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México: resistencia indígena contra Hochschild Mining

La empresa, cuyo centro de operaciones se establece en Londres, pretende extraer oro y plata mediante el proyecto denominado “Corazón de Tinieblas”.

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Foto: Jesús Rodríguez

Jesús Rodríguez Montes


En la Montaña de Guerrero, sureste de México, habitan indígenas que, segun el Programa de las Naciones Unidas Para el Desarrollo (PNUD), forman parte de los núcleos poblacionales más pobres de todo el mundo.

Ejemplo de ello es el municipio de Cochoapa el Grande, de la etnia Ñu Savi, cuyo nivel de desarrollo es el más precario de toda América Latina.

La pobreza en estos territorios indígenas es inocultables: las vías de comunicación son deficientes, los centros de salud no cuentan con lo elemental: médicos y medicinas, la desnutrición abruma a muchos niños de pancitas infladas que andan descalzos, los adultos no cuentan con fuentes de empleo, no hay escuelas ni maestros… Y el abandono de los gobernantes viene de muchísimos años atrás.

Son territorios que padecen la contradicción de ser pueblos pobres establecidos en un medio ambiente rico.

En torno a ellos, los recursos naturales abundan: agua, flora y fauna. Esa condición los ha convertido en el blanco de grandes empresas que tienen sus oficinas en las grandes ciudades y gracias al poder que otorga el dinero, se introducen en las comunidades, persuaden a los lugareños y empiezan a explotar los bosques y los recursos hídricos, sin el mínimo cuidado para no dañar el entorno.

Foto: Jesús Rodríguez

Precisamente, desde hace un par de años, en 2010, sobre estos pueblos han fijado su interés poderosos consorcios de la industria minera mundial que han detectado que bajo los pies de los pobres, está el oro, la plata, el zinc y el hierro.

Y para obtener esos metales, deben, tienen que desplazar a los indígenas de La Montaña de Guerrero.

Corazón de tinieblas

Lejos, muy lejos, a muchísimos kilómetros de distancia, la empresa minera Hochschild tiene su principal centro de operaciones en Londres, Inglaterra.

Esta empresa que se define, según consigna en su página de Internet, como “líder en producción de metales preciosos en las Américas con un enfoque principal en oro y plata”, ha fijado su interés en los pueblos de La Montaña de Guerrero, donde pretende desarrollar el proyecto denominado “Corazón de Tinieblas”, a través de su concesionaria Minera Zalamera S.A. de C.V., que opera otros proyectos en pueblos indígenas de Chiapas y Oaxaca.

El documento “Títulos de Concesión Minera Expedidos entre 2000-2009” (emitidos por la Secretaría de Economía), especifica respecto al proyecto: contempla los municipios de Malinaltepec, Tlacoapa, Zapotitlán Tablas y San Luis Acatlán.

Foto: Jesús Rodríguez

Territorialmente, el proyecto está dividido en tres partes: Una primera, denominada “Corazón de Tinieblas”, en su mayor parte en Zapotitlán, dado en concesión desde 2005 hasta 2011 para exploración, en un área de 43 mil 700 hectáreas.

Y las otras, Corazón de Tinieblas Reducción Sur y Reducción Norte, con una extensión de 2 mil 800 y 3 mil 300 hectáreas respectivamente, concesionadas para reducción de 2009 a 2059.

La resistencia

Viajar deesde Londres a estos pueblos implica 10 horas de vuelo hasta Ciudad de México, y luego viajar por carretera durante muchas horas más. Para internarse ahí, hay que atravesar por un camino que está en pésimas condiciones y sobre el cual, desde noviembre de 2010, hay dibujos y escritos elaborados por manos de indígenas con expresiones de rechazo hacia los proyectos de extracción de minerales.

“¡Fuera mineras extranjeras!”, dice una pinta inscrita sobre una enorme roca y la imagen del rostro de Ernesto “El Ché” Guev

Foto: Jesús Rodríguez

ara refuerza esa posición contra los megaproyectos.

Estando ahí se siente y es visible el ánimo de defender el territorio que ha cohesionado a las comunidades en torno a una lucha que apenas empieza ya que la poderosa Hochschild, con el aval de las autoridades mexicanas, ha articulado su proyecto sin el consentimiento de los habitantes.

Asunción Ponce Ramos es integrante del grupo de coordinadores generales de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias (CRAC), el proyecto de justicia indígena más emblemático de México y mejor conocido como Policía Comunitaria, cuya sede se localiza en San Luis Acatlán.

Ponce, una mujer maciza y morena de 60 años, ha dejado claro no estar de acuerdo con el proyecto minero y ha lamentado que su gobierno nos les valore. “¿Cómo vamos a permitir que vengan personas de afuera y nos vengan a decir que esos proyectos no nos van a afectar? ¿Cómo vamos a permitir que vengan de otros países a destruir nuestra montaña?”.

Y es que los indígenas de este territorio no tenían conocimiento de los planes de Hochschild Mining, ha dicho Ponce.

Foto: Jesús Rodríguez

Se enteraron apenas en noviembre de 2010, cuando tres hombres que se identificaron como trabajadores de la empresa arribaron a las oficinas de la CRAC y les notificaron a los coordinadores que durante esos días, un helicóptero estaría sobrevolando los cerros de la zona.

Les entregaron una copia fotostática de un documento donde comprueban que, desde el 21 de octubre de 2010, Hochschild tiene la autorización de las autoridades mexicanas para estas operaciones, anuencia que obtuvieron través de la Dirección General de Geografía y Medio Ambiente del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI); y luego se marcharon para proseguir con su trabajo.

A decir de Ponce, la oposición de los indígenas, que ya se han articulado en un movimiento amplio para impedir el desarrollo de los proyectos, se debe a que los daños que ocasionará al medio ambiente serán irreversibles, además de que los habitantes tendrán que ser desplazados de sus tierras.

Un problema nacional

Esta pesadilla tambieen se vive en otros lugares de México donde los proyectos mineros, lejos de contribuir al desarrollo de los pueblos, sólo han ocasionado contaminación, desplazamientos y muerte.

México es uno de los países de América Latina con mayor potencial en cuanto a recursos minerales, principalmente oro. Por ello – según la Cámara Minera Mexicana, Camimex, – se ha incrementado la producción de este metal en un 100% durante los últimos cinco años, con proyectos emprendidos por empresas extranjeras.

De continuar el ritmo de explotación que mantiene la industria minera en México, en 10 años quedará destruido 30% del territorio nacional. Así lo han advertido diversas organizaciones civiles que se han sumados las protestas publicas.

Según los expresa Juan Carlos Ruiz Guadalajara, investigador de El Colegio de San Luis, e integrante del Frente Amplio Opositor a New Gold y Minera San Xavier, en una nota publicada el 24 de julio en el periódico La Jornada “si bien el método de explotación a cielo abierto ya existía desde mediados del siglo pasado, se ha extendido en los 20 años recientes a raíz de las crisis financieras que padecen diversas economías del mundo, principalmente de Europa y Estados Unidos, las cuales utilizan metales preciosos como refugio para sus inversiones”.

Po todo lo anterior, era inevitable que los indígenas de La Montaña de Guerrero hayan decidido organizarse y actuar para impedir la instauración del proyecto minero de Hochschild.

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