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Carnaval dominicano, imaginación, color, olor y e historia en las calles

Comienza en febrero y se extiende hasta mayo, con caras distintas según las ciudades, pero la misma música contagiosa y vistosidad de sus disfraces, en una tradición renovada con el tiempo.



Elsy Fors


Si desde el siglo XVI hubo máscaras en la ciudad de Santo Domingo, lo cierto es que la tradición colonial creció con las gestas republicanas del 27 febrero de 1844 y del 16 agosto de 1865, al punto que casi desde entonces los carnavales se celebran en estas fechas, no importa si se encuentran fuera de la cuaresma y por lo común ya dentro de este período, que es de penitencia cristiana.

Con la intención que turistas y nacionales puedan disfrutar de la fiesta popular en todas las regiones del país, el calendario de este año empieza el 19 de febrero en Río San Juan y concluirá el 6 de mayo en Navarrete, provincia de Santiago de los Caballeros, dos semanas antes de las elecciones generales.

Muchos pueblos aprovecharán el feriado de Semana Santa para realizar sus fiestas el Sábado de Gloria y Domingo de Resurrección, 6 y 7 de abril, como Cabral en Barahona y Guerra en la Provincia de Santo Domingo.

Para empresas cerveceras y licoreras, además de los restaurantes, hoteles y centros nocturnos, esta época es de mayores ventas, en tanto que para los más pobres constituyen momentos para olvidar sus penurias y divertirse burlándose de los defectos de políticos corruptos y de la sociedad en general.

Los personajes

Desde los disfraces de diablos cojuelos, originados en la Europa medieval, con sus trajes de capa cubiertos de espejos, cascabeles y cencerros, que ridiculizan a los señores medievales, hasta los platanuses y otros trajes netamente africanos, se manifiesta la creatividad popular.

Roba la Gallina consiste en un personaje disfrazado (típicamente con busto y trasero abundante) que va por los bares y comercios pidiendo para sus pollitos, que no son más que los jóvenes del pueblo que le siguen en alborozada procesión.

El califé es un poeta que en versos va criticando en forma jocosa a todos los personajes de la vida política, social y cultural; es seguido por un coro y está vestido de frac,  sombrero negro y camisa blanca.

Se me muere Rebeca representa a una madre desesperada que quiere llevar de comer a su hija gravemente enferma. Va gritando todo el camino, de pronto se para, enseña a la hija (en representación una muñeca), mientras un coro le va respondiendo. Pide golosinas en los establecimientos para la hija enferma, pero realmente las reparte entre los niños, que la siguen con insistencia.

Los africanos son personajes pintados de negro, con carbón y aceite quemado de carro, y van grupos de hombres y mujeres, imitando a negros esclavos, bailando por las calles como parte del carnaval. Otros se embadurnan de barro y se les conoce como hombres de barro, también arrollando al ritmo de la música.

Otros personajes son los indios, que incluyen a niños y adultos, imitando a los habitantes originarios de la Isla, con plumas, arcos y lanzas.

La comparsa, cuyos integrantes se visten de indígenas, se llama la Comparsa de San Carlos, como un popular barrio de Santo Domingo.

La Muerte, común en muchos otros carnavales, se representa como una calavera, que acompaña tradicionalmente a los Diablos y se conoce como La muerte en Jeep.

Nicolás Den Den en Santiago de los Caballeros y Oso Nicolás en Montecristi es un oso acompañado de un domador, que va bailando y haciendo reír al público.

Los monos de Somonico, oriundos de Villa Duarte en Santo Domingo, es una comparsa disfrazada de monos con un traje de flecos.

Los pirulíes son niños disfrazados con faldas hechas con flecos de coco y son oriundos de Cabral, Barahona.

Los Alí Babá son comparsas con motivaciones orientales, con una sincronizada coreografía al ritmo de redoblantes y bombos, de una marcada influencia de los “cocolos” (grupo étnico inmigrante procedente de Antillas Mayores y las Bahamas) de San Pedro de Macorís.

Y están las Marimantas, originarias de la provincia de Hato Mayor, que cubren sus cuerpos de ramas verdes con una máscara de cuero de vaca, cubierta la cabeza con un caparazón que le sirve de refugio al comején.

Así también el doctor, los travestis pícaros y alegres que son hombres vestidos de mujer, el Empapelao que no es lo mismo que el Papelón, que va gritando: “A que no me quemas el papelón”,  provocando con su trasero, mientras otro personaje trata de quemárselo.

Y por último están los galleros son típicamente campesinos con gallos que los echan a lidiar en plena vía pública y en medio de la pelea, llega un policía, desbarata el juego e intenta llevárselos presos.

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