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Brasil, ¿realmente el país del futuro?

Hace setenta años, el escritor austríaco Stefan Zweig describió a Brasil, su patria adoptada, como “el país del futuro”, y dijo que estaba “indudablemente destinado a jugar uno de los papeles más importantes en el desarrollo futuro de nuestro mundo”. Ha llevado varias décadas para que esta profecía parezca remotamente posible. Mientras que muchas de las economías mundiales se estancan y achican, la economía brasilera está floreciendo.


Graham Vincent


Después de haber crecido un 7,5% en el 2010, Brasil remplazó al Reino Unido y se convirtió en la sexta economía mundial más grande, de acuerdo al Centro de Investigaciones Económicas y de Negocios (CEBR por sus siglas en inglés).

Y a pesar de que el crecimiento se haya desacelerado un 3,5% el año pasado, el CEBR predice que la cuarta democracia más grande del mundo se estabilizará y permanecerá de esa manera hasta después del 2020.

Brasil es un país joven. Su constitución entró en efecto en 1998 después de que un régimen militar represivo haya sido derrocado tres años antes. Pero su potencial es enorme.

Es miembro del grupo de las economías emergentes llamado BRIC junto a Rusia, India, y China, que son vistos como íconos simbólicos de la transformación de la economía global en el siglo XXI. De los países en desarrollo, solo China recibe una inversión extranjera más directa.

Una parte del crecimiento de Brasil se puede explicar como pura suerte, como por ejemplo haber sido bendecidos con vastas y extensas tierras fértiles y abundantes fuentes de minerales, agua y otros recursos.

Otras circunstancias que están fuera de su control también han jugado un rol, como por ejemplo la aparición de China como  el mercado de crecimiento más rápido para las exportaciones brasileras.

A menudo se atribuye su prominencia actual como una economía mundial principal al descubrimiento de las abundantes reservas petrolíferas en el océano atlántico. Todavía no se sabe la verdadera vastedad de las reservas, sin embargo el quinto país más grande del mundo ya es autosuficiente con respecto al petróleo, lo que significa que el poder de exportación del descubrimiento es enorme.

Se estima que los yacimientos petrolíferos frente a la costa del estado de Río de Janeiro poseen más de 50 mil millones de barriles de petróleo, sin embargo están enterrados a unos 7 Km por debajo del piso oceánico y debajo de una gruesa capa de sal.

El increíble ascenso de China como superpotencia mundial también ha contribuido al ascenso de Brasil. La China ha invertido 10 mil millones de dólares en Petrobras, el gigante público de energía , y ha recibido a cambio desde 150.000 a 200.000 barriles de petróleo diarios por 10 años (casi una pequeña marca en las ya confirmadas reservas brasileras de 14 mil millones de barriles).

Brasil es un gran productor y exportador de productos manufacturados, comestibles y materias primas. El aumento de los precios mundiales de las materias primas ha tenido un gran impacto en el valor de la producción agricultora y minera brasilera. La china se ha convertido en un mercado clave para las exportaciones brasileras, convirtiéndose en su principal socio comercial.

El repunte en la economía también ha llevado a un evidente incremento de la construcción en Brasil. Gracias a el proyecto “Mi casa, mi vida”  lanzado por el gobierno que cuesta miles de millones de dólares, se construirán  un millón de viviendas más económicas en distintas partes del país, lo que le permitirá a la gente comprar sus propias casas. A su vez, esto produce fuentes de trabajo. En 2011, Brasil tenía la tasa de empleo más alta de Sudamérica: 94,2% de una población de 200 millones.

El éxito económico de Brasil no solo ha ayudado a millones de brasileros a salir de la pobreza, sino que también ha aumentado las expectativas de una nueva clase media-baja (conocida en Brasil como la Clase C). Ahora la emergente clase media puede comprar casas, coches, ir de vacaciones a los centros turísticos costeros de noroeste de Brasil, y tener un ingreso disponible para gasta en productos y servicios brasileros.

Debido a años de alta inflación y economía inestable, se ha desarrollado un sistema bancario sofisticado.

Existe un proverbio que los brasileros usan para justificar las vastas fuentes de recursos naturales de país: “Dios es brasilero”. La bandera nacional es la personificación de sus activos: el verde que predomina la bandera simboliza la vasta exuberancia de la campiña brasilera y  la fertilidad de sus campos, y la figura amarilla en forma de diamante cerca del centro representa el oro, y por consiguiente, la riqueza natural del país.

Brasil tiene la suerte de tener grandes cantidades de recursos naturales. Se ha reconocido su gran potencial desde que los portugueses llegaron a Brasil en el 1500. Para los portugueses (país del cual Brasil se independizó en 1822), las oportunidades parecían ilimitadas. Un cura jesuita que visitó Brasil a principios del 1500 escribió: “Si existe un paraíso en la tierra, diría que está en Brasil.”

Especialmente en el estado de Minas Gerais. A finales del siglo XVII, nació un pequeño pueblo llamado Ouro Preto (Oro Negro). Como resultado, el oro entró en auge. Desde África, se enviaron por barco miles de esclavos  para trabajar en las minas de oro de las montañas de Serra do Espinhaco.

En varias ocasiones durante los siguientes tres siglos, los portugueses descubrieron y saquearon diamantes, diferentes minerales, madera, hierro, caucho, caña de azúcar y café.

