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Familias de acogida en RU: un futuro cada 22 minutos

La sociedad británica atraviesa una crisis que recae sobre la niñez, pues hasta ahora existen más de 45.000 hogares de acogida y se prevé que para 2012 se necesitarán al menos 8.750 más.

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César Amaya Sandino


Estos datos, que según la “fostering network” colapsan el sistema de asistencia social para el menor (Foster Care System), también son muestra de la descomposición social que pone en riesgo a los menores y obliga al Estado a velar por su bienestar.

Es éste quien se encarga de reubicar de manera temporal, con familias de acogida (Foster parents), a aquellos menores cuya integridad es incertidumbre.

Según la Sociedad Nacional de Prevención de la Crueldad a los Niños (NSPCC), se registraron  a marzo del 2011 en el plan de protección al menor en el Reino Unido, más de 50.552 menores.

Tan solo en Londres hasta el año 2010, alrededor de 6.095 niños fueron llevados a familias sustitutas, y fueron el abandono y el descuido las principales causas que motivaron estos traslados: se habla de 2.885 casos. A estos motivos le siguen el abuso emocional y físico, que suman 2.530 casos, y el abuso sexual, que alcanza los 230 casos.

Estos niños de corta edad, en su mayoría han sido víctimas de abusos principalmente por parte de su familia que es donde se encuentran los casos más numerosos.

Aunque también existen situaciones en las que los infantes son reubicados por haber perdido el respeto a la autoridad de sus padres, actuando en ocasiones de manera violenta contra ellos u otras personas, los problemas familiares, donde los padres son los responsables,  son los que originan esa ‘salida forzosa’ de los menores ya adolescentes de sus hogares.

Familia y sociedad

Entre los casos más comunes están los padres con adicciones al alcohol o las drogas, actitudes de violencia doméstica, abusos sexuales y emocionales a los menores, maltrato, ruptura familiar, descuido y abandono del menor.

Todas estas situaciones ponen en riesgo el bienestar y en ocasiones la vida de niños y jóvenes.

En el caso del abuso sexual, según la Sociedad Nacional de Prevención de la Crueldad a los Niños (NSPCC), en el periodo entre 2010 y 2011 se registraron 17.727 casos en Inglaterra y Gales, un 37% más que el año anterior. Igualmente  se conoce que a marzo del presente año, aproximadamente 50.500 corren riesgo de ser abusados.

El informe indica también que los casos de abusos sexuales y abandono o descuido no son reportados en su totalidad, por lo que se estiman cifras superiores.

En cuanto  a asesinatos, los datos en Inglaterra y Gales, se promedian 56 menores asesinados cada año.

Por otro lado, se calcula que, en general,  uno de cada 10 jóvenes ha sido abandonado y gravemente desatendido por sus padres durante su niñez.

En este panorama, el número de menores de un año que fueron objeto del plan de protección el año pasado, asciende a 4.630.

Secuelas

Las cifras muestran una evidente degradación de las estructuras familiares en el Reino Unido, que son las que proporcionan estabilidad emocional y física a los niños.

Y es en esta realidad en la que el niño maltratado y abusado desarrolla problemas psicológicos y, por ende, problemas de salud mental y comportamiento.

Algunas señales aparecen cuando al expresar sus sentimientos lo hacen de forma violenta y agresiva, en ocasiones desarrollando un carácter destructivo o autodestructivo como son la adicción al alcohol, las drogas o la pertenencia a bandas callejeras y pandillas.

Estas son algunas de las características de muchos niños y jóvenes que hoy son parte de la desmesurada demanda de hogares de acogida en el Reino Unido y que hace que se conviertan en un reto para el sistema y para los que los reciben.

Camino a casa

Un menor entra en el sistema de acogida y protección cuando sus padres no pueden hacerse cargo de él durante un tiempo, bien sea porque los progenitores se hallan enfermos e inhabilitados, o porque obligatoriamente permanecen en el hospital por unas semanas, o bien porque existe alguna decisión judicial  para garantizar la integridad del menor.

Sea como sea, la familia de acogida se encarga del día a día del niño, mientras que la potestad y las decisiones sobre éste, las toma el Estado en connivencia con los padres biológicos, hasta que se pueda encontrar una solución definitiva.

De acuerdo con la Asociación Británica de Adopción y Acogida (BAAP), en marzo del año anterior el rango de edad de los menores acogidos, se encontraba en un 6%  para menores de un año, 18% entre 1 y 4 años, 18% entre 5 y 9 años, 37% entre 10 y 15 años y 21% mayores de 16 años.

