En Foco, Opinión

¿Dónde están los hooligans?

“El deporte serio”, como dice George Orwell en “El Espíritu Deportivo” (1945) “… está ligado al odio, los celos, la presunción, la indiferencia a las reglas y a un placer sádico de presenciar violencia”.

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Ben Stupples


A pesar de que este ensayo de Orwell fue publicado por primera vez en los últimos días de la Segunda Guerra Mundial, su perspectiva cínica en cuanto al deporte competitivo y su entorno, particularmente en medio de fanáticos fieles del fútbol, puede considerarse todavía como una observación válida.

Como menciona Orwell: “Lo importante no es el comportamiento de los jugadores, sino la actitud de los espectadores”.

Los actos vandálicos en el fútbol, conocidos como hooliganism, surgieron como un problema serio de la sociedad dentro de la historia inglesa reciente durante la década de 1970 y 1980.

Los hinchas solían pelear regularmente antes, durante y después de los encuentros, equipados con cualquier tipo de instrumento peligroso para atacar y vencer a los hinchas contrarios: botellas, cuchillos, barras de hierro, navajas, incluso losas de concreto.

Amargas, aunque relativamente inofensivas, las rivalidades que siempre han existido entre los clubes de fútbol (y que siempre existiraa), explotaron posteriormente a lo largo de este período, lo cual llevó a los hooligans ingleses a volverse cada vez más peligrosos y perjudiciales para el fútbol.

El 29 de mayo de 1985, por ejemplo, durante la final de la Copa de Europa entre la Juventus y el Liverpool, 39 hinchas de la Juventus murieron aplastados –un evento que provocó la sanción de todos los clubes ingleses al prohibírseles la participación de toda competencia europea hasta 1990 (Al Liverpool se le sancionó un año más).

Las barras bravas organizadas, intrépidas y sedientas de pelea ligadas a clubes de fútbol inglés tales como la Red Army del Manchester United o la Yid Army del Tottenham Hotspur (nótese los nombres que aluden a la violencia: army-ejército) fueron las partidarias de actos vandálicos en el fútbol y de su cultura destructiva.

Efectivamente, para algunos la aglomeración de violencia durante los juegos se convirtió en una droga: “Voy a un juego por una sola razón: la riña”,  declaró “Frank”, un camionero de 26 años y confeso hooligan de la Red Army, al ser entrevistado en 1974.

“Es una obsesión” explicó, “No puedo dejarla. Siento tanta satisfacción cuando me uno a una pelea que casi me mojo los pantalones”.

Con su deseo compulsivo por la violencia, los hooligans extremos como “Frank” pueden ser considerados, por aquellos que no están involucrados en sus ‘atípicas comunidades’, como fanáticos, palabra proveniente coincidencial e irónicamente, del término fan.

Sin embargo, gracias al amplio esfuerzo policial a lo largo de los últimos veinte años para prevenir el vandalismo en el fútbol, las barras de clubes y sus problemáticos seguidores no están tan difundidos hoy  a como lo estaban unas tres o cuatro décadas atrás.

“Es como ser un drogadicto o un alcohólico”,  como afirma “John”, actual miembro de la barra del Coventry City llamada The Legion; “Eres adicto a eso”.

Un funcionario superior de uno de los clubes de fútbol más prominentes de Londres sostiene que el vandalismo en el fútbol también existe en la actualidad cuando contó a The Observer en el 2010: “Si alguien cree que ya no existe, está siendo muy ingenuo.

La Internet es un medio fácil para organizar reuniones.

Es violencia de pandilla que se adhiere al deporte. Es iluso pensar que el fútbol no da pie a alborotos, porqué sí lo da”.

Ciertamente, Londres ha sido testigo de dos incidentes serios de vandalismo en el fútbol entre clubes rivales durante la última década: luego de que el Chelsea y el Tottenham Hotspur empataran 3 a 3 en los cuartos de final de la FA Cup el 11 de marzo del 2007, se dio un “altercado” (Metro) entre los hinchas de cada club. Al menos 10 personas resultaron apuñaladas.

Asimismo, antes del partido de la segunda ronda de la Carling Cup entre el West Ham United y el Millwall el 25 de agosto del 2009, un hombre resultó herido cuando la Inter City Firm del West Ham United y los Bushwackers del Millwall reanudaron quizá la rivalidad entre barras bravas más cargada de heridas y de sangre del fútbol inglés.

En este sentido, los clubes de fútbol inglés aún proporcionan un escenario para el vandalismo.

