En Foco, Opinión

Benedicto XVI en Cuba… Abajo el anticomunismo

(…) Pero el viejo de las manos traslúcidas/ dirá: amor, amor, amor, / aclamado por millones de moribundos;/dirá amor, amor, amor,/ entre el tisú estremecido de ternura;/dirá: paz, paz, paz,/ entre el tirite de cuchillos y melones de dinamita;/dirá: amor, amor, amor,/ hasta que se le pongan de plata los labios. (…) Federico García Lorca (Grito hacia Roma. Desde la torre del Crysler Building))


Armando Orozco Tovar


En  marzo pasado el Papá como un Julio Cesar romano de sotana con su  séquito de cardenales obispos, monjas y monaguillos pasó el Rubicón del Atlante y del Mare Nostrum caribeño rumbo a Cuba: “Fue, vio, bendijo a sus feligreses, y regresó”. Pero no venció.

No venció a pesar de que para muchos esta visita era decisiva para el cambio definitivo del sistema gubernamental de  la isla mayor antillana, existente desde el triunfo de la revolución.

Y no tenía porque hacerlo. ¿A quién tenía Benedicto que vencer? Porque es cierto que muchos gritaron, aullaron, lloraron, desde sus púlpitos y tribunas,  sobre todo desde los medios colombianos: “Seguro que Benedicto es otro Juan Pablo II, que acabará en un abrir y cerrar de ojos con el Comunismo.”

Se dijeron muchas cosas: Que en La Habana se reuniría con las damas de blanco, Que pediría ruidosamente, como un buen trompetista de Jazz por los Derechos Humanos, la libertad de los “miles de presos políticos en las cárceles cubanas.” Pero él no le prestó atención a ese alboroto de la mafia de Miami, ni el de las Wikis radiofónicas, que groseramente apostaron cosas como que, “Raúl Castro metería de contrabando a Hugo Chávez, en su comitiva de recibo papal. “

Cuántas cosas no se dijeron en esos días. Pero habladurías y deseos no dejaron de ser más que eso, porque nada de esto ocurrió y en cambio sí, cómo manifestó una analista uruguaya residente en Bogotá, en un programa radial repleto de chapetones, entre las que se cuenta una de apellido Enfermedad Hernández, “El papa pasó sin pena ni gloria por la isla”.

También hubo gran exhibición de ignorancia por parte de los medios nacionales: Pronunciaban el apellido del Apóstol cubano José Martí, como “mártir” o “Marti”, sin tilde. Y, peor aún, se desconocía la información básica cultural e histórica del país antillano, como aquellos presidentes yanquis que creen que Colombia es Columbia.

¡Qué lástima! Esperaban que Benedicto con su visita de Vice-Cristo o diera al traste con el régimen cubano o que lo cambiara por uno papal, pero él Vice-Diós fue a otra cosa: Para saludar el cumpleaños de la Virgen del Cobre, porque las vírgenes también merecen su fiesta.

El Vicario de Dios en la tierra, como creyeron: “No llegó a soltar al lobo entre las ovejas, la raposa entre las gallinas, a la rapos mosca entre la miel”, como dice don Quijote. No. Sólo llegó a evangelizar, porque es su misión. Comportándose a la altura de cualquier jefe de Estado, y así se le trató de la misma forma. El Sumo pastor no iba a buscar pelea como los camorristas esperaban que lo hiciera.

Yo al principio creí lo mismo por la desconfianza que le tengo al “Santo Oficio”, que siempre, con contadas excepciones, ha estado al lado de los poderosos desde antes de Cristo, personaje que sí les dio latigazos físicos y de lengua a los ricos, advirtiéndoles que no entrarían al paraíso con la facilidad del camello por el agujero de la aguja.

Pero claro, es que la Iglesia también cambió. Y lo viene haciendo desde las remotas épocas de la “Teología de la Liberación”, o del pensamiento de Pierre Terhard de Chardin, tan  reprimido como lo fue por  la franja más conservadora de la institución. Igualmente desde la actitud redentora  y vital del padre Camilo Torres Restrepo, a quien hasta hoy los militares colombianos no le responden al pueblo por sus restos.

Tampoco se debe olvidar que la Iglesia comenzó hace rato con una actitud conciliadora con los poderes civiles desde los tiempos de León XIII, abriendo a los investigadores los archivos secretos del Vaticano, y le infundió una unidad doctrinal basada en la tradición adaptada a las exigencias modernas.

Emtonces Benedicto, no iba a llegar gritando “¡Abajo el Comunismo!”, como lo hizo alguien que se le coló a los de la seguridad cubana – una de las mejores del mundo, según dicen – hasta donde él estaba para gritar eso que no deja de ser un anacronismo absurdo, si se piensa que el comunismo ya se acabó.

En cambio el anticomunismo está muy vivo. Por lo cual el infiltrado debió decir “¡Abajo el anticomunismo!”, que el prelado si entendió cuando manifestó que ya no era momento para bloqueos tan largos contra ningún país, como el que lleva a cabo el  imperialismo contra la Isla de la Libertad desde los inicios de su sistema socialista.

Seguramente Benedicto no dijo todo esto, pero estoy seguro que desde su infalibilidad divina de chaman mayor de su iglesia sí lo pensó,  de la misma forma como León XIII en el Siglo  XIX otorgó por primera vez  a su institución una doctrina social.

Ojalá este Papa le entregue ahora un carácter de Socialismo de siglo XXI, porque en estos tiempos que corren  no se vislumbra otro camino para la humanidad.

O si no que lo diga todo ese caos económico, político y social lo que ocurre en Europa con el fracaso rotundo neoliberal… Y en América del Sur con triunfo sin retrocesos de la Revolución Bolivariana.

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