Europa, Globo

Migración Brasil-España: la historia cobra viejas deudas

Las políticas de antinmigración de España y Brasil evidencian el estado de crisis del primero y el incipiente poderío del segundo. Brasil se siente fuerte, y lo es. ¿Los perjudicados? Los emigrantes de ambos países, para quienes cada vez es más difícil cruzar las fronteras y alcanzar sus sueños. La historia cobra viejas deudas.


_

Nieves Silvero


Corría el año 2008 cuando las autoridades españolas negaban la entrada en el aeropuerto de Barajas a cerca de 800 brasileños que supuestamente no llevaban toda la documentación requerida por la Unión Europea.

En 2007 la cifra de rechazados la cifra ya era de 2.764, lo que convirtió a los brasileños en el segundo colectivo con mayor número de no admitidos, detrás de los bolivianos (3.357).

Lo cierto es que España se ha caracterizado en los últimos años por ocupar uno de los peores puestos en la lucha contra la discriminación y respeto a los derechos para la obtención de nacionalidad.

Según datos generales, los brasileños ocupan el octavo puesto como colectivo extracomunitario en España después de Marruecos, Ecuador, Rumania y otros países de Latinoamérica.

Es decir, no han sido bienvenidos por la nación ibérica, y pese a un paulatino descenso de las restricciones durante los últimos años, la última crisis entre los dos países ocurrió el pasado mes de marzo, cuando las autoridades españolas retuvieron a una señora de 77 años, Dionisia Rosa da Silva, en el aeropuerto de Barajas, Madrid.

Según se denunció, Dionisia recibido malos tratos por parte de las autoridades españolas, pero no fue la única pues varias personas de nacionalidad brasileña aseguraron haber sido victimas también.

La prensa brasileña hizo eco de estos acontecimientos y el “caso Dionisia” fue retransmitido día y noche en todos los medios brasileños causando la indignación del país carioca.

La deuda se paga

Lo cierto es que el Brasil actual, que dista mucho de ser el país que era en 2008, inició una serie de medidas de reciprocidad aprobando una ley que ha entrado en vigor el 2 de abril de 2012.

Según éstas el español que decida viajar a Brasil deberá presentar una carta de invitación de un anfitrión de nacionalidad brasileña, que exige al que la suscribe aportar múltiples datos, como la nómina o un certificado de residencia, exigencia previamente aplicada por España, no sólo para los brasileños sino también para otros países como Argentina o Venezuela.

Igualmente, el ciudadano español deberá aportar también un billete de regreso con fecha cerrada y la garantía de medios económicos para mantenerse allí. El país sudamericano exigiría a los españoles, y no a otros europeos, los mismos requisitos que España exige aplicando el tratado Schengen a los brasileños y otros extracomunitarios.

Lo anterior muestra que el mundo está cambiando, y Brasil se presenta como una de las futuras potencias mundiales. Desde 2001 forma parte de la agrupación BRICS (Brasil, Rusia, India, China y actualmente Sudáfrica) de nuevas superpotencias emergentes que se distinguen por sus economías de gran tamaño y por su influencia en asuntos regionales y globales.

Lo anterior se debe al crecimiento económico que ha venido sufriendo desde que alcanzara la estabilidad en el año 1990 y que, desde entonces, no ha hecho más que ir en alza.

En efecto es la séptima economía mundial en cuanto PIB per cápita y ha superado a países como Reino Unido, Canadá, Italia y Francia.

Brasil como potencia

Es un país lleno de fuerza y vitalidad que encara con optimismo la Copa del mundo en 2014 y las Olimpiadas 2016, y que posee un gobierno democrático y social, encabezado primero por Lula da Silva, y caracterizado por muy buenos resultados económicos como la baja inflación y la reducción del desempleo.

Un gobierno caracterizado también por el incentivo de las exportaciones y la creación de microcréditos, entre otros, que hoy bajo la presidencia de Dilma Roussef continúa su camino, habiendo llevado a Brasil al puesto número seis en la escala mundial.

Ello ha dado lugar a la nueva clase media brasileña (“Nova Clase”) con más poder adquisitivo que quiere gastar y viajar: el año pasado, el 95% de los viajes y los ingresos por turismo llegaron de nacionales. Los extranjeros sólo representaron el 5% del turismo en Brasil.

Además, la creciente economía permite a estos salir del país y viajar con más frecuencia al extranjero.

El imparable crecimiento brasileño ha dado lugar a un cambio en sus políticas de inmigración, y han comenzado a restringir la entrada no sólo a españoles sino también a haitianos, si bien en un primer momento estos fueron ayudados por Brasil, su entrada en masa comenzó a preocupar a las autoridades que regularon leyes para evitar un éxodo masivo desde Haití.

Europa en picada

La otra cara de la moneda es una Europa vieja y cansada, con una fuerte crisis de valores y dificultades para superar la llamada “crisis de los pases desarrollados”.

España, en concreto, es uno de los países que más la ha sufrido, con una tasa de desempleo del 22,85% de la población, y un gran retroceso en el PIB.

Los jóvenes españoles, cansados de la situación precaria, han comenzado a emigrar en masa a otros países. Se habla de una fuga de cerebros, de profesionales formados que van en busca de un horizonte laboral más próspero en países mejor situados. Y Brasil se presenta como uno de los destinos estrella, ya sea por la cercanía cultural como por las esperanzas de prosperidad que ofrece.

El sueño de un futuro brillante ha dado lugar al incremento de un 25% más de inmigrantes españoles en Brasil en cuatro años. Hoy se habla de un total de 87.128 personas que cruzaron el atlántico, para llegar a ese país amazónico y otros destinos en Latinoamérica, como Perú y Bolivia.

Sólo un país que ahora se siente fuerte puede crear unas medidas de reciprocidad y de justicia. Es la lucha del nuevo mundo contra el viejo. La crisis está cambiando los flujos de población entre países y rediseñado las sociedades. Los que se proponían como eternos dueños del mundo ven como su propia población escapa hacia playas mejores que antes ellos consideran subdesarrolladas y a cuyos pobladores despreciaron en sus países.

La era de la razon y la no discriminación empieza a pelearse. Y unos lo llevan bien, como Judith, una barcelonesa de 28 años que trabaja para la ONG brasileña “Pachamama” basada en la confraternización entre las regiones de Brasil y otros países. Ella  asegura que las relaciones entre españoles y brasileños siguen siendo cordiales y que pese “a los altercados sufridos en los aeropuertos, somos dos pueblos hermanos que sabemos lo que significa emigrar y estar lejos de casa”.

Los emigrantes, sean del país que sean, siempre han estado sujetos a las políticas de los países de destino y han recorrido el mundo en busca de una vida más digna. En el camino, han dejado parte de la propia identidad para adoptar un trocito de otra nueva. Vinicius de Moraes, el gran artista brasileño, decía en una de sus letras que la vida es el arte de los encuentros, aunque a veces haya tantos desencuentros.

Share it / Compartir:

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*

*