Todos se turnaron para ser mercaderías primas principales para la exportación, y hasta hoy en día, continúan contribuyendo al ascenso de Brasil, especialmente la caña de azúcar.

El etanol que es fermentado de la caña de azúcar es una de las fuentes de energía renovables más prometedoras de Brasil, y le ha permitido convertirse en el líder mundial indiscutible en la industria del etanol.

Brasil es todo acerca del futuro. La próxima década anunciará la llegada de Brasil como un jugador global. La Copa Mundial de la FIFA se llevará a cabo en 2012 en doce ciudades, y dos años después,  Río de Janeiro será la sede del evento deportivo más grande de todos: las Olimpíadas.

Para prepararse para su proyección al escenario mundial, el ex presidente Lula y su sucesor, Dilma Rousseff, se embarcaron en importantes iniciativas para obras públicas.

Está planeado que el tren de alta velocidad desde Río de Janeiro hasta San Pablo esté en funcionamiento para el año 2014. A un costo de 6 mil millones de libras, los pasajeros podrán pasear por el parque Ibirapuera en San Pablo y luego, en no más de dos horas más tarde, tomar caipiriña al lado del mar en Copacabana.

El ex presidente Lula introdujo la Bolsa Familia (asignación familiar) como el centro de su política social, y le brindó ayuda financiera a alrededor de 12 millones de familias pobres.

Todo esto está diseñado para cultivar un “legado”.  Rousseff, la primera presidenta del Brasil, sabe acerca de la importancia para el país de una Copa Mundial y Olimpíadas exitosas.

Brasil también apunta a que la Copa Mundial del 2014 sirva como catalizador para atraer más turistas, y espera duplicar las cifras de turistas de 5,2 millones en el 2012 a más de 10 millones en el 2020.Sin embargo, tal como lo confiesa Ricardo Trade, el organizador principal de FIFA para el 2014, el tema de la seguridad es clave si se quiere lograr esto.

En las favelas (el nombre portugués para los asentamientos precarios) de Río de Janeiro se ha presentado una campaña muy importante llevada a cabo conjuntamente por la policía y una unidad de fuerzas especiales llamada BOPE (Batallón de Operaciones Policiales Especiales) para erradicar la pandillas de drogas. Sin embargo los destacados éxitos del año pasado en el asentamiento precario más grande de Sudamérica, Rocinha, y en Complexo do Alemao fueron enturbiados por las muertes de varios policías. Todavía quedar hacer mucho trabajo  antes del 2014.

El legado final de la Copa Mundial para los brasileros será 22 mil millones de reales (8 mil millones de libras esterlinas) en inversiones infraestructurales, que se están utilizando para distintas obras ya sea para mejorar los aeropuertos como para construir nuevos sistemas ferroviarios y de autobuses, y también caminos.

Sin embargo, Brasil tiene desafíos importantes por superar. Es joven, y como cualquier otro adolescente, puede ser un poco inestable. Las fluctuaciones en las tasas de cambio y en el valor de las acciones son comunes, y aunque los brasileros de a poco están viendo los beneficios de un mayor poder adquisitivo, todavía están limitados por las elevadísimas tasas de intereses.

Brasil todavía tiene una gran inequidad social y económica, a pesar de la introducción de la Bolsa Familia. Junto a los departamentos flamantes habitados por los más adinerados, la pobreza crónica es abundante. Las favelas cercan las montañas de Río, mientras que en el oeste de San Pablo en el adinerado barrio de Morumbi, los ricos y los pobres están separados por menos de 200 metros.

Durante las últimas tres décadas y después de que la dictadura de derechafue derrocada, ha habido un desarrollo pronunciado indiscutible en Brasil, pero desafíos duros están a la espera.

El periodista Larry Rohter, que vivió en Brasil por dos décadas, afirma que el país todavía tiene tiempos difíciles por delante. Dice que todavía tiene que resolver el problema del Amazonas. ¿Por qué permite la devastación al por mayor del Amazonas cuya salud  como ecosistema en funcionamiento es esencial para todos nosotros si queremos evitar el calentamiento global?

También pone en duda la incapacidad de Brasil para lidiar con la violencia generalizada en las ciudades grandes e introduce el interrogante de por qué una sociedad construida sobre las nociones de cordialidad parece hacer la vista gorda hacia las terribles desigualdades basadas en el tipo de clase y raza. Estas nociones son fundamentales con respecto al tema del Brasil.

Otro periodista, Pedro Curi, de 29 años y de Río de Janeiro, ve al Brasil convertirse en “fuerte y más fuerte”  pero confiesa que está “creciendo de manera equivocada. Tenemos una población muy pobre, las ciudades se están volviendo más grandes sin ningún control, y las grandes compañías, en el 2012, no piensan de forma sustentable.” Río +20, una Conferencia de las Naciones Unidas sobre el desarrollo sustentable que se llevará a cabo en Río en junio de este año, tiene la oportunidad de facilitar el cambio.

Los brasileros tienen un cliché mordaz que puede resolver cualquier problema: que Brasil es, y siempre será, el país del futuro. El tiempo lo dirá.

(Traducido por Fiorela Gremigni – Email: fiorelagremigni@live.ca)

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