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La crisis: Se jugó con lo que no se tenía y que era de otros

Se trata de un asunto de ética y de falta de escrúpulos.  El  escándalo en Barclays pone nuevamente en tela de juicio la regulación de la banca y al sector de las finanzas en general.

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Nuria Riutord Lleonart


El Libor, o lo que es lo mismo: el interés medio al que los bancos en el Reino Unido se prestan dinero para llevar a cabo actividades diversas, ha sido determinante, por ejemplo, en la vida de muchos ciudadanos con una hipoteca sobre sus hombros, ya sea aquí o en los países en los que funciona el Euro, donde se le denomina Euribor.

Pero no queda en eso su relevancia. Al servir para calcular el dinero que tiene que pagar una entidad financiera para pedir prestado a otra en cada determinado momento también es tomado como referente para determinar la fiabilidad de ese banco.

Los expertos calculan que transacciones internacionales, permutas de tasas de interés o todo tipo de préstamos por valores que pueden superar el centenar de trillones de libras se establecen de acuerdo a este valor, el Libor.

Por haber manipulado ese dato durante años, la entidad financiera Barclays fue multada el pasado 27 de junio por diferentes organismos oficiales: la Autoridad de Servicios Financieros del Reino Unido, y, en Estados Unidos, la comisión de comercio en futuros sobre mercancías y el Departamento de Justicia.

El total de la multa alcanza los £290 millones, cifra sin precedentes al igual que la magnitud del escándalo que supone haber mentido sobre lo que le costaba a la entidad tomar prestado dinero de otros bancos entre los años 2005 y 2009.

Las consecuencias que pudo haber provocado son incalculables. Un cambio de un decimal en la cifra del Libor puede suponer una variación de millones de libras.

Al poco tiempo de hacerse público este escándalo la cúpula directiva de Barclays dimitió.

Ni ética ni moral

Medios de todo el mundo hacen eco de lo sucedido y surgen, una vez más desde que empezó la actual crisis económica, muchas preguntas sobre si el sistema financiero está suficientemente regulado.

Eso por un lado. Por el otro, está la pregunta de si existe moralidad en la banca.

Los participantes del juego del dinero saben que detrás de sus acciones hay graves consecuencias  que pagan otros.

Y más importante aun ¿qué hacen los estados para proteger a esos “otros”, los ciudadanos comunes, que poco tienen que ver o incluso ni conocen el problema pero que se han visto envueltos en una cruda crisis que reduce más y más sus condiciones laborales y su calidad de vida?

Por ello es importante esclarecer y establecer cuál ha sido el papel del Banco de Inglaterra en estos sucesos.

Esto es porque el problema en el sistema financiero tampoco yace sólo en La City de Londres, considerada el centro financiero mundial.

Coincidencial y, paralelamente, al escándalo de Barclays, en España se hacia responsable a los principales directivos de Bankia, una entidad considerada la cuarta del país cuya implicación en la burbuja inmobiliaria ha tenido como resultado la acumulación de una deuda tan grande que ha requerido su nacionalización parcial.

Son solo dos casos, el de Bankia y el de Barclays – recientes mas no los primeros –  y todo parece indicar que no serán los últimos de una gestión deshonesta, corrupta e inoperante.

Sin duda, a medida que los años de crisis van sucediéndose y haciéndose más duros para la mayoría de la ciudadanía, se puede deducir que gran parte del problema es la falta de escrúpulos de los que están al mando.

Los es porque al llegar a los sillones del poder pierden de vista que no son simplemente números lo que se maneja sino que la vida de millones de personas puede verse afectada por las decisiones que toman.

Y, cuando el resultado de esas acciones es negativo, no pagan de manera justa por ello, como cualquier otro civil tendría que hacerlo, sino que esquivan su responsabilidad, siguen con su vida normalmente y hacen que paguen y se sacrifiquen los no culpables.

La normativa debería  ser más dura para ellos. Pero estamos en una economía capitalista de mercado “hiperglobalizada” y no existe una legislación acorde a ella.

La actual, tras la aparición de un nuevo ejemplo de falta de integridad, demuestra, una vez más, que está desfasada.

Y, contrariamente, la gente común está pagando las consecuencias de la crisis.

Muchos son los gobiernos que han tenido que imponer medidas de austeridad debido a la crisis y consecuentemente han tenido que pedir a su pueblo que haga un sacrificio para salir de la actual situación.

Entonces, la población se ve forzada a trabajar más por menos dinero, incluso hay países, como España, que ven cómo el 50% de los menores de 25 años está sin trabajo.

Las cifras globales de desempleo que se registran en Europa en los últimos no dejan de alcanzar nuevos récords. La última encuesta publicada indica que hay un 11.1% de desempleados en la Eurozona.

Ello significa un punto más en los países externos, donde el desempleo afecta a casi 25 de millones de personas.

Una peligrosa situación de la que no escapa Gran Bretaña, pese a haber mantenido la Libra como moneda. Su desempleo se queda es de un 8,2%, pero a nivel juvenil sigue siendo un problema, con altibajos cada vez más notables.

Para poder salir de un problema complejo hay que saber identificarlo desde la raíz y en el caso de la turbulenta situación económico-financiera de los últimos años parece encontrarse en la falta de principios o moralidad.

Se ha jugado con lo que no se tenía y con lo que era de otros para obtener beneficios para unos pocos. Y Barclays es un ejemplo de ello.

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