina?

Las doctrinas no violentas de Mohandas Ghandi inspiraron a la campaña Solidarnosc en Polonia y a la tesis de Vaclav Havel sobre el poder del ‘sinpoder’. Leo Tolstoy es un punto de referencia en la literatura de la insurrección no violenta. Che Guevara, Frantz Fanon, Jean-Paul Sastre, Herbert Marcase, etc fueron el resultado de la conciencia global que ahora madura convirtiéndose en una dialéctica entre poder y resistencia. ¿Quién se puede permitir en la actualidad a parte de los fascistas ser un ‘nativista’ unidimensional?

Las doctrinas no violentas de Monadas Ghandi inspiraron a la campaña Solidarnosc en Polonia y a la tésis de Vaclav Havel sobre el poder de ‘sinpoder’. Leo Tolstoy es un punto de referencia en la literatura de la insurrección no violenta. Che Guevara, Frantz Fanon, Jean-Paul Sastre, Herbert Marcase, etc fueron el resultado de la conciencia global que ahora madura convirtiéndose en una dialéctica entre poder y resistencia. ¿Quién se puede permitir en la actualidad a parte de los fascistas ser un ‘nativista’ unidimensional?

Además hay algo distintivo en estas revueltas y es el hecho de que emergieron de un contexto fuertemente globalizado e intercomunicado socialmente. Nuestro vecino está mucho más cercano, y compartimos nuevas interdependencias entre nuestros problemas y los suyos. Hemos visto la repercusión de la nueva dialéctica de las campañas globales contra el terrorismo. Nuestras interdependencias de seguridad con Oriente Medio se intensificaron durante el periodo colonial y se volvieron a avivar tras los fuertes focos de violencia en la Guerra del Golfo en 1990/1991. Las batallas ya no son fácilmente desmontables. Ahora tienen repercusión y alcance global.

¿Cree que existe alguna conexión con la crisis financiera mundial?

Sí, de hecho muchos manifestantes contra los recortes económicos en Atenas y Madrid dijeron que se habían inspirado en los eventos de Túnez y Egipto. Cuando los estudiantes y académicos del Reino Unido salieron a las calles en protesta por la triplicación de las matrículas, hubo manifestantes que alzaron banderas Egipcias y Palestinas. Cuando yo me uní a la protesta de marzo contra la fascista Liga por la Defensa Inglesa en mi ciudad natal, Cambridge, hubo gente que comentaba la actitud heroica de los estudiantes en capitales árabes, y de cómo su deseo de luchar por el futuro de las generaciones venideras es un verdadero ejemplo. La circulación global de bienes políticos no es nueva, pero la velocidad y la intensidad en la que ocurre es mayor.

Lo que provoca que la combinación abstracta de poder y resistencia tenga consecuencias reales en nuestra vida y nuestros problemas del día a día. El capital es global, las injusticias del mercado hipercapitalista son globales, por lo que la resistencia es también global. Donde haya poder, habrá resistencia en nuestro deseo de hacer retroceder al poder.

En Grecia y España, las medidas austeras son vistas como injustas. En Túnez y Egipto, el pueblo se manifestó contra injusticias políticas y económicas. Los motivos son los mismos. Todos reaccionamos de la misma manera a las injusticias, creando así una experiencia histórica común.

Por supuesto que, además, hay una fuerza contraria a esta noción del mundo cosmopolita. La globalización además puede ser violenta y el terror global. Desde los ataques en Noruega, existe una nueva forma de neofascismo igual de nihilista que Al-Qaeda. El racismo hacía el mundo islámico y el latente antisemitismo unen estos dos movimientos.

En el manifiesto de Breivik, el político holandés Geert Wilders es considerado un héroe y la Liga por la Defensa Inglesa (EDL) es también ensalzada. El EDL intentó atraer al orador americano que quiso quemar los libros de El Coran en la puerta de su iglesia durante una celebración religiosa. Ello muestra que el neofascismo igualmente es global.

(Traducido por: Alberto Gomez – Email: a.gomez@my.westminster.ac.uk)

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