Economía, Jóvenes, Vida de hoy

Nimis: generación frustrada

En España, terminar la universidad no es sinónimo de tener un trabajo relacionado con tu campo, ni siquiera bien remunerado. Miles de estudiantes se han dado cuenta de que, tras el oasis universitario, empieza una larga andadura por el desierto.


Alejandra Rodriguez


Y es que poseer un título universitario, incluso un master, ya no es garantía de nada. No se parte con ventaja en un mercado laboral que sólo busca mano de obra barata.

Por ello proliferan los nimis (nimileuristas), jóvenes con estudios superiores pero que su salario mensual no supera las tres cifras.

Marta García es una joven barcelonesa de 28 años catalogada como nimi. Una situación inimaginable para ella cuando, allá por 2006, finalizó sus estudios universitarios de Ciencias del Mar con una nota media de 9,21. “Busqué trabajo relacionado con lo que había estudiado pero no encontré nada que cumpliera mis expectativas”, afirma.

Rehusaba formar parte de aquel grupo de personas conocidos como mileuristas ya que, a menudo, eran motivo de mofa por haber estudiado para acabar ganando mil euros como otro que no lo había hecho. Finalmente, Marta acabó trabajando como comercial para una empresa de mamparas de baño. Los 1.500 euros mensuales mínimos (había meses en los que alcanzaba los 3000 euros por comisiones) sopesaron más que adquirir experiencia en su campo.

Ese mismo año, en 2006, la economía española iba viento en popa con un crecimiento anual del 4,1% del PIB, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). Pero a partir de entonces, el viento amainó y la economía cayó en picado situándose en 2009 con un crecimiento del -3,7% del PIB.

Marta, como muchos otros,  empezó a notar las consecuencias de esta recesión cuando la empresa para la que trababa decidió reducirle el sueldo a 1.058 euros y eliminar las comisiones.

Permaneció unos meses más trabajando pero al fin tomó la decisión: “Pensé que tenía que arriesgar y buscar un trabajo que realmente me motivase”. Dejó el empleo estable que ejercía para disponer de tiempo para formarse y encontrar un trabajo acorde a sus estudios.

Desde entonces pasó a ser una más en la infinita lista del paro español. Y es que las estadísticas son alarmantes: la tasa de desempleo en España es del 22,85% o, lo que asusta más, ya son más de cinco millones de parados. Record histórico como también el que registra el desempleo juvenil con casi el 50% de jóvenes sin empleo (Eurostat).

Con estas perspectivas, jóvenes con estudios superiores están aceptando empleos que, en otro contexto, no se hubieran planteado aceptar.

Trabajar en un sector diferente para el que se formaron o trabajar sin contrato, se ha convertido en algo habitual en España, como también que lo es el que lo hagan por menos de mil euros al mes.

Otros se niegan a convertirse en nimis y han hecho las maletas en busca de un mercado laboral con más oportunidades.

Según el Censo de Españoles Residentes Ausentes (CERA), la emigración de españoles desde que empezara la crisis en 2008 ha aumentado en un 21,9%. El Reino Unido es uno de los destinos más elegidos por los jóvenes con casi 55.000 los españoles en su territorio en diciembre de 2011, un 16,4% más que cuando empezó la recesión.

Este no es el caso de Marta que aún no se ha planteado ampliar horizontes. Pero se ha visto obligada a modificar sustancialmente su vida.

Desde que dejó el trabajo como comercial, abandonó el piso que compartía con unas amigas y volvió a casa de su madre. Otros nunca pudieron emanciparse. “Tenía que reducir mis gastos y los 400 euros del alquiler fue lo primero”, reconoce Marta.

Y es que mantenerse en una ciudad como Barcelona es complicado. Los nimis son auténticos equilibristas capaces de llegar a fin de mes en un país donde los precios no bajan y los sueldos no suben.

Concretamente, el salario mínimo interprofesional español es de 641,40 euros al mes por jornada completa trabajada. Si se quisiera cobrar por horas, el mínimo legal es de 5,02 euros la hora (4 libras). Sueldos ridículos en comparación con el mínimo de otros países europeos como Francia (1.365 euros) o Reino Unido (1.230 euros).

Paralelamente, los alquileres no disminuyen, el litro de gasolina está en 1,49 euros y el transporte público tampoco es una buena alternativa. En Barcelona, el billete sencillo de transporte  se tarifica en 2 euros, 55 céntimos más caro respecto al año pasado.

Después de varios voluntariados, Marta está más decidida que nunca a trabajar en su especialidad. Por ello, se está preparando para las oposiciones que le darían derecho a un trabajo de por vida como ayudante de investigación. En total, se han presentado 1.400 biólogos marinos para optar a una de las 27 plazas ofertadas por el Estado Español.

Aún la alta competencia, el salario mensual no superaría los mil euros. Por el momento, Marta ha encontrado un trabajo a tiempo parcial que le permite compaginarlo con la preparación del examen.

La situación de Marta García no es un caso aislado pero si una muestra de la frustración que sienten los jóvenes españoles.

Es la Generación Nimi, la más formada de la historia del país y también la más precaria. Y lo que más preocupante, sin expectativas de mejora.

Marta, pese a todo, se lo toma con humor: “No sé qué será de mi futuro, lo único que sé es que tengo 28 años, cobro 500 euros al mes, he vuelto a vivir con mi madre y, que a este paso, le vuelvo a pedir la paga semanal”.

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