Okologie, Vida de hoy

Guardianes de la Tierra, víctimas del Cambio Climático

Paradójicamente, aunque en sus manos yace la posibilidad de salvar el Planeta, son ellas, las comunidades indígenas del mundo, las mayormente afectadas por el calentamiento global generado por los países industrializados.


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Miriam Valero


Mientras una parte de la sociedad terrestre consume sin mesura, contamina con sus industrias y contribuye cada día más a empeorar la situación del planeta, hay otra parte del mundo que lleva miles de años protegiendo el medio ambiente y los ecosistemas del mundo.

Los más de 370 millones de indígenas que viven en las regiones naturales vírgenes de la tierra tienen una doble condición frente al cambio climático: son las principales víctimas del mismo, sin haber contribuido a él, y a la vez, son los guardianes fundamentales que el planeta necesita para frenar el calentamiento global y recuperar la armonía con los recursos del planeta.

Según el Foro Permanente de las Cuestiones Indígenas de las Naciones Unidas, las comunidades indígenas ocupan un 20% de la superficie terrestre y los lugares de asentamiento suelen coincidir con grandes reservas naturales y pulmones del planeta,  que contrarrestan la sobreexplotación hecha otras zonas por ‘el hombre blanco’.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), aproximadamente el 80% de la biodiversidad mundial existente hoy se encuentra en los territorios donde residen estos pueblos.

Así, los indígenas con su forma de vida han conseguido conservar las zonas naturales en las que viven sin perjuicio de los ecosistemas.

Pero su huella ecológica parece invisible pues, generalmente, los análisis sobre efectos del cambio climático les deja al margen.

Estos se centran en las consecuencias que este tiene en el planeta y en el entorno, pero no fijan su atención en los efectos socioeconómicos que ya son una realidad y de los que están siendo principales testigos y víctimas las comunidades indígenas.

En los últimos años, estos grupos humanos están viendo afectada su subsistencia por sequías, subidas del nivel del mar, cambios en su salud y en el comportamiento de los insectos, modificaciones de los ciclos milenarios de sus cultivos.

Aunque organismos internacionales como las Naciones Unidas afirman que el cambio climático “pone en peligro la existencia misma de los pueblos indígenas, ya que para muchos de ellos es ya una realidad”, la comunidad internacional poco los tiene en cuenta.

Sin embargo, los indígenas son quienes poseen  el conocimiento del entorno y algunos pueblos han desarrollado sus propios métodos para enfrentarse al cambio climático.

Cambia el Amazonas

Es en la selva de esta región suramericana donde el cambio climático es más evidente. Por ello, este – el bosque tropical más extenso del mundo – poco a poco se está transformando en sabana debido a la tala de árboles.

La deforestación y la separación de los trozos de bosque de esta zona de América Latina están disminuyendo notablemente el número de árboles, lo que impide que el carbón liberado a la atmósfera ya no sea absorbido. Así surgen los cambios en los climas y en las estaciones, produciéndose luego las intensas sequías de la región y que afectan a los diferentes 400 grupos de indígenas que viven en la selva.

Según la Organización No Gubernamental Survival, la comunidad indígena Yanomami de la Amazonía brasileña ha notificado ya que el patrón de lluvias en la selva ha cambiado.

Otros indígenas de la Amazonía relatan en estudios cómo las sequías y el ascenso de las temperaturas están afectando gravemente a sus cultivos, ya que el calor se extiende hasta horas mucho más tardías en el día, lo que hace que no descienda la temperatura y ni que germinen bien las plantaciones agrícolas.

Este hecho incide directamente sobre la alimentación de estas comunidades, pues empiezan a carecer de alimentos básicos para su subsistencia. Y, por otro lado, las especies salvajes con las que conviven y de las que tienen que protegerse también están empezando a comportarse de forma diferente.

Por ejemplo, los indígenas de la selva amazónica colombiana viven a una distancia calculada de los mosquitos que transmiten la malaria, distancia que ahora con el cambio en las temperaturas se ha modificado, por lo cual los insectos actúan de forma diferente, por lo que les es más difícil prevenir sus picaduras y tratarlas.

