Cultura, Plástica

¡No más horrores al estilo Guernica!

Nadie renuncia al desarrollo de los bellos pueblos de campo ni a las obras de arte que estén al acceso de todos los habitantes del planeta, sólo que las cosas bellas en ocasiones se vuelven horribles y ese horror es el que no debe regresar.

Juan Hernández Machado*

Tal es el caso de Guernica, un pequeño poblado de Vizcaya, España, conocido como un icono en la libertad del pueblo vasco, porque ante su famoso roble los monarcas españoles o sus representantes juraban observar los derechos locales de los vascos.

Pero esa historia cambió totalmente el 26 de abril de 1937.

Como todos los lunes, los granjeros de los alrededores llevaban sus productos a la plaza del mercado, a pesar de que a poca distancia se encontraba la línea del frente en la Guerra Civil española.

Pablo Picasso.

A media tarde las campanas de la iglesia alertaron sobre un inminente ataque aéreo y, faltando veinte minutos para las cinco, los Heinkels III, lo más avanzado de la aviación alemana del momento, comenzaron su despiadado ataque contra el pueblo. A ellos les siguieron los bombarderos pesados Junkers 52.

En cuestión de minutos el pueblo fue barrido y quedaron mil 654 personas muertas y 889 heridas, según reportes periodísticos de la época.

Los 43 bombarderos alemanes eran parte de la Legión Cóndor que Hitler envió a España para apoyar a Francisco Franco.

Según datos de los archivos militares alemanes en Freiburg, la orden de ataque la impartió el Coronel Wolfram von Richthofen, Jefe de Estado Mayor de la Legión Cóndor.

Tal barbarie no podía quedar silenciada y, gracias al tesón y arte del pintor español Pablo Picasso (1881-1973), quedó inmortalizada en su obra Guernica, lienzo de más de 25 pies de largo que se expuso, pocas semanas después de la masacre, en la Feria Mundial de 1937.

Guernica”, obra de arte, es la más sorprendente denuncia del horror humano que es la guerra.

Unos dicen que el toro representa la hidalguía del pueblo español, mientras que otros alegan que representa la brutalidad y crueldad que imperaban en aquel tiempo. El caballo es la víctima inocente, perseguida y derrotada.

La obra siguió al artista a Francia y allí ambos se encontraron, posteriormente, ante la ocupación fascista. Una vez liberado este país, “Guernica” fue enviado por el autor al Museo de Arte Moderno en Nueva York, en calidad de custodia. Más de treinta años estuvo allí hasta ser trasladado al Museo del Prado a la caída de la dictadura de Franco.

Picasso siempre fue reacio a explicar el significado de su trabajo y cuando los alemanes ocuparon Paris durante la Segunda Guerra Mundial, al ver la obra del pintor, un oficial alemán le preguntó si él lo había hecho y éste le respondiendo “Esto no lo hice yo, lo hicieron ustedes”.

La filatelia universal también ha recogido, en diversas emisiones postales de diferentes países, esta humana obra de arte, como para recordar que, a pesar de ella, el hombre no aprendió la lección de Guernica y hubo muchas después, aunque con nombres diferentes:Lídice y el Ghetto de Varsovia, por solo citar dos durante la Segunda Guerra Mundial; Hiroshima y Nagasaki; Mi Lai, en el Vietnam de los años 70; y en el siglo XXI, Iraq, Afganistán y Libia.
Picasso advierte con ese lienzo de los años 30 del siglo pasado que ya para ese momento la humanidad comenzaba a destruirse a sí misma.

Es una paradoja que una bella reproducción se encuentre en los pasillos de la sede central de Naciones Unidas en Nueva York y que los representantes de importantes países la vean a diario, cuando en el Salón del Consejo de Seguridad votan a favor de la destrucción de países al estilo de Guernica.

No obstante, Guernica, la obra original, se mantiene enhiesta, viril y en perenne denuncia a los miembros de la Legión Cóndor de entonces y de ahora, mientras que, por otra parte, los sellos y elementos postales que la reproducen llegan a cualquier lugar del mundo para para que no haya más Guernicas como aquel.

* Mérito Filatélico de la Federación Filatélica Cubana y colaborador de Prensa Latina

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