Globo, Reino Unido

Escocia: ser o no ser independiente

Siete siglos después de su importante victoria sobre Inglaterra en la batalla de Bannockburn, la septentrional región del Reino Unido enfrenta un nuevo desafío: definir su relación con la Corona británica.

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Martha Andrés Román

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Cuando el próximo año los escoceses recuerden el trascendental combate que en 1314 defendió su soberanía de las pretensiones anexionistas inglesas, estarán convocados además a dar un “sí” o un “no” por la independencia, en referendo que pretende revocar una unión de más de tres centurias.

Así lo propuso el ministro principal de la región, Alex Salmond, el 10 de enero de 2012, lo que inició el proceso para tornar realidad la idea del gobernante Partido Nacionalista Escocés (SNP), el cual en 2011 devino la primera formación con mayoría absoluta en el Parlamento local (Holyrood).

Alex Salmond y David Cameron
Alex Salmond y David Cameron

Aunque el jefe de Gobierno británico, David Cameron, se opuso inicialmente a la medida, accedió a sostener conversaciones sobre el tema que permitieron concretar en octubre pasado un acuerdo entre las partes, según el cual Escocia podrá efectuar el plebiscito en 2014.

En el texto, ambos líderes pactaron traspasar de manera temporal al Parlamento de Escocia el derecho a convocar la consulta, y fijaron la edad de sufragio a partir de los 16 años, dos por debajo de lo establecido legalmente en todo el territorio británico.

Asimismo, el SPN aceptó incluir una sola interrogante, para inquirir a los escoceses si desean o no la independencia, con lo que se eliminó una pregunta sobre la posibilidad de permanecer en el Reino Unido, pero asumiendo más competencias desde Edimburgo.

Si bien Cameron pretendía realizar la votación este año, para acabar con la incertidumbre sobre el tema, Salmond presionó a favor de 2014, con el fin de aprovechar el sentimiento nacionalista que pueda despertar el aniversario de la Batalla de Bannockburn y conseguir más respaldo.

El más reciente paso hacia la concreción del plebiscito se produjo a inicios de 2013, cuando las Cámaras de los Lores y los Comunes del Parlamento de Westminster aprobaron una orden legislativa para otorgar al de Holyrood la potestad de efectuar el referendo.

La decisión sobre el futuro de Escocia dentro del Reino Unido será la más importante que los escoceses tendremos que tomar en nuestra vida, señaló ante la Cámara de los Comunes (baja) el ministro británico para Escocia, Michael Moore.

Según el funcionario, el otorgamiento al Parlamento de Holyrood de la potestad para celebrar la votación marcará el fin de las discusiones sobre el proceso para hacer un referendo legal, justo y decisivo, y dará comienzo a un gran debate sobre Escocia.

Sin embargo, aunque la convocatoria independentista es un hecho sin precedentes en la historia de la región, la existencia de movimientos partidarios de la separación se remonta al momento de la firma del Acta de Unión, en 1707, con la cual se certificó la creación del reino de la Gran Bretaña.

La creación en 1998 del Parlamento de Escocia, a partir de una consulta popular para aprobar el nacimiento del órgano representativo, permitió la restitución de varios poderes hasta entonces gestionados desde Londres.

El gobernante SNP nació en 1934 a partir de la fusión del Partido Escocés y el Partido Nacional de Escocia, y tras décadas de altibajos ganó sus primeras elecciones en 2007, cuando formó un gobierno de minoría, antes de la mayoría absoluta alcanzada en 2011.

Los independentistas consideran, sin embargo, que el Parlamento y el Gobierno escocés representan solo una fase intermedia en la transición hacia un estado libre, postura reafirmada en 2003 con los escaños obtenidos en Holyrood por los partidos Verde y Socialista, que incrementaron el número de legisladores favorables a la secesión.

Actualmente, 71 de los 129 asientos del órgano legislativo están ocupados por seguidores de la soberanía, mientras las secciones de los tres grandes partidos leales a la Corona británica -Laborista, Conservador y Liberaldemócrata- reúnen en total 57 escaños.

Casi uno de cada tres escoceses votaría a favor de la independencia, pues la última encuesta publicada en la región arrojó que un 28 por ciento de los habitantes apoyaría el “sí” en el referendo, mientras los contrarios a la separación se sitúan en un 48%.

A pesar de esos números, los analistas consideran como el dato más relevante que a un año y 10 meses de la consulta, uno de cada cuatro escoceses no tiene claro la opción a escoger, por lo que 2013 se perfila como un periodo decisivo para las dos partes.

Según Chris Eynon, director de la encuestadora TNS BRMB en Escocia, el “sí” tiene una base amplia y, además, hay un 24%  indecisos que podrían intentar atraer a su causa, aunque si la oposición se mantiene en un 48%, el reto para la iniciativa de Salmond es considerable.

Pero 2013 no solo será vital para los partidarios de la secesión en aras de mejorar esas estadísticas, sino también porque en los próximos meses el Gobierno regional deberá hacer público un documento en el que detalle cómo sería un futuro estado escocés.

En ese sentido, temas como la moneda, la monarquía o la organización de la defensa jugarán un papel importante, así como la definición de si una Escocia independiente formaría parte inmediata de la Unión Europea o debería iniciar todo el proceso que corresponde a la incorporación de un nuevo miembro.

Ya Salmond comenzó a dar pasos de avance en esa dirección, al anunciar una Constitución escrita en la que se incluirían derechos como el acceso a la vivienda, la educación libre y la supresión de las armas nucleares en el territorio y prometer la salvaguarda de los recursos naturales de la región.

Mientras el ministro principal escocés defiende su campaña “Sí Escocia”, conservadores, laboristas y liberaldemócratas lanzaron la iniciativa “Better Together” (Mejor juntos), con la cual instan a la población a tener en cuenta que la soberanía es una decisión importante sin marcha atrás.

De igual modo, insisten en que Escocia es más fuerte dentro del Reino Unido y argumentan que crear una frontera con Inglaterra supondría convertir a su mayor mercado en el principal competidor.

En medio de ese panorama, el camino a recorrer hasta la consulta se avizora largo, e incluso, un hipotético triunfo del “sí” solo marcaría el inicio de las negociaciones con Londres para un convenio constitucional, que podría alargar algunos años el proceso desde el referendo hasta la obtención de la plena independencia.

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