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Nueva masacre en la tierra de Porfirio

“The rest is silence”. (Hamlet). Esto siempre se dijo, pero es verdaderamente cierto: vivimos en un mundo enemigo de la poesía.


Armando Orozco Tovar


Lo anterior es lo que hace que un futbolista o un mal cantante, merezcan toda la atención, que nunca alcanzará un buen artista, ya sea de la plástica, las letras, la poesía, el cine o el teatro. En todo lo que signifique algo bien hecho, alejado de lo meramente mercantil, del interés bancario, nata de la anti poesía.

Nuestro territorio es un país donde nunca se superó el culto a la muerte, pero no a la muerte natural, que es necesaria, sino a la del crimen, que todos los días se transmite como apología del horror, en la televisión y los noticieros, como si fuera la “inocente” publicidad de un artículo de lujo.

Gabriel García Márquez

Se realizan telenovelas con las masacres, y apologías de los personajes más siniestros. La historia de las mafias envueltas en papel celofán con florecitas: un regalo navideño para todos.

Durante todo el año, para justificar eufemísticamente esta clase de programas, se dice: “El que no conoce su historia está condenado a repetirla”, Pero resulta, que esta historia maquillada de Pablo Escobar, no es la única de Colombia, porque aquí hay para contar más historias: ¿Cuándo se ha pensado hacerle un seriado a la vida maravillosa de Gabo, que realmente educa a nuestra gente, la de Fernando Botero, o la del escultor Negret, que acaba de fallecer?

El director de una famosa cadena radial muy temprana, al anunciar la acostumbrada masacre cotidiana de campesinos en una región hoy no tan lejana, por su ignorancia o perversión, no sabe, que fue hecha en la tierra de uno de los más grandes poetas de Colombia: Porfirio Barba Jacob, que llora desde su tumba olvidada, el crimen de diez humildes campesinos: Santa Rosa de Osos en Antioquia, donde había nacido en 1883. Diez hombres y una mujer, que recogían en una finca de árboles frutales la cosecha.

“Y el árbol no rindió ni una sola cosecha:/oía el gran clamor hacia él/se estremecía en lo más íntimo/ y se agitaba dolorosamente…” (…)  “¡Oh sombra vaga, oh sombra de mi primera novia!/ Era como el convólvulo-la flor de los crepúsculos-/y era como las teresitas: azul crepuscular.” (…)

Vivimos en un país de poetas, pero enemigo de la poesía, donde hace bastante rato ese azul,  que nombra Porfirio Barba Jacob, se transformó en rojo sangre de campesinos masacrados por la rapiña de unos cuantos, que quieren esas ricas tierras de suelos y subsuelos con tesoros infinitos, sólo para su provecho personal.

Son grupos mafiosos, que el Estado no quiere acabar. Ratería, que es también causa atroz de la violencia con la cual desde siempre nos hemos despertamos oyendo la primera noticia para llorar muy temprano nuestros muertos.

Porfirio Barba Jacob

“Diez jóvenes han sido asesinados” Es un poema de Plutarco Elías Ramírez, el poeta caucano fallecido en los sesentas en Cuba. Señala el vate como si fuera esta madrugada, otra masacre en su libro también ignorado: “Lo que me dijo el pueblo”, hecha, en los años cincuenta: “Madrugada feroz/Muerte rastrera/ ¡Diez jóvenes han sido asesinados!/Custodiaban el canto de los niños, / Vigilaban la marcha del arado,/defendían un pedazo de la patria/un retazo del pueblo acribillado /(…) Allí estaban los diez. Hechos astillas/ de pueblo acuchillado en las entrañas” (…)

¿Hasta cuándo?

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