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El cine, en todos sus géneros

A primera vista nada parece tan arbitrario como clasificar las películas por géneros, excepción hecha de cinco o seis muy determinados. Incluso podría decirse que los filmes más vulgares son los más fácilmente catalogables en un género establecido.


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Rodolfo Santovenia *


De ahí que lo más razonable para muchos de los que han reflexionado sobre el tema sea adoptar la noción de dominante o de línea de fuerza. Y ello basándose no en el argumento ni en el contenido aparente de la película, sino en dos elementos fundamentales: contenido implícito y estilo.

Sin olvidar que los grandes clásicos pertenecen frecuentemente a numerosos géneros o trascienden toda categoría estética. Así, ¿debemos ver en Luces de la ciudad, de Chaplin, una simple comedia, un drama o un filme poético? Las vacaciones del señor Hulot, de Tati, ¿es una farsa, una sátira o como el anterior un ensayo poético?

Esto sucede porque el cine rompe todos los moldes. Porque la realidad a la cual se ha unido el arte se burla de todas las matrices. Ambos son expresión en el mundo de los arquetipos encerrados unos en otros que se entrecruzan mutuamente sin ningún límite preciso.

Como sucede, por ejemplo, con Loquilandia, del olvidado H. C. Potter. Una de las más enloquecidas y delirantes comedias que haya rodado jamás el cine, protagonizada por Olsen y Johnson, dos cómicos que nadie recuerda.

Una farsa desenfrenada que dejaba el mismo regusto de destrucción casi apocalíptico de algunas pinturas modernistas o de ciertas obras surrealistas.

Inadvertida su doble lectura, ignorada en su momento, con el tiempo pasó a engrosar la selecta lista de películas “malditas” y hoy día es objeto de culto. Y todo, porque la óptica del espectador puede cambiar una obra de una categoría a otra. En unos días. O en dos años.

No olvidar, tampoco, que determinados argumentos han dado lugar a obras pertenecientes a artes distintas. Como Hamlet, La muerte de un viajante o Un tranvía llamado deseo, representadas en la escena antes de ser llevadas al cine.

El idiota, por ejemplo, fue primero novela. Después pieza teatral. Y luego filme. No hay identidad, sino equivalencia relativa. Transposición de una forma a otra. Y es que la escena se vale esencialmente de los gestos y de las palabras. Y el cine añade, por su estética, matices y una relación íntima con el cuadro inanimado que no puede dar el teatro.

El cine ha creado, como se sabe, categorías. O mejor, géneros. Y la mayoría de ellos son extensiones o modificaciones de otras artes. Así, existen vínculos entre el musical cinematográfico y el teatral.

Entre el filme policiaco y la novela detectivesca. Y si hay que nombrar al menos uno que sea en gran medida un hallazgo del cine, ese no es otro que el western. Aunque quizás incluso aquí exista una conexión con los shows del famoso Buffalo Hill y figuras semejantes desde 1870 en adelante.

Ahora bien, aunque no existe una clasificación universalmente reconocida, los filmes pueden ser alineados según su género sea narrativo, didáctico o dramático.

El primero comprende relatos históricos o imaginarios, y está presente en: a) filmes históricos propiamente dichos que, en general, refieren un acontecimiento concreto, como El acorazado Potemkin, de Serguei Eisenstein; b) biografías de personajes reales, como Lawrence de Arabia, de David Lean; c) crónicas de acontecimientos contemporáneos, como ciertos documentales y revistas de actualidades.

Entre los relatos imaginarios se hallan los cuentos donde lo maravilloso, fabuloso o sobrenatural desempeña un gran papel, como La bella y la bestia, de Jean Cocteau. El género didáctico abarca los filmes que se proponen enseñar, instruir y versan sobre cualquier tema propio de las diversas ciencias. Y el dramático se ciñe, en esencia, a un conflicto que puede ser tanto interior como externo, y generalmente se divide en drama, tragedia y comedia.

A su vez, el drama se subdivide en cuatro categorías principales: 1) de carácter, que mantiene por finalidad pintar el modo de ser de un personaje principal subordinándole todos los demás; 2) de costumbres, que tiene por objeto la pintura o la sátira de los usos y costumbres, y hasta el lado ridículo de la vida de un pueblo o de una sociedad; 3) de intriga, que expone una aventura en la cual los incidentes imprevistos y poco comunes se suceden hasta que ocurre el desenlace; 4) lírico, que posee por meta hacernos escuchar música o contemplar danzas.

Finalmente, están los ensayos, las búsquedas, el cine experimental, a través del cual el cineasta trata de hallar nuevos caminos para su creación, y frecuentemente hace más énfasis en la forma que en el contenido.

*Historiador y crítico cubano de cine. Colaborador de Prensa Latina.

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