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La saga de Wikileaks (III): Ecuador y los ‘leaks’

Con la presente entrega, finaliza esta serie de tres, sobre uno de los fenómenos mas importantes de los últimos tiempos, y que deja en claro la necesidad de su existencia, y los intereses ocultos de quienes no quieren su existencia.


President Rafael Correa

Fidel Narvaez



En Ecuador el efecto Wikileaks ha sido significativo y ha tenido resonancia mundial pese a que los cables enviados desde Ecuador aún no han revelado secretos extraordinarios.

De los más de 250.000 documentos filtrados, elaborados en más de un centenar de países, 1.392 cables tienen su origen en Quito.

Gran parte de los informes y reportes oficiales llevan la firma de responsabilidad de las diferentes embajadoras asignadas para Ecuador entre el 2004 y el 2009, periodo correspondiente a la totalidad de las filtraciones.

Tres eventos trascendentales marcan las primeras repercusiones de Wikileaks en Ecuador: 1. Que a raíz de la publicación de un cable filtrado, considerado de contenido ofensivo por el Ecuador, se declarara a la Embajadora Norteamericana como persona “non grata” en el país, 2. Que el Vice-canciller ecuatoriano declarara públicamente bienvenido a Julian Assange en Ecuador y, 3. Que la Cancillería ecuatoriana planteara la posibilidad de llegar a un acuerdo con Wikileaks para hacer de libre acceso público toda la información referente a Ecuador.

En cuanto a lo primero, es necesario anotar que la primera publicación importante de cables sobre el Ecuador fue hecha por el diario El País de España, el cual, junto con otros diarios europeos y el New York Times, formaba parte del acuerdo inicial con Wikileaks para el procesamiento y publicación de los materiales filtrados.

Fue así como el 4 de abril del 2011, El País informó el contenido del cable ID 216141, fechado el 10 de julio del 2009, en el que aparece la propuesta de la Embajada de revocar la visa estadounidense a quien fuera el máximo jefe de la Policía entre abril de 2008 y julio de 2009.

La embajadora expone una extensa serie de prácticas corruptas a lo largo de la carrera policial del oficial en cuestión y las consecuencias que esto traería para la cooperación con los EE.UU. Al respecto afirma que:

Sus actividades corruptas han sido tan ampliamente conocidas en los rangos más altos de la policía nacional, que algunos oficiales de la embajada creen que el Presidente Correa debía estar al tanto de ellas cuando le dio su nombramiento [como jefe de policía]. Estos observadores piensan que el Presidente habría querido tener a un jefe de policía fácilmente manipulable.

Lo que se manifiesta en este cable es ciertamente de extrema seriedad, pese a lo cual el análisis mediático realizado por El País se centró exclusivamente en el examen de la veracidad de los comentarios, omitiendo el análisis sobre las repercusiones de la información que Wikileaks ponía sobre la mesa, particularmente, sobre lo que implica el que una representante diplomática de un país amigo se refiera a un Presidente como tolerante con la corrupción, y, el que una embajada de otro país maneje información tan detallada sobre las actividades -ilegales o no- del personal de la fuerza pública del país receptor.

Esto evidencia que las relaciones, directas y discrecionales, con instituciones y personal de la policía, se mantenían hasta ese momento a pesar de que en febrero de 2007 dos funcionarios de los EEUU habían sido expulsados del Ecuador, justamente porque el gobierno ecuatoriano consideró intolerable los acuerdos al margen del poder civil entre la policía ecuatoriana y los EE.UU, así como los chantajes – resultado de ellos – con que se pretendía condicionar la “cooperación técnica” estadounidense.

Así mismo, poco se reflexionó en el ámbito mediático sobre el que la Embajada estadounidense conociera de tiempo atrás tan serias anormalidades, no hubiera alertado a las autoridades del país de acogida y, esperara tres días a que el funcionario cuestionado dejara su cargo oficial para proceder a retirarle su visa.

