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¿Caída del euro? Europa y el populismo anti migratorio

Los ministros de Interior de la UE han dado el primer paso para reformar el Tratado de Schengen, que establece la libre circulación de personas, para poder cerrar las fronteras contra la inmigración. El Reino Unido y otros países hacen planes ante la amenza de grandes movimientos migratorios si, finalmente, el euro cae.

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Miriam Valero


“Los vientos del populismo están afectando un logro clave de la integración europea: la libertad de movimientos de las personas. En este espacio no hay lugar para la estigmatización de los extranjeros, como ocurre en ciertos países hoy día”.

Así alertó el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, hace unas semanas de cómo la demagogia y el miedo al extranjero defendido por la derecha más radical estaba comenzando a afectar a las políticas y a las decisiones de la Unión Europea.

Hasta ahora, el populismo que señala a la inmigración como una amenaza y la usa para aumentar la sensación de miedo en la población, había sido utilizado sin rubor en los discursos de algunos dirigentes de la unión.

Un ejemplo es la última campaña electoral del ya ex presidente Nicolas Sarkozy en Francia en la que pidió que se cerraran las fronteras de Francia para proteger de la inmigración a los pobres del país.

Sin embargo, el temor al otro ya no sólo se esta usando en los discursos para que este pueda calar en los idearios de los ciudadanos, sino que es una amenaza que comienzan a sentir los estados.

En este sentido tanto la Unión Europea como los países de forma independiente están comenzando a protegerse aprobando medidas políticas que miran hacia las fronteras.

El Consejo de Ministros de Interior de la Unión Europea ha decidido este mes de forma unilateral, sin el apoyo de la Comisión Europea, reformar el Tratado de Schengen, que permite la libre circulación de personas en la unión, para poder imponer controles fronterizos con mayor facilidad cuando un Estado lo considere oportuno.

Con esta medida, con la que se mostraron de acuerdo los 26 miembros, los gobiernos nacionales recuperan el poder de cerrar sus fronteras sin contar ni con la Comisión ni con el Parlamento, lo que estas instituciones han considerado un ataque contra los pilares de la UE.

Hasta ahora, el Tratado de Schengen incluía un capítulo en el que se permitía suspender de forma excepcional la libre circulación de personas ante determinados acontecimientos que puedan poner el peligro el orden público, por ejemplo eventos deportivo o políticos.

Sin embargo, la novedad de lo aprobado por los ministros de la UE es que se permite instaurar controles en las fronteras durante un año, seis meses más otros seis prorrogables, por motivos migratorios como circunstancias excepcionales frente a la inmigración irregular.

Mientras los países que se adhirieron a Schegnen dan los primeros pasos para volver a cerrar sus fronteras, otros países como Reino Unido ha afirmado estar preparando un plan para frenar una eventual inmigración masiva si el euro fracasa y se comienza a ver a la isla británica como la tabla de salvación con la libra esterlina.

En este sentido, la ministra del Interior británica, Theresa May, en declaraciones a The Daily Telegraph ha señalado que es “difícil decir cómo se desarrollarán las cosas en las próximas semanas” y apuntó que se podrían imponer restricciones como visados para trabajar en el país.

Igual que Reino Unido, altos cargos señalan que otros países de la Unión Europea han empezado a prepararse por si lo peor ocurre y están diseñando planes de emergencia nacionales en los que se incluiría medidas como la suspensión total de Schengen.

Antecedentes

La campaña a favor de los cierres de fronteras comenzó de la mano del expresidente francés, Nicolas Sarkozy, y de su homólogo italiano, Silvio Berlusconi, apoyados por la canciller alemana Ángela Merkel.

El año pasado pidieron al parlamento modificar el tratado para cerrar las fronteras en caso de una afluencia masiva de inmigrantes, como afirmaban que estaba ocurriendo en ese momento con los refugiados que estaban llegando a Europa desde las revueltas de la Primavera Árabe.

En este momento, el Parlamento Europeo se impuso, y señaló que la llegada de inmigrantes y refugiados a la UE no era motivo suficiente para redactar de nuevo Schengen.

También el año pasado, por primera vez, un país de la UE, Dinamarca, ignoró de forma unilateral Schengen e inició la construcción de puestos aduaneros en su frontera con Alemania y Suecia contra la criminalidad que se introducía en el país.

Sin embargo, esta medida que fue aprobada por la entonces coalición gubernamental formada por los liberales, los conservadores y el partido extrema derecha Partido del Pueblo Danés (PPD), ha sido frenada por la nueva presidenta socialdemócrata del país,  Helle Thorning-Schmidt, que ha prometido ablandar la dura política migratoria impuesta por el gobierno.

De este modo, en una Europa en la que el capital fluye globalmente, golpeando y determinando la política de los países, sin restricción, los gobiernos sí que regulan y cierran sus fronteras a la libre circulación de las personas, ante la amenaza de la llegada de “otros”.

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