Globo, Reino Unido

No castigar la prostitución, sí solucionar los problemas

Nueva Zelanda dio un gran paso en 2003 con la despenalización del trabajo sexual. El English Collective of Prostitutes lucha por conseguir el mismo estatus en Inglaterra.


Benjamin Serra


La pobreza, y en gran medida, la situación de crisis actual obliga a cientos de mujeres a trabajar en la industria de la prostitución con el objetivo de ganar dinero para mantener a sus familias, no pasar hambre o incluso poder pagarse sus estudios debido a las altas tasas y a los recortes gubernamentales.

Sin embargo, la situación que viven muchas de estas mujeres resulta complicada y peligrosa debido a la violencia, los abusos y las violaciones a las que algunos de sus clientes las someten.

Por eso ante esta situación, el Colectivo Inglés de Prostitutas aboga por la descriminalización de esta profesión como parte de la solución al problema.

En 2003, Nueva Zelanda aprobó una ley por la que el trabajo sexual dejaba de ser motivo de persecución en el país y se consideraba un trabajo más, consiguiendo así que las prostitutas tuvieran los mismos derechos que cualquier otro trabajador.

Los diputados del Parlamento neozelandés decidieron entonces por 60 votos a favor y 59 en contra aprobar la ley, promovida por el laborista Tim Barnett, que despenalizaba el ejercicio de la prostitución, para alegría de las trabajadoras y los defensores de esta postura.

Esta ley, por lo tanto, fijaba un marco legal para la industria del sexo y convertía al país el primero en el mundo es descriminalizar la profesión más antigua.

El objetivo es que esta postura de despenalización se aplique también en Inglaterra, siguiendo las bases que asentó Nueva Zelanda en esta materia.

Lo que se persigue con esta descriminalización es, entre otro objetivos, que no queden registrados sus nombres en un registro policial y que permanezcan ligados a la prostitución, proporcionando de este modo una mayor privacidad y seguridad para las mujeres que se dedican a ello.

Además, una medida como la descriminalización consigue que las trabajadoras del sexo puedan, entre otras cosas, rechazar las prácticas sexuales que no quieran ejercer y escoger a los clientes que desean aceptar o no, determinar precios y establecer las reglas del establecimiento en el caso de que trabajen en un burdel.

Niki Adams

La experiencia de Nueva Zelanda no hace más que confirmar que esta medida otorga mayor poder a las prostitutas para hacer frente a situaciones problemáticas o violentas y sin correr el riesgo de ser acusadas de un delito cuando acudan a la policía.

Hasta el momento, cuando una mujer que ofrecía sexo a cambio de dinero buscaba la ayuda de la policía cuando había sido violada o víctima de abusos, la policía no sólo no la ayudaba sino que la trataba como una delincuente en lugar de mostrar interés por capturar al violador, el verdadero criminal.

Pero sobre todo, conseguir que la prostitución deje de considerarse un delito no sólo supone que estas mujeres dejen de ser arrestadas y perseguidas sino que también pueden sentirse más seguras, defender sus derechos y velar por su salud.

En el último encuentro de trabajadoras del sexo celebrado en Sidney (Australia), mujeres que se dedican a la prostitución afirmaban que gracias a la descriminalización de la profesión, ahora son capaces de denunciar los abusos ya que anteriormente no confiaban en la policía.

El hecho de que se guarden registros que recogen información sobre esas mujeres nunca permite olvidar totalmente que han ejercido la prostitución en caso de que quieran abandonarla por que desde el momento en que se crea, permanece su informe en un registro criminal. Después de la descriminalización, las trabajadoras del sexo tienen el poder. “No pueden usar su trabajo en su contra porque tienen derechos”, señala Niki Adams, del English Collective of Prostitutes.

Del mismo modo, Adams apunta que ahora “cuando los políticos, los académicos y los medios hablan de la prostitución, tienen que hablar de Nueva Zelanda y la descriminalización”. Se trata de un paso adelante. Y el objetivo de todo esto es luchar contra la pobreza.

Precisamente, esta es una de las realidades relacionadas con las trabajadoras sexuales. “Un gran número de mujeres, muchas de ellas madres, viven en la desesperación y tienen que elegir entre la indigencia o la mendicidad y la prostitución. Esto está pasando en Kenya, por ejemplo. Esta es la realidad de la prostitución internacionalmente”, añade Niki Adams.

Por su parte, Sheila Farmer decidió dedicarse a la prostitución a principios de los años 90 para sacar adelante a su hijo como madre soltera.

Ahora celebra su victoria sobre el Crown Prosecution Service que la acusó de regentar un burdel junto a sus amigas.

Sheila, que decidió trabajar de ese modo porque era mucho más seguro, también apuesta por la despenalización de la prostitución. “Ni la policía ni nadie tiene derecho a juzgar lo que hago ni a decirme que soy una delincuente. No soy una ciudadana de segunda clase”, afirma Sheila.

Uno de los argumentos más utilizados para prohibir y acabar con la profesión más antigua del mundo es que genera explotación, abusos y tráfico de personas.

Sin embargo, en otras profesiones como las trabajadoras del hogar esta situación también se produce.

“Resulta muy útil comparar estas dos profesiones porque nadie utiliza este argumento para prohibir el trabajo doméstico” defiende Niki Adams.

Desde el colectivo también se señala que la solución a los problemas tampoco pasa por criminalizar a los clientes que pagan a cambio de sexo ya que lo que consigue este tipo de medidas es ocultar aún más esta profesión y hacer más difícil la protección de las prostitutas.

Esto genera un mayor peligro y estigmatización de la profesión. La prohibición de su profesión tampoco es una solución.

Respecto a esto, una reciente iniciativa de European Women’s Lobby pretende conseguir una Europa “libre” de prostitución a la que el colectivo inglés de prostitutas responde: ¿Estamos menos degradadas cuando nos saltamos comidas o mendigamos para alimentar a nuestros hijos, cuando vivimos con una pareja violenta para tener un techo sobre nuestras cabezas, cuando trabajamos más de 40 horas a la semana por 5 libras la hora, insuficiente para cubrir nuestros gastos que vendiendo servicios sexuales?

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