La Cancillería ecuatoriana pidió explicaciones a la Embajada norteamericana, pero ante la elocuente respuesta de “no comments”, con dignidad y firmeza el 6 de abril de 2011 pidió la salida de la embajadora acreditada en el Ecuador. Un acontecimiento que se originó con Wikileaks y que envió un mensaje al mundo de que el Ecuador vive un momento y un manejo político distinto al de años pasados.

Casa adentro, sin embargo, como era de esperarse, las críticas mediáticas no estuvieron dirigidas a los irrespetuosos, sino a los que se hacen respetar. Viene bien para el evento citar el editorial que publicó el diario The Guardian acerca de las implicaciones de Wikileaks: “Antes de que los funcionarios del gobierno estadounidense apunten con su dedo acusador a otros, primeramente deberían tener la humildad de reflexionar sobre su propio papel en andar regando comentarios en la intranet global.”

A partir de la medida recíproca por parte de los EE.UU (la expulsión del Embajador ecuatoriano en Whashington), en Ecuador se vaticinaron toda clase de malos sucesos. Los analistas pronosticaron una baja en el intercambio comercial entre los dos países, la no renovación de las preferencias arancelarias ATPDA y como consecuencia el aumento del desempleo, la desprotección de los migrantes ecuatorianos en EE.UU y la no designación de embajadores por un largo período, entre otras.

Sin embargo, solo cinco meses después, ya se habían nombrado los nuevos embajadores, las exportaciones ecuatorianas habían crecido, el desempleo era el más bajo en décadas y mostraba un descenso, aún antes de la ratificación de las ATPDA.

El segundo hecho significativo fue la declaración del Vicecanciller de la República a un medio de comunicación, en la que se afirmó la bienvenida al Ecuador de Julian Assange, editor en jefe de Wikileaks, si así lo solicitase.

El diplomático ecuatoriano hacía referencia a la importancia de la labor periodística de Assange y a la posibilidad de que pudiera dar a conocer todo el material filtrado relacionado con el Ecuador. Esta declaración dio la vuelta al mundo justamente por el contexto de condena y persecución política por parte del establishment de los EE.UU., y de sus aliados en Occidente, en contra de Wikileaks y de Assange en particular.

Gracias a Wikileaks la figura de Julian Assange se convirtió en un ícono del activismo contestatario al que se le reconoce haber expuesto, como nadie lo ha hecho antes, la más asombrosa muestra de abuso de poder militar, económico y político.

Su trabajo le ha permitido una nominación al Premio Nobel de la Paz, así como la designación de hombre del año a cargo de los lectores de la revista TIMES.

De igual forma, tiene la solidaridad de una enorme lista de personalidades como Lula da Silva, Noham Chomsky, Slavoj Žižek, Michael Moore, John  Pilger y Ken Loach, entre tantos otros, quienes entienden que la detención domiciliaria, así como las represalias en contra de Wikileaks – que van desde censura gubernamental y cancelación de servicios bancarios hasta ataques informáticos, todo lo cual ha sido condenado por la comisionada para los derechos humanos de la ONU -, tienen un trasfondo eminentemente político.

En el tema Wikileaks Ecuador marcó otro precedente a nivel internacional, a través de su Cancillería, al ser el único país en realizar un acuerdo con esta organización para que la información relacionada esté disponible y, cualquier persona pueda tener libre acceso a ella.

El gobierno ecuatoriano tomó una iniciativa diplomática cuyo exitoso resultado demuestra la absoluta transparencia con la que el Ecuador abordó un tema que ha sido tratado con recelo que en otros países.

Ahora bien, algo que se debe recordar es que Wikileaks normalmente recurre a los medios de comunicación escritos de mayor tiraje en cada país para la publicación de los cables.

Escogió esta modalidad básicamente porque el volumen de información resulta inmanejable para una sola organización, sobre todo si antes de la publicación se requiere ‘redactar’ el contenido, es decir, proteger los nombres de las personas que pudieran estar en riesgo como resultado de información sensible, de acuerdo al contexto interno y las especificidades de cada país, y, también porque resulta necesario seleccionar la información de mayor relevancia, con el fin de publicarla paulatinamente de acuerdo a las prioridades del contexto local, puesto que hacerlo con la totalidad del material en una sola entrega haría que el impacto individual de cada documento perdiera peso.

