Globo, Mundo

Túnez: una revolución postmoderna (1)

Es un país en la costa sur del Mediterráneo que ha sido un popular destino turístico durante muchos años gracias a su relativa estabilidad.

Graham Douglas

Sin embargo, el resentimiento ha ido en aumento entre los tunecinos normales y corrientes porque su pobreza generalizada contrasta con la vida de la corrupta y antidemocrática élite que ha gobernado el país.

Los disturbios en Londres, las protestas en Atenas y Madrid, la revolución en Túnez y El Cairo: en ambos lados del Mediterráneo la demanda de justicia social se ha agravado por la crisis económica pero en el lado africano los dictadores también  tenían que ser derrocados.

Aquí The Prisma habla con Arshin Adib-Moghaddam en la tercera parte de nuestras series de entrevistas a activistas de países árabes.

Su opinión es que la rebelión actual es el fin del proceso de descolonización y continúa hablando sobre el carácter universal y postmoderno de las revueltas árabes, el papel del Islam y el de los nuevos medios.

Arshin da conferencias sobre Política y Estudios Internacionales en la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de Londres. Su último libro es A Metahistory of the Clash of Civilizations (Una metahistoria del Choque de Civilizaciones) (London: Hurst).

De padres iraníes, Arshin nació en Estambul, fue educado en Hamburgo y ha escrito extensamente sobre la relación entre Irán, los países árabes y el oeste.

¿Cómo ha llevado la historia de Túnez a este cambio?

Túnez se convirtió en un ‘protectorado francés’ en 1881 tras un tratado que sancionaba la ocupación francesa por tiempo indefinido. Como en Argelia, la violencia colonialista fue contrarrestada con movimientos de resistencia que estaban influenciados por la ideología nacionalista y la imaginería islámica. La resistencia no podía permitirse el lujo de la democracia y los derechos humanos mientras que los tunecinos eran tratados como ciudadanos de segunda clase. El poder colonial engendra la violencia.

A principios del siglo XX, la resistencia tunecina se institucionalizó con el Destour (Constitución) – y en la década de los treinta –  el Neo-Destour, partido liderado por Habib Bourguiba.

Bourguiba era un gradualita que quería negociar su camino hacia la independencia de Túnez. Finalmente el factor decisivo fue el material cada vez mayor y el costo político de los franceses del mantenimiento de las colonias en el norte de África. La intensa resistencia en Argelia se elogia muy bien en la película La batalla de Argel. El reciente libro Bering te Veril (Quema el velo) de Niel Mamaste describe la opresión sistemática, incluidas las campañas de violación y otros abusos sexuales similares a las ‘tácticas’ en Irak y Afganistán en la ‘guerra contra el terror’. Pero la opresión ha fallado y Túnez logró su independencia en 1956 y Argelia en 1962.

Desde la caída reciente de Ben Al durante la revuelta de Túnez, los tunecinos están escribiendo su propio guión y además estamos asistiendo a un acontecimiento verdaderamente histórico: el final de los residuos del post-colonialismo.

¿Cuáles son las mayores quejas de la gente de Túnez?

Mohammed Bouazizi es el héroe trágico de esta rebelión. Al prenderse fuego materializó las quejas de las masas de Túnez. Su muerte fue un comienzo, simbolizando la opresión de un sistema que ha traicionado al pueblo y sirvió a una pequeña élite alrededor de Ben-Ali. Su respuesta a la humillación diaria de las autoridades, resume el espíritu verdadero de la revuelta árabe.

Tienen que ver con la justicia social, dignidad humana y el otorgamiento de poder democrático: los valores universales que relacionan al activista A en la plaza Syntagma de Atenas al activista B en la plaza Tahrir de El Cairo. Hoy en día, estas aspiraciones y las luchas que provocan son globales, pero con un condicionamiento cultural local. El Islam tiene mucho que decir sobre la justicia social, de la misma manera que la teología de la liberación cristiana se convirtió en un vehículo para un sistema normativo en algunas partes de Centroamérica y Sudamérica.

¿No sólo pobreza?