Sin embargo, en el extranjero, debido a que Inglaterra fue amenazada con ser expulsada de la Euro 2000 por los problemas causados por los hooligans ingleses durante dicho torneo (lo cual llevó al entonces Primer Ministro Tony Blair a disculparse públicamente por el comportamiento de estos), los hinchas ingleses han mejorado su reputación de forma considerable.

Como comentó por ejemplo Ollie Holt, escritor principal de deportes para el Daily Mirror, en Twitter durante la Euro 2012: “Los seguidores de Inglaterra han dado (sic) buena imagen al país durante este torneo. Las escenas de la Euro 2000 parecen haberse dejado atrás”.

No obstante, ¿por qué tantos hombres (generalmente entre los veinte y los treinta años de edad) se ven atraídos por estos actos vandálicos en el fútbol en primer lugar?

Anhony King, profesor de sociología de la Universidad de Exeter, brinda una posible explicación, al identificar el ambiente futbolístico dominado por hombres como  una oportunidad para formar y definir su sentido propio de masculinidad: “A través del apoyo a un equipo de fútbol” argumenta, “el fan masculino reafirma su estatus de hombre (a los ojos de sus iguales y de sí mismo) y también defiende la naturaleza de esa hombría”.

Además, en cuanto a por qué los hooligans tienden fácilmente a la violencia, los sociólogos Eric Dunning, Patrick Murphy y John Williams reconocen la mentalidad de muchedumbre alborotada como un factor significativo: “durante un partido […] (los hooligans) tienen la posibilidad de actuar de muchas formas mal vistas por las entidades oficiales y por muchos individuos respetables de la sociedad” afirman.

“El juego también puede generar niveles altos de emoción y la concentración de esta emoción es una lucha […] entre los hombres de ambas comunidades”. Todos los cánticos ofensivos dirigidos a los hinchas contrarios, y todas las peleas violentas son, pues, un intento para dominarlos como en una batalla simulada – un argumento apoyado en el hecho de que las barras bravas “marchan” hacia los encuentros.

Estos hooligans – como sugieren Dunning, Murphy y Williams – suelen ser hombres quienes son (o han sido) “discriminados” en el ambiente laboral o en centros educativos; suelen carecer de un sentimiento de identidad y, por tanto, a pesar de que no lo admitirían, también de confianza en términos de reputación social a lo largo de la sociedad.

Sin embargo, entre los círculos internos de las barras bravas, estos hombres pueden subir escalones desde una posición inferior en una estructura jerárquica y llegar a ser respetados por los compañeros miembros de su comunidad.

Con el uso de la violencia como medio principal para alcanzar este estatus, no obstante, el ascender posiciones en una barra brava es en definitiva un proceso destructivo – una noción ejemplificada por Jason Marriner, un antiguo cabecilla de los Headhunters del Chelsea, quien actualmente está sirviendo una sentencia de dos años en prisión por su “papel fundamental” (The Sun) en los hechos violentos tras el partido del Chelsea contra el Cardiff City en la quinta ronda de la FA Cup en febrero del 2010. *

Si se compara el nivel actual de vandalismo en el fútbol con la histeria propagada a lo largo del fútbol inglés durante las décadas de 1970 y 1980, puede parecer que haya desaparecido relativamente.

Sin embargo, aún hay una fuerza activa en el fútbol; un problema con el cual se necesita lidiar todavía. En efecto, como comentó un hooligan recientemente: “Siempre hay un grupo de veinte, treinta o cuarenta muchachos jóvenes a la vista quienes están lo suficientemente interesados como para comenzar una sección nueva de una legión”.

Incluso durante las últimas semanas, hechos vandálicos han acaparado los titulares: luego de la derrota de Inglaterra ante Italia (0-1) en los cuartos de final de la Euro 2012 el pasado 24 de junio, “hubo un desorden” (BBC News) cuando unos ciento cincuenta hinchas ingleses atacaron a sus contrapartes italianos.

En este sentido, tristemente, la lucha por detener el vandalismo en el fútbol aún no termina.

No obstante, ya que se conocen sus causas principalmente dentro del ámbito académico y de las autoridades futbolísticas, ¿se podría idear alguna manera eficaz para combatir sus consecuencias destructivas de una vez por todas? Si se puede, tal vez la triste observación de George Orwell sobre el comportamiento de los hinchas del deporte puede que no vaya a seguir siendo tan pertinente en el fútbol en el futuro.

*En 2000, Marrimer también fue sentenciado a seis años de cárcel tras haber sido hallado culpable de “conspirar para cometer disturbios violentos en un partido entre el Chelsea y el Leicester City”. (The Telegraph)

(Traducido por Sofia Edwards –  Email: sofia83edwards@gmail.com )

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