Derechos Humanos, Politika

¿Hay esqueletos en el closet de IKEA?

El gran fabricante de muebles sueco habría usado de forma forzada en los años 70 y 80 a presos políticos de la antigua Alemania comunista y a convictos de Cuba para fabricar sus productos. Así lo denuncian los presos que trabajaron en las cárceles y documentos del servicio secreto alemán oriental.


Miriam Valero


IKEA es la multinacional de fabricación de muebles más grande y más conocida del mundo.

La firma sueca ha desarrollado con éxito durante años campañas de marketing que la identifican con conceptos como la inocencia, la ingenuidad o la felicidad, que han conquistado a millones de clientes y les han reportado miles de millones en beneficios.

Sin embargo, todo este mundo de color inofensivo que IKEA ha sabido vender de si misma se ha vuelto gris y turbio después de las recientes informaciones sobre el modo en que ha fabricado algunos de sus muebles en el pasado para encontrar mano de obra barata y luego vender sus productos a muy bajo coste, la piedra angular de su éxito.

Según han revelado documentos de la antigua Stasi (la policía secreta de la extinta Alemania comunista) la empresa habría usado durante los años 70 y 80 a presos políticos de la antigua República Democrática Alemana (RDA) y a convictos cubanos para la fabricación de muchos de sus productos.

Los reclusos habrían trabajado en condiciones forzadas, como mano de obra esclava y sin retribución, fabricando algunos de los productos de más éxito de la compañía y que aún se siguen vendiendo hoy.

A comienzos de año, en mayo, el periódico germano Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ) tuvo acceso a documentos del archivo de la RDA que confirman que la empresa escandinava firmó un acuerdo con las autoridades de la Alemania oriental para trasladar la fabricación de algunos de sus productos a la zona así como a la isla cubana para usar mano de obra barata.

Estos contactos se habrían producido en 1987 entre empresas estatales de fabricación de muebles de la RDA e IKEA. De este modo, las empresas del estado usaban presos para la fabricación de muebles que posteriormente eran vendidos a IKEA. Dichos acuerdos también permitieron abrir a la empresa escandinava nuevas fábricas en el país.

Algunos de los ex directivos de las empresas de fabricación de muebles de la Alemania comunista han corroborado que los productos se realizaban en las cárceles y que la firma sueca estaba completamente al tanto de estas acciones.

No obstante, los ex jefes de las empresas germanas del este afirman que no eran trabajos forzados, sino que se les ofrecía una retribución por ello para ayudarles a volver a insertarse en la sociedad.

Esta versión se enfrenta a los testimonios de los ex presos políticos de la RDA que denuncian haber participado en la fabricación de los muebles en cárceles como la de Waldheim en Sajonia.

Según sus declaraciones, se sentaban junto a presos que habían cometido delitos para construir las diferentes partes de los muebles de la empresa sueca que luego serían algunos de los más vendidos y exitosos, como por ejemplo la estantería Billy.

Uno de esos presos fue Hans Otto Klare, recluido en Waldheim por intentar huir de la Alemania Oriental. En declaraciones a la televisión alemana WDR, relató las condiciones de trabajo esclavas a las que eran sometidos él y sus compañeros en un recinto con las ventanas cubiertas, con apenas descanso, sin seguridad y sin retribución.

Otros presos que trabajaron junto a Klare han afirmado no saber para quien trabajaban y haberse dado cuenta de que los elementos que producían eran para IKEA al encontrarse con la piezas en sus tiendas. Algunos de ellos ya han denunciado a la empresa sueca.

Cuba: más mano de obra barata

Junto con el uso de los presos políticos de la RDA, IKEA también sometió a prisioneros cubanos a trabajos forzados para la elaboración de sus muebles.

La estantería Billy

Al parecer, existía toda una realidad empresarial detrás del telón oficial entre los directivos de la Alemania oriental y los el régimen cubano, que poco a poco estrecharon relaciones en la década de los 70 y  mantuvieron relaciones comerciales con los actores y empresas capitalistas del momento hasta la caída el muro de Berlín. Entre ellas, IKEA.

Según revelan los documentos de la Stasi, también en 1987, empresas de la RDA viajaron a Cuba para cerrar el acuerdo de producción con la empresa cubana fabricante de muebles Emiat que estaba vinculada a cárceles del Ministerio del Interior cubano para producir sus productos.

En el contrato que finalmente se firmó con IKEA se contemplaba la producción en las cárceles cubanas de 4.000 partes de sofás y de unas 10.000 mesas infantiles y 35.000 mesas de comedor.

Los reclusos de las cárceles cubanas también trabajan en condiciones esclavas y muchos de ellos eran presos políticos.

¿Qué dice Ikea?

La empresa sueca ha afirmado no tener conocimiento de que se produjeran ninguno de estos hechos e informo en junio de la apertura de una investigación externa independiente que comenzará a analizar los hechos.

Ingvar Kamprad, fundador de IKEA.

Ikea ha señalado que condena el empleo de presos políticos y que “si esto ocurrió realmente, estaríamos ante algo totalmente inaceptable y profundamente lamentable”.

Sin embargo, los documentos de la Stasi reflejan al fundador de Ikea, Ingvar Kamprad, en otros términos diferentes. En ellos, afirma que desconoce “de forma oficial” el uso de prisioneros políticos para la fabricación de sus productos, pero que si se hubiese producido “en opinión de Ikea, se hubiera dado en interés de la sociedad”.

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