En Foco, Opinión

A nadie le gusta esta SOPA

Una regulación que protegería los intereses económicos de las grandes corporaciones pone en riesgo los  derechos civiles. Nuevamente la privacidad será violada y ser considerado ‘criminal’ no requerirá de mucho esfuerzo.


Cesar Amaya Sandino

Asistimos hoy a una guerra que se libra en un campo de batalla poco convencional: la red, el Internet… Tan poco convencional como las mismas formas de resistencia empleadas por algunos grupos sociales que operan en la misma.

Las primeras víctimas de esa guerra yacen ya sobre la arena y una de ellas es el multimillonario Kim Dotcom, creador de Megaupload, uno de los portales más populares para compartir archivos por internet, principalmente de música y de películas.

Dotcom fue arrestado bajo la acusación de piratería vía Internet y lavado de dinero. Su página fue cerrada y su futuro es incierto.

Ante el cierre de Megaupload por el FBI, la reacción de la conocida red de “Hacktivistas” Anonymous y Lulzsec no se hizo esperar: bloquearon el acceso al portal de la agencia de seguridad solo un día después de la operación. Su reacción tenía su lógica ya que Anonymous y Lulzsec defienden la libertad de expresión y de información en la red, y apoyan iniciativas como Wikileaks, a la que han defendido férreamente.

Lo cierto es que el caso Dotcom permitió que un tema que no había sido de mucha difusión, empezara a cubrir todas las portadas: el proyecto de ley Stop Online  Piracy Act, más conocido como “SOPA” por sus siglas en inglés.

Se  trata de un proyecto que hasta hace unas semanas cursaba en el congreso norteamericano y al cual la mayor parte de los internautas, servidores y proveedores de internet se oponen rotundamente.

¿Qué es “SOPA”?

Dicen sus promotores que sus intenciones ‘son buenas”, ya que se trata de una ley destinada a proteger, casi a nivel global, todas las creaciones que tengan derechos de autor, y está dirigida, principalmente, a las industrias del arte, cultura y entretenimiento. Sin embargo, alcanza también a otro tipo de industrias como la farmacéutica.

Los promotores del proyecto –  dentro de los que se encuentran dos de las más grandes industrias del entretenimiento: la Recording Industry Association of America, RIAA, y Motion Picture Association of America, MPAA –  argumentan que SOPA permitirá mantener la calidad de la producción y los servicios, pero que también los mejorará.

Tal nivel de protección se logra – según lo contempla la ley – mediante un complejo sistema de vigilancia constante a toda la información y datos que fluyen por la red. Por ende, ello implica vigilancia a toda la red de amigos y familiares de una persona, y de herramientas ‘diarias’ como el email, el chat y las redes sociales.

No contento con ello, el proyecto contempla la creación de un organismo de regulación constante con plenos poderes para modificar la ley en cualquier momento. Un organismo, desde luego,  libre del control por parte de instituciones del Estado.

Una de las principales críticas reposa en que esta ley (y la de Counterfeiting Trade Agreement, ACTA, En europa) pretende ser de carácter universal y democrática, pero ha sido promovida  por lobbies políticos y por grupos de presión con intereses corporativos que no representan los intereses y los deseos de la población, de la sociedad.

La verdad es que dichos proyectos de ley  no han pasado por los canales institucionales y  democráticos que aseguren un mayor acuerdo y legitimidad social. Por el contrario, se han negociado de forma excluyente y a puerta cerrada.

Estos hechos, así como el carácter de SOPA, ponen en peligro valores claves como la libertad de expresión, pues se recortan los derechos y las libertades civiles para favorecer la censura.

Por un lado porque el proyecto estipula formas de justicia alternativas a un Juicio, como una manera de tener vías más rápidas para aplicar ley. Y por otro lado, permite la injerencia de actores policiales privados ajenos al control democrático del Estado.

