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Agroquímicos: medicina para plantas, veneno para humanos

En las zonas cercanas a los cultivos tratados con herbicidas los casos de cáncer son un 30% superior al resto del país. Abortos, patologías inusuales y anomalías en el organismo crecen allá por donde pasan las avionetas fumigadoras.

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Ramón Alabau

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Tiene 14 años, pero la adolescencia de Andrea no es igual a la del resto de los niños que juegan en el parque. Es víctima de la Epidermólisis Bullosa, una enfermedad que le provoca ampollas y heridas en la piel. Su delicado estado no le permite divertirse con el resto de los jóvenes de su barrio.

Cerca de su casa vive Omar, de 36 años y, con un cuerpo totalmente encogido. A pesar de su edad, pasa gran parte de sus días en brazos de su madre, su gran protectora. Una mujer que ha visto como su hijo tiene graves problemas para hacer una vida normal.

Cuando nació los médicos le diagnosticaron parálisis cerebral. No puede andar, comunicarse, ni mucho menos, sería capaz de sobrevivir por sí mismo.

Desde su cama escucha como llora el pequeño Lucas, un niño de apenas dos años. Sufre ictiosis, un trastorno genético que reseca la piel y, que la convierten en verdaderas escamas de pez.

Son tres historias que comparten un mismo lugar, Argentina. Un país que ha visto como crece, como sus cultivos, las enfermedades y los casos de malformaciones en niños recién nacidos.

Nuestros protagonistas tienen diferentes problemas de salud, pero tienen una característica común: viven en poblaciones y barrios rodeados de grandes plantaciones de soja. Cada día escuchan los motores de las avionetas fumigadoras que sobrevuelan cerca de sus hogares y colegios.

Lluvia química

Ven como dejan caer una especie de líquido sobre las grandes extensiones verdes que tapizan el paisaje. El uso de agroquímicos en la agricultura podría estar relacionado, según diversas organizaciones, con las enfermedades que sufren Andrea, Lucas, Omar y otros miles de personas.

En Argentina, uno de los mayores productores de soja del mundo, los casos de malformación en niños han crecido preocupantemente en los últimos años. Se estima que en el país 12 millones de ciudadanos estarían expuestas a los herbicidas que se utilizan en la agricultura y que quedan suspendidos en el aire.

Un sector que floreció en 2011 con la ayuda de más de 300 millones de litros de agroquímicos.

La voz de alarma ha saltado en pequeñas poblaciones. En Ituzaingó, un distrito de 5000 habitantes de la provincia de Córdoba, ha visto como el 80% de sus jóvenes están afectados.

La preocupación de las familias, que veían como muchos de sus menores nacían con problemas de salud, obligó al Orden Público a realizar un estudio médico. El análisis fue contundente, 114 de 142 niños tenían restos de agroquímicos en su sangre.

La provincia de Misiones, es otra de las zonas donde el número de casos de malformaciones es elevado. Estadísticas demuestran que 5 de cada 1000 niños tienden a tener problemas de salud.

Pero a pesar del aumento de las enfermedades, de las muertes producidas por el cáncer y de que muchas mujeres sufren abortos de forma frecuente, el uso de productos químicos en la agricultura argentina continua vigente por ley.

“En el uso”, la escusa del Poder

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el 83% de los herbicidas utilizados en Argentina son considerados como “no dañinos”, en una clasificación que la institución internacional ha realizado.

Incluso, uno de los productos más utilizados para terminar con las malas hierbas que afectan a las plantaciones, el Glifosato, es calificado como apto.

Este planteamiento, tanto el realizado por la FAO como por la OMS es el centro de fuertes críticas. Una de las personas que más ha defendido el no uso de agroquímicos es Claudio Lowy.

El ingeniero forestal, que ha llegado a protagonizar una huelga de hambre frente al Ministerio de Agricultura de Argentina, ha reclamado que se cambie la metodología vigente para clasificar los pesticidas.

