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La insoportable realidad de Gaza

En 2020, la región Palestina pasará de sufrir una crisis humanitaria a ser “inhabitable” por seres humanos. El territorio lleva cinco años bloqueado por tierra, mar y aire por Israel, lo que hace que cuatro de cada cinco ciudadanos dependan de la ayuda del exterior para sobrevivir.

Miriam Valero

Para garantizar “la seguridad del estado de Israel”, más de un millón y medio de personas viven cada día atrapadas y sin poder salir de la franja de Gaza, un territorio de apenas 40 kilómetros de largo y 9 de ancho.

Desde que en 1967 Israel ocupó Gaza, la vida de los ciudadanos que habitan en la franja ha sido dramática.

Tras permanecer 40 años controlados por su vecinos, la situación humanitaria de los gazaties empeoró cuando Israel decidió en 2007 dar un paso más y cerró las fronteras del territorio palestino.

En la actualidad, este hecho supone un control casi total de la entrada y la salida de todos los bienes y personas de la región. Un aislamiento que dura ya cinco años.

El bloqueo condena a los ciudadanos de Gaza a no tener acceso a productos básicos como alimentos, medicamentos o combustible, lo que ha provocado una crisis humanitaria en la región y que cuatro de cada cinco ciudadanos dependan de la ayuda que llega del extranjero -a través de la frontera egipcia de Rafah, la única que no controla Israel- para poder sobrevivir.

De seguir así, la situación de los palestinos amenaza con convertirse en una tragedia irreversible y es que, según ha señalado el último informe de Naciones Unidas sobre la región, a partir de 2020 la franja de Gaza será un lugar inhabitable.

Situación actual

Hasta ahora, una de las principales consecuencias de la ocupación que ahoga la economía del territorio es que el 40 por ciento de sus habitantes viven en condiciones de pobreza.

En concreto, Amnistía Internacional estima que el 70 por ciento de las familias viven con menos de un euro al día por persona y, en muchos casos, residen en campos de refugiados en el interior del territorio.

A la pobreza se suma el difícil acceso a los alimentos y la escalada de los precios debido a la escasez de los mismos. Los ciudadanos de Gaza no puedan pagarlos en una sociedad con un desempleo masivo que afecta al 30 por ciento de la población y que en el caso de las mujeres asciende al 50 por ciento.

Junto a ello, los gazaties cada vez tienen menos sectores en los que trabajar. Ni siquiera con su privilegiada salida al mar pueden vivir de la pesca, ya que el bloqueo sólo les permite explotar tres millas desde la costa. Así, los sectores económicos de Gaza se reducen casi a la construcción y en la reconstrucción de edificios destrozados en las ofensivas de Israel.

Los servicios fundamentales para la salud tampoco están asegurados en la franja. Los hospitales sufren cortes de electricidad entre ocho y doce horas al día y no cuentan con productos como antibióticos o medicamentos para curar heridas y con escasa tecnología sanitaria.

Este hecho provoca que muchos ciudadanos pidan permisos para salir del país y tratarse en el extranjero. Permisos que el gobierno de Israel no concede en muchas ocasiones o se retrasa en otorgar hasta que la situación del ciudadano enfermo ya es demasiado grave.

Del mismo modo, el acceso de los palestinos al agua es muy limitado y el saneamiento de la región está en una situación crítica según han descrito en informes el Banco Mundial. Muchos de los acuíferos están contaminados y deben de ser tratados mientras que medio millón de personas no tienen acceso al sistema de aguas residuales.

Medidas urgentes

Debido a todo ello, si Gaza no consigue obtener mejoras urgentes antes de 2020 en educación, sanidad y recursos energéticos, se convertirá en un lugar no apto para la vida humana. Para conseguir que esto no ocurra deben de comenzar a construirse de forma inmediata 71.000 casas, 440 escuelas, 800 nuevas camas en los hospitales y permitir la llegada de más de 1.000 médicos, además de doblar la demanda energética con la que cuenta en la actualidad.

El informe de Naciones Unidas señala que la población de Gaza habrá aumentado en 500.000 personas en 2020, lo que afectaría de forma fundamental a otro de sus bienes escasos: el agua. Se estima que en sólo cuatro años su principal acuífero costero agotará sus reservas, su principal fuente de agua dulce.

Mientras su entorno se decide o no a dejarla vivir en condiciones de paz y dignidad, la franja de Gaza intenta respirar a través de los túneles clandestinos que conectan la región por el subsuelo con Egipto y por la que se trasladan todo tipo de bienes necesarios. Desde coches hasta comida.

Sin embargo, esta clandestina vía de supervivencia también se está viendo cerrada ya que Egipto ha comenzado a tapar algunos de los caminos subterráneos y ha iniciado la construcción de un muro a lo largo de la frontera. Israel también intenta acabar con estas vías de escape con misiles que se introducen en la tierra para después explotar.

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