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Luces del Norte: cuando el cielo se tiñe de color

Clasificar por colores es de humanos: a los europeos se les llama ‘blancos’, cuando son más bien rosados, a los africanos se les dice ‘negros’ en lugar de marrones, y al cielo ‘azul’ cuando puede ser verde o rosa.


Iria Leirós Pérez


Sí, rosa, y aunque no todo el mundo puede apreciar este regalo de la naturaleza conocido como Aurora Boreal, parte de Inglaterra ha sido embellecida y testigo este año de un peculiar fenómeno donde el cielo es un festival de luces y colores.

Cuenta una leyenda esquimal que “los límites de la tierra y el mar son bordeados por un inmenso abismo, sobre él aparece un sendero estrecho y peligroso que conduce a las regiones celestiales.

El cielo es una gran bóveda de material duro, arqueado sobre la tierra. Hay un agujero en él a través del que los espíritus pasan a los verdaderos cielos. Sólo los espíritus de aquellos que tienen una muerte voluntaria o violenta y el cuervo, han recorrido este sendero.

Los espíritus que viven allí encienden antorchas para quitar los pasos de las nuevas llegadas. Esta es la luz de la aurora. Se pueden ver allí festejando y jugando a la pelota con un cráneo de morsa”. Esta leyenda, como tantas otras existentes, nos abren una ventana a la imaginación y desde ésta, a la ilusión.

Pero hoy, en pleno Siglo XXI, la ciencia destruye esas teorías fantásticas con datos fehacientes y nombres concretos, que no obstante no acaban con la vélelas y lo asombroso que éstas tienen.

Pero, ¿qué son las Luces del Norte y cómo se producen?

Las luces del Norte, nombre popular por el que es conocido el fenómeno de la Aurora, tiene lugar entre los meses de octubre y marzo y generalmente es visible desde países como Escandinavia e Islandia.

El nombre proviene de la diosa romana del amanecer, Aurora, y de la palabra griega Bóreas, que significa norte.

El sol, situado a 150 millones de kilómetros de la Tierra, emite continuamente partículas, es lo que se conoce como viento solar.

La actividad del Sol envía a la Tierra una gran cantidad de energía cargada de electrones. Estas partículas viajan a una velocidad de entre 300 y 1000 kilómetros por hora, por lo que recorre la distancia entre el Sol y la Tierra en 2 días.

La Tierra cuenta con un campo magnético que actúa como cinturón de seguridad y consigue contener toda esta energía solar y permite que las partículas fluyan con cierta tranquilidad. Pero llega un momento en el que la energía acumulada necesita ser liberada y se produce una “tormenta magnética” que empuja ésta energía hacia los polos de la tierra que, una vez entran en contacto con la atmósfera, producen el festín de colores.

Estas partículas solares colisionan con los átomos y moléculas de la atmósfera terrestre (oxígeno, nitrógenos atómicos y nitrógenos moleculares)  que se encuentran en su nivel más bajo de energía. La energía que aportan las partículas solares perturba a éstos átomos llevándolos a “estados excitados de energía” y en milésimas de segundos estos átomos se vuelven a llenar de su máxima energía devolviéndola en forma de luz.

Los habitantes de Islandia pueden verlas casi cada día.

El color de las auroras depende los átomos o moléculas que las partículas del viento solar excitan y del nivel de energía que éstos alcancen.

Así los colores amarillos y verdes son provocados por el contacto con el oxígeno. El nitrógeno produce una luz azulada y gracias al Helio podemos apreciar colores tan asombrosos en el cielo como son el púrpura o rojo.

Otra leyenda cuenta que “las Auroras Boreales son el fruto del amor de dos dioses, uno romano, llamado Aurora, y el otro griego, llamado Boreas, los cuales estaban tan enamorados que plasmaron en el cielo ese amor”.

Con la ciencia en la mano y gracias a las investigaciones de la NASA hoy en día podemos entender un poco mejor este romance entre Aurora y Boreas y las razones por las cuales son generadores de la belleza en el firmamento.

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