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Jóvenes latinoamericanos, una vida marcada por la violencia

Los niños y adolescentes del continente son el sector más vulnerable y afectado por los altos índices de criminalidad y de desigualdad que se registran en los países de la región. Siete de cada diez víctimas de homicidios pertenecen a este sector de edad..

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Miriam Valero

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América Latina y el Caribe son dos de las regiones más violentas y con mayores tasas de criminalidad de todo el mundo. Las dictaduras y los regímenes autoritarios que gobernaron los países de la región durante las últimas décadas dejaron “una situación de permanente reproducción de la violencia”, derivada de sus constantes violaciones de los derechos humanos que aún no se ha frenado según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

América del Sur es también una de las región más desiguales del mundo. Sus altos indices de pobreza y de exclusión social condicionan la vida diaria de muchos de sus ciudadanos y, en particular, de sus jóvenes.

Se calcula que cerca del 40% de los niños y adolescentes latinoamericanos viven en la pobreza junto con otros 15 millones que sufren pobreza extrema y tienen menos de un dólar al día para subsistir.

Unicef estima que en el continente viven 106 millones de ciudadanos de entre 15 y 24 años, que son la principal víctima de este entorno que une pobreza, violencia y desigualdad, y que los convierten en uno de los actores más vulnerables de este hostil escenario.

La grave situación de esta nueva generación llega hasta el punto de que los jóvenes son las víctimas de siete de cada diez homicidios que se producen en el continente según datos de la CIDH. En concreto, en el Caribe, las tasa son aterradoras ya que la violencia es la mayor causa de muertes en el tramo de edad de 15 a 24 años.

Las cifras globales de la mortalidad juvenil en la región también reflejan la incidencia de la violencia ya que la tasa es de 40 muertes por cada 100.000 habitantes mientras que en el resto del mundo la tasa es de ocho por cada 100.000 entre los niños y adolescentes.

Así lo afirman dos informes hechos públicos el pasado mes de julio por la organización de derechos humanos: “Justicia juvenil y derechos humanos en las Américas”, de 2011 y “Seguridad ciudadana y derechos humanos”, de 2009, que denuncian la preocupante situación de la nueva generación de América Latina.

Cada día, 220 jóvenes menores de 18 años mueren a consecuencia de la violencia que sufren en sus hogares, unos 80.000 fallecimientos al año según los datos de Unicef sobre el continente.

Asimismo, seis millones de niños y adolescentes sufren severos abusos y son abandonados en la región cada año. Los varones son los que tienen mayor riesgo de ser golpeados en casa o en la escuela, mientras que las niñas están más expuestas a sufrir abusos sexuales por parte de algún miembro de su familia, de un compañero de clase o de trabajo.

Además, alrededor de un 30% de la población de 12 a 24 años convive cada día con factores de riesgo como la deserción escolar, la maternidad adolescente, el desempleo, la adicción a las drogas o los problemas con las autoridades.

Otros factores de riesgos a los que los jóvenes son vulnerables son a la explotación por parte de adultos, a su captación por bandas de crimen organizado, su reclutamiento para realizar trabajos forzosos en el entorno del tráfico de drogas y de los conflictos armados, así como su uso como trabajadoras y trabajadores sexuales y de la pornografía infantil.

Ejecutores de violencia

De este modo, como consecuencia del cóctel de pobreza, desigualdad y criminalidad con la que viven día tras día muchos niños del continente, la violencia se esta instaurando en sus vidas ya no sólo como víctimas sino como ejecutores de la misma.

Hay dos tipos de ella que están emergiendo en América Latina y el Caribe con la participación de los jóvenes. La primera es la desarrollada en las bandas y las maras de la droga.

Por ejemplo, solo en Guatemala, El Salvador y Honduras, el denominado “triangulo de la violencia”, existen entre 25.000 y 125.000 integrantes jóvenes de estas bandas violentas.

Junto con ella, el fenómeno de la violencia en las escuelas también se está propagando en América Latina. Así, en un sondeo realizado en los colegios de seis capitales de Brasil, el 84% de los estudiantes consideran que su escuela es violenta y el 70% admite haber sido víctima de la violencia en un centro educativo.

Asimismo, el papel de la policía tampoco ayuda ya que a menudo trata de forma discriminatoria a los jóvenes con arrestos selectivos escogiendo a los que en apariencia son más pobres o a los que pertenecen a minorías.

Según denuncian expertos, el papel de las fuerzas de seguridad y de toda la estructura de los estados no ayuda a terminar con el ciclo de violencia, ni con sus acciones de prevención ni con las sanciones a los que cometen crímenes.

La opinión pública del continente ya está apreciando esta deriva violenta en los países de América Latina ya que, por primera vez en décadas, la delincuencia ha desplazado al desempleo como la principal preocupación para la población.

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