Las cifras van en aumento y no es fácil decir si los resultados son buenos o malos, ya que cada caso es diferente y hay experiencias positivas y negativas.

Lo bueno y lo malo

El efecto positivo, en el caso de muchos de los padres de acogida, es el de recibir orientación profesional y, de paso, adquirir experiencia en la crianza con sus propios hijos.

Por su parte los ‘hijos acogidos’ recuperan su confianza en sí mismos, su deseo de estudiar, socializar y abandonar la violencia. Además de recuperarse de heridas psicológicas o físicas.

Un ejemplo positivo es el de Clare Marshall, quien fue acogida desde los 2 años de edad y después de pasar por más de 40 familias diferentes ahora vive con una familia de acogida estable, a largo plazo y asegura: “al principio fue difícil, pero terminó dándome la inspiración, fortaleza y determinación que necesitaba…mi cuidadora, que ahora veo como a mi madre, me inculco buenos valores y es la razón de haber sido exitosa y haber ido a la universidad”.

También está el caso de Mark Marcus, quien actualmente trabaja para BBC Suffolk y recuerda haber sido acogido desde los 2 o 3 años.

Afirma tener buenos recuerdos de las diferentes familias con las que vivió y durante este largo periodo hasta su adolescencia estuvo en contacto con uno de sus hermanos.

Pero también hay efectos negativos, profundos problemas psicológicos, ya que la mayoría no sabe que se espera de su futuro ni de ellos,  pues una vez que entran en el sistema pueden cambiar de cuidadores tantas veces como sea necesario desarrollando sentimientos y actitudes antisociales y que incluso pueden terminar con suicidio.

Tal es el caso de Andrea Adams, quien tras haber dejado a Christine, su madre de acogida, le asignaron un lugar para vivir independiente, pero su inestabilidad emocional y salud mental la condujeron hacia el abuso de drogas y alcohol. Entre varias sobredosis, autolesiones y haber reportado haber sido violada en repetidas ocasiones, Andrea no pudo hacer frente a su destino y optó por terminar con su vida con tan solo 18 años.

A pesar de que estos problemas psicológicos se evidencian desde antes de empezar los programas de acogida debido a experiencias traumáticas previas como el abuso sexual, el vaivén del constante cambio de hogar, afecta la salud mental del niño, su juventud e incluso tiene efectos cuando abandonan el programa de acogida.

Estos traumas emocionales y de comportamiento pueden llevar al extremo del asesinato, como sucedió en junio del 2011 cuando un joven apuñalo a su madre de acogida, Dawn Mackenzie en Hamilton, South Lanarkshire después de estar ocho meses como familia de acogida junto con su esposo.

De esta manera, los efectos negativos y el fracaso del sistema parecen hacerse cada vez más comunes.

De hecho, un reciente artículo de The Guardian relata algunas estadísticas sobre el destino de los que terminan, por mayoría de edad, su plan de acogida y el cual no es muy alentador.

Según el artículo, un tercio de estos duermen en la calle, un quinto no tienen hogar, representan la mitad de los prisioneros menores de 25 años, un 25% están desempleados por corto periodo de tiempo después de dejar el colegio y muchos acaban en la prostitución.

Tan solo un 6% logra llegar a la universidad en comparación con más de un tercio de la población en general.

Fostering en el tiempo

Si bien la descomposición social y familiar en el Reino Unido parece haber tomado impulso durante los últimos años, las familias de acogida no siempre han tenido el mismo significado, pues es una práctica que data de más de 400 años de antigüedad.

En efecto, como lo relata el escritor Samuel Johnson en su libro “Un viaje a las Islas Occidentales de Escocia” (1775), se acostumbraba el uso de dicha práctica entre parientes, normalmente terratenientes y estamentos sociales intermedios.

Ser la familia de acogida significaba un honor, por la parte de confianza que de ésta derivaba.

El niño o niña eran entregados con algún bien que generara dinero y ayudara a su crianza; normalmente eran vacas.

Una vez que terminaba su periodo de acogida, por lo general de 6 años, era devuelto a sus padres con las mismas vacas mas la mitad de las ganancias que hubiera generado, así el resultado era positivo para el niño y para ambas familias.

Sin embargo, actualmente ha cambiado de ser una costumbre a ser un problema, pues hoy en día “se necesita un lugar de acogida cada 22 minutos”. Esta es la reciente campaña del “fostering network” que estima que se necesitaran 8,750 nuevos familias de acogida y cuidadores para el presente año.

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