Cultura, Movimiento, Plástica, Politika

Craftivismo, arte con actitud

Las manualidades recuperan el valor de tiempos pasados para muchos activistas que buscan una manera más creativa, personal y eficaz para luchar por las causas sociales.

 

Ane Bores

 

Desde el principio de los tiempos, el afán de superación siempre ha sido una de las características más relevantes del ser humano. Los movimientos sociales, precisamente, han sido un claro reflejo de ese inconformismo, de ese deseo por construir un mundo mejor en el que vivir, dejando atrás las prácticas que tan sólo han supuesto un obstáculo más en ese ansiado progreso.

Hoy, en pleno siglo XXI, esa lucha aún continúa, aunque nuestras armas se han vuelto mucho más sofisticadas. La violencia, que tantas muertes y dolores de cabeza ha traído, se ha echado a un lado para dejar paso a vías más creativas y originales, como es el caso del craftivismo.

Y es que, a pesar de la tendencia de asociar las manualidades con los trabajos escolares o con las labores del hogar, son muchos los activistas que han decidido convertir este tipo de creaciones en vehículo de sus protestas. Así, en un simple trozo de tela cosen a punto sus lemas, mensajes y reivindicaciones, ya que para los craftivistas es una manera de que su voz suene mucho más fuerte.

Craft + activism

El término craftivismo (craftivism en inglés) fue acuñado por la escritora Betsy Greer en el año 2003 para denominar a un nuevo y revolucionario activismo que utilizaría el arte como herramienta de protesta.

Author: Henrik Ström https://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.0/
Author: Henrik Ström
https://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.0/

Hoy en día, se centra especialmente en la práctica de manualidades como el punto, ya que permiten la construcción y la difusión de mensajes de una manera mucho más sencilla, original y eficaz.

Incorporan además elementos anticapitalistas, ecologistas o feministas de la tercera ola, ya que su verdadera finalidad sigue siendo la misma: hacer de este mundo un lugar mejor en el que vivir, comprometiéndose con las causas políticas y sociales.

Además, tal y como señalo la propia Betsy Greer en la Enciclopedia del Activismo y de la Justicia Social del 2007, el craftivismo es mucho más que una vía de hacer arte: “Es una manera de ver la vida. Expresar opiniones a través de la creatividad hace que tu voz sea más fuerte, tu compasión más profunda y tu búsqueda de la justicia más infinita”.

Creatividad al poder

A diferencia de otro tipo de activismos en el que la unión de muchos hace la fuerza, el craftivismo lucha por el cambio positivo de una manera mucho más personalizada, ya que encuentra en las habilidades particulares de cada uno y en su energía creativa el verdadero poder.

Tal y como explica la periodista Camila Larsen Esveile en el artículo ‘Activismo de punto’, se trata de redescubrir que cada objeto hecho a mano posee un valor cultural y social determinado, que la llegada del capitalismo en la era moderna les arrebató. Antes de la revolución industrial, las habilidades artesanales estaban muy demandadas en la sociedad.

Normalmente eran las propias mujeres las encargadas de coser ropa para vestir a los miembros de la familia, pero existían también un sinfín de oficios especializados (zapateros, sastres, ceramistas y cuchilleros, entre otros), ya que cada uno de ellos se ganaba la vida explotando sus mejores cualidades y trabajando en lo que mejor sabía hacer. Sin embargo, esta mentalidad cambió por completo con la llegada de la era industrial, ya que a medida que la producción se masificó, los precios inigualables de las grandes industrias fueron ganando terreno.

El materialismo y el consumismo crecieron como la espuma, mientras los artesanos comprobaban ante sus ojos como el negocio de toda una vida se desmoronaba completamente. Por todo ello, los craftivistas han encontrado en el comienzo de este nuevo siglo el momento perfecto para rescatar ese espíritu creativo que ya se creía perdido. Porque en la lucha por un mundo más justo para todos, de nada sirven los grandes números si cada uno de nosotros no es capaz de dar lo mejor de si mismo.

Feminismo y ecologismo

Sin duda alguna, el craftivismo guarda una relación muy estrecha con el conocido como feminismo de tercera ola.

Se trata de un movimiento que reivindica el tejido, la costura, la artesanía y otras muchas actividades tradicionalmente feminizadas y asociadas a la esfera privada. Así, busca legitimar la importancia de unas manualidades que han sido infravaloradas, y darle así a la mujer la oportunidad de expresarse a través del arte.

Y es que, tradicionalmente, estas tareas creativas no han recibido el mismo trato ni el respeto de las actividades llevadas a cabo por los hombres en el ámbito público. El patriarcalismo, de hecho, se ha justificado excesivamente en estos valores domésticos para mantener a la mujer en roles subordinados.

Los craftivistas también son ecologistas en cierta manera, ya que intentan utilizar materiales orgánicos que no contaminen el planeta y que fomenten su sostenibilidad.

Además, abogan por el reciclaje con el fin de minimizar los residuos y promover su reutilización. Y es que, según las palabras de Betsy Greer, “la artesanía esta hecha para personas que valoran tanto su tiempo como su dinero”.

Lucha por la paz

El craftivismo es una gran arma de lucha contra las injusticias sociales, pero también una clara condena de las prácticas violentas y de las guerras que tanta sangre derraman por el mundo.

Es el caso de Jorgensen Marianne, una artista danesa que en el año 2006 colocó una gran manta rosa sobre un tanque de combate para protestar contra la guerra de Irak. Y es que, tal y como la artista explica en su página web, “cuando un tanque es cubierto de rosa, se desarma completamente y pierde su autoridad”. El canadiense Bab Hunt también ha intenta abordar esta lucha tejiendo minas terrestres y bombas de lana.

En acción

La artista Cat Mazza fundó el proyecto ‘microRevolt’ en el año 2003 con la intención de investigar el nacimiento de los talleres de trabajo precarios en la era industrial capitalista.

Empezó así a tejer prendas de vestir con el logo de algunas de las firmas más conocidas en el mercado, como Nike o The Gap, y dar la voz de alarma así sobre la gran diferencia entre el estilo de vida que inspiran ciertos logos y la precarización del trabajo que se da en sus fábricas.

De este modo, con la colaboración de tejedores de todo el ámbito internacional, la artista tejió una manta de 4 metros con el logo de Nike. En cada cuadrado tejido incluyo una firma a favor de unas condiciones de trabajo más justas.

Pero éste no es el único, ya que proyectos como el de Knitta o Stitch for Senate también encuentran en su arte una forma de protesta y de reivindicación. Knitta suele optar por envolver objetos callejeros como postes, antenas o manillas con trozos de tela, para así unir las manualidades con el arte callejero.

Stich for Senate, en cambio, suele enviar pasamontañas tejidos a mano a los senadores estadounidenses, con el objetivo de que retiren definitivamente a los soldados enviados a la Guerra de Irak.

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