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¿Escuchas a la gente cantar? Un día más

La brillante adaptación de Tom Hooper de la novela de Víctor Hugo. “Los Miserables”, ha puesto recientemente de manifiesto que, pese a los significativos cambios tecnológicos, los problemas sociales siguen siendo los mismos.


Georgina Campbell


Escribiendo en medio de la atmósfera de la Revolución Francesa, Víctor Hugo se hallaba en la mitad de una revuelta social en la que salieron a la luz preguntas sobre la autonomía, la libertad y la justicia.

Fue cuando el “hombre corriente” se pronunció finalmente en contra de las instituciones represivas y políticas que han favorecido a aquellos que nacieron en la opulencia.

Después de la toma de La Bastilla, el 14 de julio de 1789, se produjo en Francia una época turbulenta en la que surgieron unos líderes que fueron elegidos a pesar de no estar interesados en los derechos y condiciones del “pueblo”.

El escritor utiliza esta novela para condenar la injusta  estructura clasista de la Francia del siglo XIX, que refleja cómo la estructura de la sociedad convierte a personas buenas e inocentes en mendigos y delincuentes.

Víctor Hugo se centra en tres ámbitos que necesitan una reforma: la educación, la justicia criminal y el comportamiento hacia las mujeres. El escritor expresa gran parte de su mensaje a través de la figura de Fantine, un símbolo para muchas mujeres bondadosas, pero empobrecidas y llevadas a la desesperación y a la muerte por una sociedad cruel.

Irónicamente, no es sino hasta que la fábrica despide a Fantine por inmoralidad  cuando ella recurre a la prostitución. En su figura, Víctor Hugo demuestra la hipocresía de una sociedad que no logra educar a las niñas y mujeres excluidas socialmente, como ocurre con Fantine, y que al mismo tiempo fomenta el despreciable comportamiento de los hombres adinerados

De hecho, podemos encontrar conmovedora la imagen del cabello de Fantine siendo cortado agresivamente, pero no nos damos cuenta de que en todo el mundo las mujeres todavía se están vendiendo para conseguir un trozo de carne.

La historia de Fantine no es diferente a la de esas mujeres que, incluso hoy en día, deben recurrir a la prostitución para ganar algo de dinero para ellas y para alguien que necesita de su protección se encuentran solas y sin ayuda. Acusada falsamente, Fantine es despedida de la fábrica en la que trabajaba.

Al necesitar su hija atención médica y, en un momento de desesperación, Fantine primero vende sus posesiones, su pelo y, luego, su cuerpo. Sorprendentemente, en la actualidad las mujeres aún siguen vendiendo sus cuerpos debido a las restricciones socio-económicas

Quizás lo que es más escandaloso es que 150 años, después, la prostitución aun no ha sido legalizada. Por tanto, los peligros de las enfermedades de transmisión sexual y el abuso sexual que las mujeres sufrían en el siglo XIX, siguen siendo tan prominentes como preocupantes para las mujeres del siglo XXI.

Debido a que el protagonista (Jean Valjean) huye a la capital de Francia, Tom Hooper  nos presenta la miseria de París a través de una toma general de cientos de mendigos, de todas las edades y aferrados en las puertas que los atrapan en la pobreza. Algunos de ellos están prácticamente desnudos, mientras que otros no tienen ni siquiera fuerza para mantenerse en pie.

Tal como lo reveló en 2005 la Comisión de las Naciones Unidas sobre los derechos humanos se estima que 100 millones de personas en todo el mundo carecen aun de casa. Desde entonces, hemos tenido una recesión mundial y una incesante guerra en la que numerosos países han sido despedazados y muchas viviendas destruidas.

Incluso en Occidente, los signos de pobreza siguen latentes en las puertas de las tiendas, en las personas que venden la revista ‘Big Issue’ o en los músicos que tocan en la calle. Ellos también están cansados y hambrientos, y exhaustos de librar diariamente las mismas batallas.

Aunque nuestra actitud ha evolucionado y ya no condenamos la pobreza como la elección de un estilo de vida, incluso en Gran Bretaña, el deshonroso “estado del bienestar”, tiene uno de los índices de personas sin hogar más altos de Europa: 4 de cada mil personas carece de hogar.

Debatiblemente, una de las estrellas de “Los Miserables” es  el joven pilluelo de la calle Gavroche. París es su patio de diversiones  y a sus ochos años está preparado para sacrificar su vida en la revolución, con la esperanza de que un mundo mejor es posible.

Al igual que muchos niños en la actualidad, Gavroche tiene que crecer demasiado rápido en un mundo de adultos, donde su vida es dictada por los caprichos de los mayores

Las responsabilidades de la edad adulta y la madurez están todavía incrustadas en nuestra cultura, donde se espera que los niños ayuden a sus familias en el terreno económico y emocional, incluso antes de que hayan terminado la escuela.

Al igual que Gavroche, estos niños han sido privados de la inocencia y de la libertad, y a cambio  han sido condenados a una vida de trabajo duro y de escasa recompensa, siendo el resultado una muerte prematura.

“Les Miserables” puede ser un glamoroso éxito de Hollywood con un reparto repleto de estrellas que perdieron unas cuantas libras y lucieron dentadura postiza, pero ha arrojado algo de luz sobre las injusticias sociales que aún persisten en la sociedad actual.

Una sociedad donde la honestidad y la justicia son ideales, algo que muchos de nosotros aun necesitamos comprender. Donde las mujeres son sometidas a una vida de sufrimiento y tormento, donde los niños son privados de su inocencia, y donde las personas se niegan la oportunidad de superarse y de salir del estado de miseria y pobreza.

(traducido por Olga Briasco)

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