A ello se suma el que otras enfermedades derivadas de las altas temperaturas se están extendiendo y empeoran su salud: cólera, malaria, fiebre del dengue, enfermedades respiratorias e intestinales… y otras afecciones nuevas que están apareciendo.

Es decir, el hábitat de los indígenas, sus cotidianeidad y salud, el ecosistema que les rodea… se han trastornado… Una prueba del daño del cambio climático en el Amazonas, a su selva, y que perjudicarán a toda la población, pues éste es el pulmón verde regulador del clima mundial.

Llegando a Perú

Las comunidades indígenas que residen los Andes peruanos también ven cómo su territorio es uno de los más afectados por el aumento de la temperatura media terrestre: lo que perturbará a 5.800 comunidades indígenas, y otros 9 millones de personas que residen en este país del Cono Sur.

Según los informes de la FAO sobre el cambio climático en esta zona, así como en lo que se refiere a toda la amazonía uno de los grandes impactos es la magnificación de los efectos de El Niño, un fenómeno climatológico de Perú y otras naciones sudamericanas, que cada año genera climas con diluvios y sequías muy pronunciadas… En los últimos años las inundaciones y profundas sequías han acabado la vida de miles de personas y desplazado a centenares de miles de campesinos.

El agua es otro de los bienes comprometidos de la zona. El incremento de la temperatura terrestre pone en peligro las capas de hielo y nieve que, al derretirse, abastece de agua a las comunidades del altiplano. Así, cuando se derritan totalmente las zonas, no se dispondrá de más agua.

Este hecho, en el peor de los casos se calcula que acabará con el autoabastecimiento alimentario que las comunidades realizan desde hace siglos.

La fundición de las capas de hielo, además, afecta también a la alteración de la circulación atmosférica, que modifica el ritmo y la frecuencia de nevadas y precipitaciones. Así, se estima que para 2050 la disponibilidad del agua en Perú se reducirá a la mitad.

El rol ancestral

Muchas de las comunidades indígenas del mundo ya están encontrando soluciones y se han adaptado a las nuevas características climáticas y terrestres por lo que pueden desempeñar un papel fundamental ayudando a la adaptación mundial al cambio climático.

La FAO ha documentado como en Perú, los indígenas descubrieron cómo durante unas heladas sin precedentes sólo sobrevivieron las patatas plantadas de forma tradicional, lo que les permitió alimentarse y sobrevivir.

En Honduras, las comunidades idearon una forma de evitar la pérdida de cultivos por los cada vez más frecuentes desastres naturales en la zona. Para poder alimentarse, comenzaron a sembrar bajo los árboles, permitiendo que las raíces de los cultivos se aferren mejor al suelo y puedan ser recogidos.

Asimismo, en otras regiones de América Central, América del Sur y el Caribe se están desplazando los cultivos agrícolas a nuevas localidades, menos susceptibles a condiciones climáticas adversas.

Por ejemplo, los indígenas de Guyana, han comenzado a hacer desplazamientos nómadas y dejan sus hogares en la sabana para trasladarse a zonas forestales en las épocas de sequía. Además, han comenzado a aprovechar las planicies aluviales para plantar mandioca, su alimento básico, ya que normalmente son demasiado húmedas para otros cultivos.

Desafortunadamente, la comunidad internacional no aprovecha ese conocimiento y más bien las ataca.

Así lo ha denunciado Survival en un informe donde señala que en Brasil los cultivos de biocombustibles, que son la bandera contra la contaminación de los combustibles fósiles, están siendo plantados en muchas de las tierras ancestrales de los pueblos indígenas, particularmente en los terrenos de los guaraníes.

Se estima que de seguir a este ritmo, 60 millones de indígenas perderán sus tierras y sus cultivos ancestrales, que hasta ahora han conservado intactas las zonas, bajo la premisa de la comunidad internacional de combatir el cambio climático.

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