Derechos Humanos, Globo, Latinoamérica, Politika

Mujeres colombianas, sobrevivientes del conflicto

Son una de las principales víctimas del conflicto armado interno y sus secuelas, como el desplazamiento, la exclusión social, la violación, la impunidad y la violencia en sus distintas manifestaciones.

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Alberto Corona


Estadísticas recientes revelan la magnitud de un fenómeno muchas veces oculto, pero cuya realidad tiene un hondo impacto en el entramado sociopolítico, económico y cultural del país.

Fuentes especializadas sostienen que las mujeres constituyen aproximadamente el 85 por ciento de las sobrevivientes del conflicto armado interno.

De ellas el 80 por ciento termina en situación de desplazamiento, mientras un 16 por ciento ha sido víctima de violencia sexual, causa directa de estas forzadas migraciones internas.

Un estudio realizado en 2010, en más de 400 municipios con presencia de actores del conflicto, subraya que entre 2001 y 2009, unas 500 mil mujeres declararon haber sido objeto de violencia sexual.

La investigación, una de las pocas existentes sobre este tema, refiere que 74 mil 698 de ellas responsabilizaron de esa agresión a diversos actores armados ilegales, mientras 21 mil 36 señalaron directamente a la fuerza pública.

Sin embargo, pese a lo escalofriante de estas cifras, algunos expertos y organizaciones de derechos humanos consideran que no reflejan la real magnitud del problema.

Por lo general, las mujeres agredidas no denuncian los abusos por miedo a sus victimarios o desconfianza en un sistema judicial corroído por la corrupción, según reconocen las propias autoridades.

Para ellas acceder a las instancias judiciales implica un alto riesgo: ser nuevamente victimizadas al sufrir la marginación social y la estigmatización. De ahí que la violencia sexual sea quizás el único de los delitos que permanece “invisible”.

Pero no todo se reduce a este fenómeno. También son víctimas de otras agresiones que traen aparejadas cambios en las relaciones intrafamiliares y redefinición en las identidades de género.

Uno de los factores desencadenantes lo constituye el desafío de huir para salvar la vida y con ello la familia, la búsqueda de un nuevo asentamiento en condiciones adversas y la asimilación de una experiencia traumática de fuerte repercusión emocional, que las sume en una indefensión total.

Los factores económicos y la violencia -precisan diferentes estudios- siguen siendo los principales elementos aparejados a grandes desplazamientos de población, que ya sobrepasan los cuatro millones de personas en el país.

Un fenómeno, argumentan, de proporciones inocultables por las violaciones de los derechos humanos y los elevados costos sociales de las operaciones de despojo y expulsión violenta, en las que las mujeres llevan la peor parte por su vulnerabilidad y subestimación de sus necesidades.

También salta a la vista la elevada proporción de jefas de hogar en condiciones precarias, sobre quienes recaen las responsabilidades de la reproducción y el sostén familiar. Entre ellas hay una elevada cifra de viudas, sin las garantías mínimas para asumir esas responsabilidades.

Por otra parte, los expertos señalan que estas jefaturas femeninas traen consigo un círculo vicioso de pobreza, ante la desprotección del Estado; por lo general se vinculan al mercado informal del trabajo con remuneraciones salariales inferiores a las de los hombres.

Como consecuencia, se encuentran en condiciones desventajosas para proveer las necesidades básicas de sus dependientes: vivienda, alimentación, vestuario, salud y educación, entre otros.

De esos hogares -según estadísticas- proceden importantes grupos de niños que trabajan para el sustento familiar, al tiempo que las deserciones escolares se incrementan.

Despojadas de su tierra, su ambiente, su cultura y desgarradas por las pérdidas de sus cónyuges, hijos, hermanos o nietos, se ven obligadas a redefinir sus proyectos vitales y a asumir los desafíos de la sobrevivencia en condiciones nuevas, privadas de apoyo institucional o gubernamental en la mayoría de los casos.

En tanto, a quienes intentan retornar a sus lugares de origen o construir proyectos colectivos solo les queda recurrir a la acción solidaria, ante la permanencia de las condiciones y la violencia que originaron su desplazamiento forzado.  (PL)

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