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“Abrazos gratis”…. Porque hay que estar dispuestos al afecto

A través de este movimiento mundial decenas de personas reparten cariño a desconocidos, gente que por su cultura o su soledad, ni da ni recibe demostraciones físicas de afecto.


Texto y fotos: Olga Briasco


La soledad es un dolor que está presente a lo largo del día y del que es difícil desprenderse.  En el Reino Unido casi 2,5 millones de personas, entre los 45 y los 64 años, cohabitan con ese desamparo al vivir en su propia casa y no tener hijos o una pareja sentimental.

Esta cifra, según la Oficina Nacional de Estadísticas (ONS), ha aumentado en un 50% (más de 800.000 personas) desde mediados de la década de 1990.

El afecto se ve reducido al máximo si se añade el individualismo de la sociedad británica y su necesidad por mantener una distancia física en todo momento, la cortesía y la autodisciplina. Rasgos británicos por excelencia.

La cultura y los comportamientos sociales han hecho que siempre haya un perímetro de intimidad y, por ende, de seguridad. En el metro, autobús e, incluso, entre las amistades. Es la invisible barrera que separa y acota a cada ser humano.

Sin embargo, cuando una persona está sola en un restaurante o tomando un café y en su rostro se advierte un rasgo de melancolía o tristeza, se despierta un sentimiento de compasión. Necesita compañía pero es complicado atravesar la línea divisoria.

Por ello, ¿hasta qué punto podría ser feliz una persona que no tuviera a nadie a quien abrazar ni fuera nunca abrazada? Es tal su importancia que en la India la líder espiritual Mata Amritanandamayi Devi – más conocida por Amma (Madre) -, centra su actividad en repartir abrazos.

El monasterio en que vive se ha convertido en el punto de peregrinación de miles de personas que vienen para ser abrazada por ella. Reparte esa ración de mimos durante más de diez horas al día.

Pero en Europa también hay gente que altruistamente reparte su afecto a desconocidos. Lo hacen dentro del movimiento mundial “Free Hugs” en 2004.

Precisamente, esta iniciativa nació por la necesidad de afecto del australiano Juan Mann, al que los acontecimientos de la vida le llevaron a una situación de soledad. Necesitaba un abrazo y no tenía a nadie. Esa carencia le llevó a abrazar a todo aquél que se cruzara por su camino.

Free hugs en Londres

En la capital inglesa, como en el resto del mundo, se organizan convocatorias periódicas a través de Internet para que la gente acuda a ofrecer “Abrazos Gratis” y regalar su afecto.

“Es una bonita manera de expresarnos, de compartir amor, simpatía o alegría”,  resalta Omar Oualili, definiendo el objetivo de este evento.

El joven cree fervientemente en los abrazos: “Hay momentos en los que necesitamos a alguien que esté a nuestro alrededor, pero no la puedes encontrar. Por eso creo que es necesario y muy importante abrazar a alguien” y resalta: “¡incluso a un extraño!”

Según comenta, la reacción de las personas depende del conocimiento del movimiento y de la timidez de cada uno pero, en general, “todos están dispuestos a un abrazo”.

Por ello, Oualili no cree especialmente que el británico necesite “más abrazos” que otras personas que viven en el Reino Unido, pero sí remarca que “las personas mayores británicas aceptaban un abrazo muy fácilmente”.

Según explica, quedó gratamente sorprendido al ver cómo “gente de todas las nacionalidades me pedía un abrazo”. Es por ello que el próximo seis de enero estará, junto a decenas de personas, en Trafalgar Square repartiendo cariño.

Lo cierto es que los repartidores de abrazos, con su entusiasmo y su cartel anunciándolos, logran traspasar la barrera de la intimidad para fundirse en un abrazo y repartir calor, complicidad y cariño.

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