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Los ‘derechos’ de la mujer en la nueva democracia afgana

Con el gobierno de los talibanes mermado tras la invasión de los Estados Unidos a Afganistán, el  poder en manos de líderes militares muyahidines ha traído consigo aún más devastadoras restricciones y violaciones de los Derechos Humanos en Afganistán.


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Leslie Porter


Después del 11 de Septiembre, a pesar de las pruebas que apuntan hacia la implicación de saudís en los ataques, el gobierno de los Estados Unidos responsabilizó a los talibanes de las masacres que acabaron con la vida de  muchas personas inocentes.

Agentes de la CIA se reunieron con los líderes militares muyahidines, un grupo entrenado y financiado  por los Estados Unidos  como instrumento durante la Guerra Fría, para pedirles mediante sobornos que abandonasen la lucha entre ellos y declarasen la guerra a los talibanes.

Se dice que la CIA ha desembolsado alrededor de 70 millones de dólares en sobornos a estos militares desde el 11 de Septiembre. Y son estos militares los que ostentan el auténtico poder en la “nueva democracia” a través del miedo, la extorsión y el asesinato.

Bajo este nuevo yugo de opresión, mujeres y niñas están expuestas a nuevas amenazas de secuestro y violación, de los cuales los talibanes solían protegerlas.

A pesar de disfrutar de algunas libertades que les eran negadas con los talibanes, el derecho a sufragio es una cortina de humo que oculta la auténtica naturaleza del nuevo régimen en Afganistán. En las elecciones presidenciales de 2004, el 40% de los votos fue emitido por mujeres.

En la actualidad, según los datos de diversas agencias de información a escala mundial, el número es tan solo del 10%.

Durante las elecciones al Parlamento y a las Diputaciones Provinciales las candidatas femeninas fueron atacadas. En la provincia de Helmand se ofreció una recompensa de 4000 dólares por su asesinato.

El derecho de las mujeres a la Educación es tal vez peor ahora que bajo el mandato talibán. Las nuevas escuelas son arrasadas por el fuego en cuanto abren, y muchas mujeres y niñas son obligadas a permanecer en sus casas, apartadas de la educación  o de un empleo por su propia seguridad.

En la ciudad Occidental de Heart, las mujeres tienen prohibido conducir, y son arrestadas si las descubren conduciendo sin ser acompañadas por un hombre de su familia.

Aquellas  que viven fuera de las grandes ciudades, donde las fuerzas talibanes castigaban los delitos contra las mujeres, tienen ahora poca o ninguna protección frente a los líderes muyahidines, que con frecuencia consienten la violación y asesinato de mujeres, niñas y niños.

La Asociación Revolucionaria de Mujeres de Afganistán (en inglés RAWA) afirma que en cierto modo, estaban más seguras con los talibanes. “Podías cruzar Afganistán por carretera y sentirte segura. Ahora nos jugamos la vida.”

Este hecho se agudiza con la noticia de dos niñas que, caminando hacia la escuela, fueron secuestradas, violadas, asesinadas y sus cadáveres fueron tirados en la puerta de sus casas para que sus familias las encontrasen.

Otro caso espeluznante habla de cómo 35 mujeres, algunas con niños, saltaron a un río y murieron para salvarse de ser violadas por líderes muyahidines.

Los perpetradores de estas atrocidades, financiados por los Estados Unidos, están echando por tierra los argumentos americanos que defienden  que Afganistán ha entrado en una nueva Era de Democracia.

Con los talibanes fuera del poder, los derechos de las mujeres parecían encaminarse hacia una inclusión social y económica en el futuro de Afganistán.

Con la llegada de estos militares, que cometen delitos contra las mujeres con total impunidad y que están respaldados por los Estados Unidos,  parece que  queda por delante mucho por hacer  a los movimientos en favor de los derechos de la mujer en la “Nueva Democracia” de Afganistán.

(Traducido por Marta Polo)

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