Las revueltas árabes no pueden ser reducidas a cuestiones de ‘pan y mantequilla’. También son idealistas y tal vez utópicas al imaginar un orden ideal por el que la sociedad debe luchar. Túnez ha tenido mucho éxito hasta ahora. Egipto está de camino. Arabia Saudí impidió movimientos similares en los países del Golfo al  enviar tropas para aplastar el movimiento pro-democracia en Bahrein. Los iraníes están haciendo pequeños ajustes a su revolución de singular importancia. Y Siria y Libia están involucrados en el conflicto civil, en este último caso bombardeados por la OTAN. Así que el panorama es complejo, pero en Egipto y Túnez no veo la manera de volver a los malos viejos tiempos del estado dependiente de la policía de las donaciones del ‘oeste’. Las elecciones están programadas y la gente sigue demostrando cada vez que el proceso se ralentiza, como pasa hoy en Egipto. Básicamente, la gente no tiene más miedo.

Hay informes de Israel que dicen que diez mil personas están gritando ‘Mubarak, Assad, Bibi Netanyahu’  para exigir la renuncia del conciliábulo de extrema derecha de Netanyahu. Así que incluso en Israel hay cambio. La gente se da cuenta de que la seguridad está intensamente interconectada con el orden globalizado de hoy. Las guerras contra el terrorismo han llevado a una ola mundial de terrorismo internacional. Ahora hay un ‘retroceso democrático’ desde Túnez a Grecia, y Egipto a España. Una nueva conciencia global está surgiendo, una nueva política de resistencia cosmopolita. Por lo tanto, soy prudentemente optimista, incluso por Palestina.

¿Cuán importante es el Islam como fuerza política en Túnez?

Un Islam post-moderno y en gran parte no-ideológico está surgiendo y podría funcionar como un punto de referencia secular, y creo que va a ser una parte de la mezcla de política, no sólo en Túnez y Egipto, sino en otras partes del mundo árabe-musulmán. Recuerde que Mubarak y Ben-Ali, como Saddam Hussein en Iral establecieron dictaduras mayormente seculares. Aquí veo unos cuantos paralelismos con lo ocurrido en irán en la década de los setenta cuando el Islam surgió como un potente contra-discurso del régimen del sha pro-occidental. El Islam se convirtió en un vehículo de protesta, porque sus normas, símbolos e imaginería pueden ser fácilmente ideologizada para funcionar como un programa revolucionario. En Túnez, no hay tal Islam ideológico que es revolucionario, sino que hay un Islam que está políticamente activado. Al-Nahda, está fuertemente influenciado por las teorías de Rachid Ghannouchi que recientemente regresó a Túnez del exilio en Londres, y preside el funcionamiento de las instituciones que ayudarán a la posición del partido al frente de los acontecimientos políticos en Túnez. He llamado a este tipo de política islámica ‘Avicennian’ en mi libro A Metahistory of the Clash of Civilizations, que traza la trayectoria del pensamiento político islámico. ‘Avicennian Islam’ está diametralmente opuesto a la orden totalitaria que los tipos de movimientos de Al-Qaeda prevén.

¿Cuán importantes son Facebook y Al Jazeera?

Facebook es un gran negocio y Al Jazeera está orientada al capital internacional a través de la monarquía Al-Thani de Qatar. Pero eso no quiere decir que son totalmente unidimensionales. Facebook y Twitter son de gran ayuda en las protestas políticas que sirven para comunicarse al instante y más allá de la censura estatal. Pero también distorsionan haciendo que eventos singulares parezcan ser más significativos de lo que realmente son. Las revueltas árabes no eran ciertamente ‘revoluciones twitter’ como los medios de comunicación describieron. Durante las protestas más grandes en El Cairo, en todo el país casi todo internet estaba cortado por el estado.

En cuanto a Al Jazeera: tiene un papel importante en la mezcla de medios de comunicación internacionales. Llevó a pique el monopolio de los medios de comunicación occidentales de ‘Medio Oriente’, un término peligrosamente eurocéntrico. Al Jazeera altera la perspectiva, por lo que con seguridad nos podemos referir ahora a la zona como Asia Occidental. Incluso la TV Press iraní tiene un efecto similar, ya que proporciona un espacio para escuchar a voces alternativas. Considero una buena cosa esta autonomización del panorama de los medios, siempre y cuando el eurocentrismo no sea sustituido por la cultura árabe-o iraní-centrismo. Todos podemos leer entre líneas, y cuantas más líneas tenemos, más podemos leer entre ellas.

(Siguiente edición: segunda parte)

(Traducido por Carmen España López – Email: carmeneslo@yahoo.es)

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