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La barbarie oculta de Diego García

 

– Una larga lucha por volver a casa –



Entre 1968 y 1973 el Reino Unido expulsó forzosamente a toda la población indígena de la isla de Diego García para así poder instalar una base militar estadounidense.

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Leslie Porter


Situado a medio camino entre África y Asia en el océano Pacífico, Diego García es una de las 65 islas que componen el archipiélago de Chagos. Alrededor de dos mil personas habitan estas islas, y la mayoría de ellas se encuentran en Diego García.

Se conocen como los Ilois, aunque actualmente se les denominan los isleños de Chagos o chagosianos. La ascendencia de los isleños se remonta a la época colonial francesa cuando el gobierno francés llevó esclavos provenientes de Mozambique y Madagascar para trabajar en las plantaciones de coco.

Después de la caída de Napoleón en 1815, quedó bajo dominio británico. Gran Bretaña introdujo a los indios en la isla y los habitantes se convirtieron al catolicismo, y veinte años después, en 1835, se abolió la esclavitud.

Desde entonces, Diego García se convirtió en una próspera isla con una población trabajadora y una industria sostenible.

La expulsión forzosa de los Ilois fue tanto ilegal como verdaderamente violenta. El Reino Unido y Estados Unidos bloquearon la isla de una manera muy eficaz, parando todos los barcos que traían comida y dando lugar a la hambruna.

Comenzaron a circular rumores de que la isla podría ser bombardeada y la división aérea estadounidense comenzó a volar a baja altura sobre la isla haciendo creer a los habitantes que el bombardeo era inminente.

Quizás, la táctica más espeluznante empleada por el Reino Unido y los Estados Unidos fue la destrucción sistemática de la población canina de las islas que alcanzaba el millar.

Los perros eran de vital importancia para los Ilois. Eran mascotas muy queridas, compañeros de cacería y una fuente de entretenimiento y diversión para los niños de las islas. Bajo las órdenes de Sir Bruce Greatback, el gobernador colono de las Seychelles (1969-1973), los perros primero fueron envenenados y los restantes agrupados y gaseados.

Aquellos que escaparon fueron golpeados hasta morir. Luego los amontonaron en una hoguera y les prendieron fuego, algunos de ellos seguían vivos mientras las llamas los envolvían.

Los Ilois tuvieron que escuchar los quejidos y alaridos de sus amadas mascotas, desmoralizando el espíritu de resistencia contra la deshumanización y el robo que estaban sufriendo por parte de sus antepasados.

Robin Mardemootoo, el abogado mauritano de los isleños, manifestó que los Ilois “estaban absolutamente destrozados por el final que habían sufrido sus perros y muchos de ellos me dijeron que estaba muy claro que si ellos se oponían de alguna manera a la despoblación, ellos sufrirían el mismo destino”

Agruparon a los Ilois y los embarcaron en un buque que partió hacia un viaje de casi 4.100 kilómetros de distancia. Obligaron a los hombres a apiñarse en el puente de mando bajo unas condiciones atmosféricas muy adversas, mientras que enviaron a las mujeres y los niños la bodega. Durante cinco días, se alimentaron a los caballos dejando a la gente sin comer. A su llegada a la isla Mauricio, dejaron a las personas en el puerto como si fueran parte del cargamento y abandonados a su suerte.

Cassam Uteem

El ex presidente de Mauricio, Cassam Uteem, que apoya la causa de los Ilois dijo “que estaban muy aterrorizados y desconcertados. Algunos acamparon en el puerto esperando que el barco volviera y los llevara a casa de nuevo. No había ningún oficial británico para facilitarles el camino, incluso siendo ciudadanos británicos”.

Los Ilois fueron enviados a un complejo de viviendas abandonado en Beau Marchand, deplorablemente inhabitable. Las cabras ocupaban las habitaciones y no había ni electricidad ni agua corriente.

En  1975 el número de muertes empezó a incrementarse al morir 26 familias por la pobreza en la que se encontraban y al producirse nueve suicidios. Se obligaba a las chicas más jóvenes a prostituirse para pagarse la comida.

En 1978, se les ofreció a los isleños una compensación de 650.000 libras. Después de las protestas que incluyeron huelgas de hambre y muchas manifestaciones fuera del Alto Comisionado Británico en Port Louis, la compensación ascendió a 4 millones de libras, menos de la mitad necesaria para la supervivencia de toda la población.

Si comparamos esto con el gasto de 2 billones de libras que se dieron a los isleños de Falkland por la amenaza de despoblación por parte de Argentina, podernos llegar a la conclusión de que aunque ambos eran ciudadanos británicos, la única diferencia existente es que una isla estaba habitada por personas de color y la otra no.

Hoy en día hay 4.000 Ilois viviendo en Mauricio. En Diego García se estima que hay 40 británicos, 1.000 militares estadounidenses y 2.400 trabajadores de apoyo.

Los Estados Unidos han lanzado ataques desde la isla contra objetivos en Irak y Afganistán, y se cree que sospechosos de terrorismo están detenidos y son torturados en la isla.

Los Ilois entienden y aceptan que nunca podrán volver a Diego García por la base aérea americana, pero tienen la esperanza de poder volver a otra de las islas que comprenden el archipiélago de Chagos.

Los Estados Unidos se oponen a esto ya que insisten que violaría la seguridad.

Aunque en el año 2000 el Alto Comisionado Británico concedió  a los Ilois el derecho de volver a casa, en el 2004 el gobierno laborista de Tony Blair apeló dos órdenes en el consejo bajo la Prerrogativa Real prohibiendo la vuelta a casa de los Ilois para siempre.

En el 2006, las altas cortes anularon el decreto de 2004 pero hasta la fecha los Ilois todavía siguen luchando por su derecho de volver a su verdadera casa.

(Translated by Paula Pagán – Email: paula.pagan.soriano@gmail.com)

 

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