El 2 de mayo de 2011, a escasos días de un referéndum y consulta popular en Ecuador, Wikileaks, a pedido de la Cancillería, procedió a colgar todos los cables “desclasificados” relacionados con el país, reservándose la publicación de los cables con categoría de “confidencial” y de “secreto”. Así lo dejó claro en un comunicado que luego fuera, sin embargo, tergiversado por la prensa local en Ecuador:

Varias organizaciones han sostenido que nosotros deberíamos acelerar la posibilidad de que esos documentos puedan estar disponibles para el público, debido a la importancia de la consulta popular (el 7 de mayo pasado). Nosotros estamos de acuerdo en que este es un importante momento político y que la gente de Ecuador debería tener tanta información como sea posible para ello. Consecuentemente hemos publicado todos los documentos con estatus de ‘desclasificados’ en nuestro poder (en nuestro sitio web), sin ninguna excepción.

De esa manera se logró evitar que la información que originalmente estaba en manos de dos medios de comunicación locales (a los cuales Wikileaks originalmente había encargado su análisis y publicación) fuera manejada de manera discrecional, seleccionando a conveniencia cuáles cables publicar y en qué momento hacerlo. Así, la Cancillería brindaba la mayor transparencia posible, al permitir el acceso ciudadano sin restricciones a un material que es de interés histórico-político para el país entero.

Actualmente, todos los cables sobre el Ecuador se encuentran disponibles en la página web de Wikileaks.

Para despecho de unos y tranquilidad de otros, no habría que esperar mayores sorpresas de los cables de Wikileaks con origen en Quito. La pregunta que surge entonces es: ¿Cuál es la relevancia de Wikileaks si nos está contado lo que ya sabíamos de todas maneras?

El filósofo de izquierdas Slavoj Žižek, afirma que: “[…] el sistema nos determina incluso cómo está permitido “violar” las reglas, siempre dentro del mismo sistema. Wikileaks ha cambiado las meras reglas, de cómo “violar” las reglas, y por eso es un desafío en sí para el sistema”. Según el pensador esloveno, a pesar de que no nos hemos enterado de nada nuevo, Wikileaks nos proporciona una sensación diferente. En un símil cargado de ironía, muy a su estilo, Žižek describe el efecto Wikileaks:

No es lo mismo cuando un marido sabe que su mujer le es infiel, él sabe que es así y vive incómodo con la situación.

Otra cosa muy diferente es cuando alguien le trae un video muy crudo de su mujer en pleno acto íntimo con uno de sus amantes. La información no es nueva, el sentir es sin embargo muy diferente.

Las escenas de helicópteros acribillando a civiles desarmados cuando se están rindiendo frente a un inminente ataque, o a simples transeúntes que por desgracia pasaban por el lugar, cual si fueran escenas de ficción de Hollywood, ciertamente traen una sensación diferente.

Como la traen las historias de miles de víctimas civiles, registradas en los documentos secretos de la guerra, pero que jamás aparecieron reportadas ni en la prensa, ni en las estadísticas “oficiales”, ni siquiera como número agregado, menos aún como individuos. La sensación es diferente porque ahora son los mismos perpetradores quienes se delatan y nos dejan ver, al desnudo, lo que ya sabíamos de antemano.

La postura del Ecuador y su Cancillería frente a lo que revelan los Wikileaks, confluyó en una corriente mundial de la sociedad civil que demanda transparencia total desde el poder, y ha sido coherente con una política exterior que ya no concibe a un Presidente, o a un Canciller, consultando a una embajadora extranjera sobre decisiones en su propio país. Por fin una postura soberana que ha sido solo posible, desde una nueva diplomacia ciudadana.

La saga de Wikileaks (I): ¿Por qué es necesario?

La saga de Wikileaks (II): el desafío al poder hegemónico


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