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La primavera de las mujeres egipcias que aún está por llegar

A pesar de la revolución democrática del país, no tienen asegurado el reconocimiento de sus derechos. Egipto es un país en el que la población femenina sufre fuertes desigualdades y abusos. Por ejemplo, cuatro millones de ellas no tiene tarjeta de identidad por lo que son invisibles como ciudadanas y no pueden acceder a derechos como votar o tener asistencia sanitaria.

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Miriam Valero

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Ha pasado ya más de un año y medio desde que la plaza Tahrir en El Cairo se convirtió en un símbolo de la revolución y en la que una marea de egipcios derrocó a Hosni Mubarak, el autócrata que llevaba 30 años subyugándoles.

Mohamed Morsi, presidente de Egipto.

Una cuarta parte de los liberadores de aquella plaza eran mujeres que gritaban por sus derechos al lado de los hombres egipcios. Un hecho de importancia en una sociedad en la que aún persistían y persisten hoy importantes diferencias de género, en la que la población femenina sufre graves abusos y no tiene garantizados la totalidad de sus derechos.

Fueron parte de la revolución y lucharon desde sus calles y sin embargo, desde que se iniciará el cambio democrático en el país, apenas están teniendo una representación suficiente para velar por qué en este periodo de cambio también se alcance la igualdad entre hombres y mujeres o, al menos, se coloquen los cimientos para conseguirla.

El recién elegido presidente del gobierno de Egipto, Mohamed Morsi, prometió que cuando formase gobierno elegiría a una mujer como vicepresidenta. Sin embargo, no ha sido así, ya que en su nuevo gabinete de gobierno, anunciado el pasado 2 de agosto, sólo hay 2 mujeres entre los 35 ministros que gobernarán el país.

De este modo, las tendencias islamistas del presidente, que antes de ser elegido formaba parte del Partido Libertad y Justicia, vinculado a los Hermanos Musulmanes, pone en duda que la revolución suponga también un avance para las más de 40 millones de egipcias que viven en el país.

En esta línea, uno de los órganos de defensa de la población femenina, el Consejo Nacional para los Derechos de las Mujeres, ha sido disuelto debido a su pertenencia al régimen de Mubarak. Este hecho deja sin centro de representación a las mujeres que, al parecer, tampoco van a estar presentes en la redacción de la futura constitución que regirá al país.

Egipto ocupa el puesto 123, del total de 135 países analizados, en el “Global Gender Gap Report” de 2011, el estudio del Foro Económico Mundial que analiza cada año las desigualdades de género en el mundo. En él, se analizan factores como la participación económica y la igualdad de oportunidades, el acceso a la educación y a la salud, las tasas de supervivencia o el poder político de las mujeres.

En factores como la salud y la supervivencia de las mujeres, Egipto obtiene notas altas en el ranking, sin obviar que aun registra altas tasas de mutilación genital que provocan grave problemas de salud en las mujeres.

Además, las mujeres son víctimas de violencia que la sociedad acepta con normalidad y que hace que las afectadas lo vean con naturalidad. Algunos de estos tipos de violencia serían los denominados crímenes de honor, en los que las mujeres son víctimas de asesinatos para preservar la imagen de las familias, o la violencia doméstica ejercida por sus maridos o familiares.

Las mujeres han sufrido durante el régimen de Mubarak una fuerte discriminación en las leyes que ha ahondado la gran diferenciación que existe en la actualidad en el país entre hombres y mujeres y no las han protegido.

Según denuncia Amnistía Internacional, “la legislación egipcia continúa discriminando a las mujeres en lo que respecta a la condición jurídica de las personas y no sanciona delitos como la violación marital. El acoso sexual sigue siendo una práctica generaliza y a menudo queda impune”.

Si se observa el acceso a la educación de las mujeres, el 41% son analfabetas y tienen una tasa de paro de más del doble que los hombres. El 23% de ellas estaría sin trabajo frente al 6% de los hombres. Y de ellas, sólo el 19% tienen trabajos remunerados fuera del sector agrícola.

Sin derechos básicos

Otra de las realidades en las que se manifiesta esta desigualdad es en que aunque las mujeres egipcias alcanzaron legalmente el derecho a voto en el año 1956, en el país existen aún cuatro millones de ciudadanas que no pueden acudir a los comicios ni ejercer otros derechos básicos debido a que no tienen carne de identidad, ni están registradas como ciudadanas según denuncia ONU Mujeres.

Todas las mujeres que no poseen tarjeta de identidad tampoco pueden heredar herencias de familiares fallecidos ni ser propietarias de tierras, vender y comprar bienes o, por ejemplo, pedir prestamos a los bancos.

La falta de este documento las hace invisibles para la sociedad y también les impide tener acceso a la educación, atención sanitaria y a otros servicios sociales básicos.

Derivado de ello, tampoco pueden defender sus derechos a través de la vía política ya que al carecer de identificación no pueden ni crear ni afiliarse a ningún partido político, creando así un circulo vicioso de no denuncia de sus condiciones de vida.

No obstante, desde hace unos meses las autoridades y organismos internacionales han iniciado una campaña para dotar a estas mujeres de documentos de identidad. Las afectadas normalmente viven en condiciones de pobreza, en áreas rurales o sufren alguna discapacidad.

Junto con este derecho, las egipcias hace apenas diez años consiguieron otros tan básicos como poder iniciar trámites de divorcio, viajar y desplazarse sin el permiso de sus maridos o poder transmitir la nacionalidad egipcia a los hijos nacidos de la unión con un ciudadano extranjero.

El efecto de la revolución

Desde el inicio de la revolución muchas organizaciones de defensa de derechos de las mujeres han nacido en Egipto para velar porque en el proceso de transición política las mujeres no pierdan derechos ante el islamismo presente en el país.

Estas organizaciones junto a los organismo internacionales han alzado la voz, por ejemplo, con motivo de los últimas abusos que algunas mujeres han sufrido en disturbios en el país.

Es el caso de la columnista estadounidense de origen egipcio Mona Eltahawy, que denunció haber sufrido agresiones sexuales por integrantes del Ministerio del Interior tras ser arrestada en las revueltas de Tharir a finales del año pasado. También le fracturaron un brazo.

Un artículo escrito por ella en la edición de mayo y junio de “Foreign Policy”, revista de economía y política internacional, ha despertado una importante controversia en el país.

En el artículo titulado “Por qué ellos nos odian” Eltahawy denuncia que las mujeres aún no se han beneficiado de las revueltas árabes y que la revolución femenina no comenzará hasta que “se elimine al Mubarak que llevamos en nuestra cabeza, en nuestro dormitorio, y en nuestras calles”.

No obstante, el texto ha encontrado muchos detractores, entre ellos, muchas mujeres que afirman que Eltahawy fomenta la visión “occidentalizada” del mundo árabe y que no ayuda a solucionar la realidad de las mujeres de este país.

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