Sin privacidad y con miedo

Con SOPA nada será privado. Y lo peor, será riesgoso, pues actos sencillos como compartir un enlace podrán constituir un delito, en caso de que la información compartida tuviera derechos de autor. El que compartiera ese enlace podría ser acusado de “piratería” y enviado a prisión y ser instado a pagar multas multimillonarias.

Ante semejante perspectiva lo más seguro es que los servidores se vean obligados a establecer mecanismos de autocensura para evitar ser bloqueados por organismos de control. Y ello hará, por tanto, que incrementen los costos del servicio, minimizando la amplitud de este último.

Lo cierto es que herramientas que se han convertido en indispensables, pasarán a ser controladas o  “censuradas”. En un escenario como este, portales como Google, Youtube, Facebook y Twitter entre otros, comenzarían su carrera hacia un futuro incierto. Esto es porque su existencia se basa, fundamentalmente, en compartir archivos entre usuarios contactos de forma gratuita.

Por su parte esos ‘usuarios y contactos’ serian fácilmente criminalizados por el hecho de compartir de forma gratuita un archivo en Internet.

Este último caso es uno de los que radicaliza más la lucha de los opositores a SOPA pues afirman que compartir un archivo de forma gratuita no tiene nada que ver con la piratería, la cual es definida como la “imitación fraudulenta de un producto original con derechos de autor”.

En efecto, al compartir un archivo en internet lo que se crea es una copia idéntica al original, por lo cual no se está efectuando “una fraudulenta imitación” ni se está robando una idea o una creación. Simplemente se está compartiendo. Claro, otra cosa es que una persona intente lucrarse o sacar cualquier beneficio económico de esta actividad.

Lo cierto es que el acto de compartir archivos de forma gratuita en internet, parece estar llegando a su fin. Algo que no pasará sólo en las redes de los servidores alojados en Estados Unidos, sino a los de todo el mundo.

Ello es porque hay que añadir el equivalente europeo a la ley SOPA: el proyecto de ley Anti Counterfeiting Trade Agreement, ACTA, que se halla en negociaciones y cuya esencia y propósito es el mismo de SOPA.

Ambos conformarían un sistema totalitario de vigilancia global de los datos e información en internet.

Última hora

Actualmente el proyecto SOPA se encuentra paralizado, a pesar de que parecía inminente que fuera a tener una votación definitiva en el congreso de los Estados Unidos el 24 de enero.

La fuerte reacción del público y las críticas llovidas de diferentes partes, lograron detener el curso de SOPA.

Hoy se ha abierto un espacio para debatir sobre una de las disposiciones del proyecto de ley, que habla de exigirles  a los proveedores de Internet que bloqueen las páginas  y portales de los infractores.

Por otro lado, Google ha anunciado cambios en los términos y condicione de uso, que entraran en a regir el 1 de marzo. Por un lado advierte que aunará los perfiles de búsqueda y preferencias expresadas por los usuarios en Google plus, Gmail y Youtube para así “optimizar” sus servicios.

Desde luego que esto sólo es posible mediante el almacenamiento de información privada que, al final,  terminará clasificando a los usuarios de Internet. Y es precisamente ese tipo de ‘cambios’ lo que ha generado incomodidad en los usuarios.

Otro punto de vista

Entre los críticos no sólo existen argumentos enfrentados. También hay coincidencias o actitudes más propositivas, que incluso provienen de los propios artistas, de los autores y creadores que ‘son o pueden ser plagiado, robados, copiados’.

De hecho ya están hablando de innovar, de crear nuevos modelos de negocio y servicios en internet que abrirían un campo de posibilidades más ingenioso y, quizás, productivo.

Un campo donde tanto usuarios como las industrias del entretenimiento podrían salir ganando con las nuevas tecnologías han revolucionado a la sociedad y a la economía.

El único problema será es que el usuario común, el que quiere difundir y compartir a pequeña o gran escala, es el que está en desventaja: con miedo, con riesgos y sin privacidad alguna.

Sí, la guerra se libra en un campo de batalla donde la pelea por lograr dominar la red, sólo tiene como grandes afectados a los usuarios.

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