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Víctor Pérez… El silencio de una medalla

Al recibir la noticia de que le otorgarían la Medalla de oro en Olympic Fine, Art 2012, organizado por la República Popular China, Víctor Pérez, no volvió a reconciliar el sueño, y más cuando supo que su docena de posters ampliados a pliego con rostros de gentes colombianas serían expuestos en el Barbican Centre, entre el 30 de julio al 6 de agosto.

Armando Orozco Tovar


El maestro Pérez estuvo feliz, porque había triunfado sobre cinco mil participantes, que como él enviaron sus obras y hojas de vida para ser evaluadas por los curadores de la OCOFA, la que, con otros pocos lo seleccionó como si a tiempo se hubiera dado cuenta que el artista desde chiquito sin desmayos es un atleta del arte plástico del cual domina todas sus técnicas, siendo un experto en artes gráficas.

El pintor habla italiano, algo de ruso y un poco de alemán. A sus sesenta y cinco años ha batido un verdadero record de anécdotas, las cuales enriquecerían la obra de cualquier narrador de prosa fantástica, como las de cuando vivió meses en un leprosorio santandereano adaptándoles prótesis creadas por él para que pudieran pintar lo que él les enseñaba.

En Santa Marta trabajó en el recién inaugurado canal de TV- Caribe dirigido por el periodista asesinado Rodrigo Ahumada, entrevistando a personajes como al antropólogo Gerardo Reichel Dolmatoff. Fue una labor de un año en una época de crímenes y criminales del paramilitarismo, que lo sacaron corriendo de esa región y del genocidio ocasionado a miembros de la U.P, como fue el dirigente Marco Sánchez Castellón, y muchos otros periodísticas, que quedaron tendidos al pie de la Sierra Nevada de Santa Marta.

Víctor Pérez es un artista marginal, (hasta el premio de la medalla Olimpic Fine.) Siendo su divisa de vida, la solidaridad con sus amigos, los cuales en su mayoría están ya fallecidos.

El pintor en los grandes paneles de su casa-taller de Chapinero alto, sigue creando todo tipo de temas desde sus famosos desnudos, hasta motivos abstractos y grandes fotografías trabajadas sobre lienzo.

En Chiquinquirá de donde es su compañera Patricia, adornó trepado en andamios durante meses, las bóvedas de los templos católicos con pinturas religiosas, caracterizando los rostros de las vírgenes y ángeles, con las caras de su mujer e hijos, así como también con las de gentes campesinas de la población boyacense.

Cuando a finales de los ochenta para una página cultural de un semanario, fui enviado a Chiquinquirá a cubrir el destrozo de sus murales en parques y calles, hecho por un alcalde de turno, conocí su propuesta: “Muralismo participativo”, el cual puso a toda la población en aquel momento a pintar con gran entusiasmo. También retrató en innumerables tiendas a los paisanos del lugar, como si fuera un artista renacentista con singular maestría de retratista.

Muchos, que lo conocen de cerca lo definen como un intenso, porque al estar sólo un rato con él, parecería fuera mucho más tiempo, por su capacidad de acción creativa y sin tregua, sin límite.

Lo conocí hace treinta años un día de marcha por la paz, hacia la Plaza de Bolívar. Cuando iba con Luis Vidales, y desde ese instante el poeta lo apreció al verlo plasmar en el asfalto con un molde con paciencia ilímite, cientos de palomas a largo de la Carrera Séptima desde la avenida Jiménez, hasta el rocíen inaugurado Palacio de Justicia.

En el pasado, el medallista olímpico de arte en Londres, fue amigo de personalidades democráticas como: Santiago Londoño, Manuel Cepeda Vargas, Germán Espinosa, y muchos otros intelectuales colombianos, los cuales apreciaron en su momento su tesonera maratón de atleta de la cultura, batidor de todas las marcas de la sobrevivencia como le ocurre a la mayoría de artistas populares en Colombia, sin un apoyo real del establecimiento para poder dar vivienda, alimentación, salud y educación adecuada y de calidad a sus familias.

Sobre del pintor Víctor Pérez y su medalla de oro obtenida en Londres, la prensa colombiana, y la TV, nunca dijeron nada.

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