En Foco, Ojo de la Aguja, Opinión

Las fantasías de Hume

David Hume (1711-1776) sostenía ciertas ideas claves. Una: la verdad consistía esencialmente en ser científico o empírico (todo lo demás eran necedades). Otra: si Dios era amor y era todopoderoso, el mal no podía existir.


Nigel Pocock


A partir de esto, Hume dedujo que no podía haber un Dios, ya que el mal existía. Además, aunque sea un dato poco conocido, Hume era racista, un  hecho que ha sido convenientemente ocultado hasta ahora.

Por tanto, mientras existen muchas y excelentes verdades científicas y empíricas, estas representan solamente una parte de la historia. La existencia de un dios enraizado en el poder que no admitía debilidad alguna, o de lo contrario no sería Dios, era la fantasía de Hume.

Para él, ser todopoderoso en este sentido, significaba que nada podía estar fuera del control de Dios  y, por tanto, tenía que estar predestinado. En consecuencia, ¡los esclavos tenían que estar predestinados a la esclavitud y sus amos asignados, a ser sus dueños!

Hume era racista, como lo demuestra una famosa nota de pie de página de 1753. Incluso en su posterior revisión de 1977, únicamente cambia la supuesta base biológica de este racismo, de poligénesis (diferentes especies) a una forma degenerada de subespecies de monogénesis (una sola especie). Da la impresión de que en este punto, Hume no estuviera siendo lo suficientemente científico o empírico.

De haber escuchado a sus oponentes contemporáneos, quizás habría empezado a darse cuenta de la necesidad de relativizarse a sí mismo y a su cultura calvinista escocesa y, por ende, de exponer esas falacias de sus prejuicios y de advertir la falta de una investigación primaria adecuada.

Las falacias de sus argumentos fueron expuestas, y por ello no es ninguna coincidencia que tanto Wesley (1703-1791) como los cuáqueros (movimiento fundado por George Fox, 1624-1691) rechazaran el concepto calvinista de la predestinación, y fueran los pioneros de la abolición de la esclavitud.

Lo que es extraño es que estas falacias en las que Hume creía hace 200 años sigan aun tan vivas y conformen la base de la intolerante monocultura liberal del Estado actual.

El elemento clave de toda verdad científica es que está abierta a la crítica, y estos es lo que  sustenta  cualquier investigación basada en evidencias. Pareciera que fueran más importantes las exigencias de un consenso cultural, políticamente motivado, que una verdad científica y empírica.

En efecto, dicha verdad es abucheada cuando se acerca demasiado a la vía “contraria”. El pluralismo se acepta, pero verdaderamente no es motivo de gran preocupación.

Lo que necesitamos es un pluralismo que invite a la crítica constructiva, incluso de las “vacas sagradas”,  y no una falsa tolerancia que no es más que una tapadera para relativizar puntos de vista privados, neutralizándolos mediante el abuso o la irrelevancia.

¿Es Hume, por lo tanto, un claro caso de autoritarismo? El que pusiera sus ideas racistas en un compartimento cognoscitivo y su ciencia  y empirismo en otro, sugiere que lo era.

En su ensayo “De los caracteres nacionales” (1748) Hume argumenta que los caracteres nacionales son fruto de las causas morales y, por tanto, de la construcción cultural.

En la infame nota de pie de página afirma que los negros son inferiores por naturaleza y ofrece lo que él considera son pruebas empíricas. Esto es claramente contradictorio.

La esencia de una buena salud mental radica en el compromiso con la realidad y en el cuestionamiento de tales contradicciones.

Al atacar  al dios calvinista y a la capacidad intelectual de los negros, Hume permitió que su propia personalidad autoritaria y compartimentada nublara su  pensamiento. Aprendamos de ello y  ¡no tengamos miedo de examinar nuestro propio autoritarismo!

(Traducido por Pilar Serrano)

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