Asegura que no se realiza una evaluación completa de los efectos que pueden llegar a causar los productos permitidos. Como afirmó a un medio de comunicación, “solo se tiene en cuenta los daños vitales agudos y no la toxicidad sub-letal y crónica que producen”.

“Hacen aparecer que son menos tóxicos de lo que son. De esta forma si crea malformaciones o cáncer no están matando”, añade.

Además, afirma que los informes de las organizaciones internacionales no son científicos, no reflejan conclusiones y nacen de investigaciones privadas, muchas de ellas realizadas por empresas productoras de herbicidas.

Desde el Casafe , una agrupación de empresas que fabrican y comercializan agroquímicos, afirman que haciendo buen uso de los productos estos no son “tóxicos”.

La Justicia decide

En la opinión pública hay contrariedad de opiniones. Perjudicial o no, uno de los casos que más fuerza ha dado a los defensores de una agricultura sin agroquímicos fue un fallo de la justicia argentina el pasado mes de agosto.

Por primera vez en la historia de América Latina, dos personas se sentaban en el banquillo de los acusados con penas de 3 años de cárcel. Supuestamente, los imputados habían fumigado de forma indebida cerca de una población.

Pero el caso tuvo una doble lectura, para muchas voces el juicio no cuestionaba si los agroquímicos, permitidos en el país, afectaban a la salud de las personas, sino que estos habían sido esparcidos de forma incorrecta.

Para otros significa el primer paso para limitar el uso de productos químicos en la agricultura.

Desde la Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes de Argentina dicen “estar convencidos de la seguridad” de los productos utilizados en los cultivos, pero que “el mal uso puede generar problemas”.

Realidad diferente

Pero no comparten este punto de vista miles de personas que se ven expuestas a los herbicidas.

Una de las personas que más ha investigado sobre la relación entre el uso de agroquímicos en la agricultura y el número creciente de las malformaciones es el doctor Juan Carlos Demaio.

Este cirujano a través de sus indagaciones ha alertado que muchos de los problemas de salud que se han detectado guardan relación con el uso indiscriminado de fertilizantes.

Sus pruebas se han basado en diferentes casos que ha tratado en Misiones, una de las zonas tabacaleras y papeleras más importantes del país suramericano.

Allí ha comprobado que hasta un 13% de la población sufre en su organismo algún trastorno, entre ellos, 3000 niños tienen malformaciones, según el abogado Raúl Godoy.

La FAO en sus ‘Buenas Prácticas de la Agricultura’, señala que para unos productos de calidad que no sean perjudiciales para los consumidores se deben emplear “plaguicidas registrados oficialmente y de baja toxicidad”, y confiesa que es consciente del “crecimiento de enfermedades transmitidas por alimentos”.

Pero el impacto de los agroquímicos en la salud y en el organismo no solo lo han vivido pequeñas poblaciones aisladas. En diciembre, un accidente en Buenos Aires hizo que los habitantes de la capital descubrieran los efectos de los mismos.

Unas 309 personas fueron asistidas en centros de salud. Dolor de cabeza, irritación ocular, nauseas, entre otros diagnósticos, fueron los principales problemas, en un solo día de exposición, que causó un accidente que esparció por el cielo de la ciudad el plaguicida Tiodicarb.

Un producto considerado como “moderadamente peligroso” y que dejó entrever, que las protestas en el ámbito rural no se deben a episodios esporádicos.

A pesar de los accidentes y de las denuncias relacionadas con la salud pública, el Gobierno actual de Argentina no pone freno a los agroquímicos.

Solo pone normas de uso y, se limita a decir que no son peligrosos para el ser humano. Pero contrariedades de la vida, en 2013 la utilización de Endosulfán será restringido por las autoridades.

Pero la lista de componentes químicos que se emplean en los herbicidas y, que son considerados raíz de diferentes malformaciones, es larga y continuarán estando presentes en el aire que miles de personas respiran cada día.

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