En Foco, Notes From The Edge, Opinión

Compre la marca

Fui a un seminario, en la Escuela de Economía de Londres, llamado, “Londres, una identidad fraccionada o un grupo de barrios?”


Steve Latham


Organizado por un nuevo grupo llamado Citydiplo, que argumentaba ser un debate sobre la marcación de barrios en Londres.

La pregunta aparente era si Londres tenía una marca unificada, o si estaba siendo fragmentada en varias identidades regionales.

Se presentaron estudios de casos sobre Old Street al este de Londres, y de la urbanización Nine Elms cerca de la estación eléctrica de Battersea.

Al principio el desarrollo de la zona surgió del nombre irónico de “rotonda de silicona”  a lo que el gobierno renombró “Ciudad Tecnológica”

Después examinó cómo los especialistas de marcas crearon el concepto “Nueve Olmos” para nuevas viviendas en Wandsworth.

De hecho, ambos eran apología para la remodelación de barrios enteros, pero d euna forma que ignoraba las comunidades ya existentes.

Las marcas de barrios son un arma del capital internacional en su guerra con comunidades locales, indígenas y de clase obrera.

Sinceramente, los promotores no estaban interesados en descubrir las sugerencias de la gente para mejorar el área.

En su lugar, los encargados de poner las marcas llevaron a cabo un ejercicio superficial de consulta, un programa de propaganda tranquilizadora para las mentes y los corazones.

El resultado final ha de ser el desplazamiento de los  residentes originales y negocios locales, así como el de una subida en los precios de las casas y de los alquileres, allí y en calles circundantes.

La marca es un masaje cultural a las personas vulnerables, para proveer una compra emocional a proyectos que benefician únicamente a la élite global.

En el metro, vi un anuncio que invitaba a la gente a unirse a una “comunidad urbana virtual”, donde podían proponer sus puntos de vista sobre temas de interés.

Esto era, desde luego, un señuelo, haciéndoles entrar en un ejercicio de marketing. Creado por CBS Outdoor, el planteamiento les prometía que podrían “tener influencia en su marcas favoritas”

Vivimos de marcas. Encontramos nuestra identidad a través de las marcas. Estamos completamente sumergidos en el sistema comercial, en las cosas, en la posesión.

No es tanto el objeto físico, como lo que simboliza para nosotros: las aspiraciones, el modo de vivir, el significado semiótico.

Vimos esto en los disturbios citadinos de 2011. Aunque inicialmente habían sido provocados por el asesinato de un hombre negro a manos de la policía en Tottenham, todo degeneró rápidamente  en un deseo de acción.

Los objetos brillantes que se llevaron los jóvenes, representaban la “buen vida” de la cual ellos estaban excluidos.

En lugar de un visionario levantamiento político, como las revueltas de 1981, los hechos de las revueltas de 2011 revelaron una pobreza de aspiración y absentismo de esperanza. Todo lo que quedó fue la marca.

Poner y usar marcas ha penetrado profundamente en nuestra psique. Otro ejemplo de ello es el término “Márcate”, desarrollado por el directivo gurú, Tom Peters.

Éste ha dicho, que hoy es importante, en el Mercado de trabajo, transformarnos en nuestra propia marca.

Solo así podríamos vendernos a futuros empleadores o clientes.

De este modo, un símbolo externo de algo que poseemos cambia la marcación, y se convierte en una marca que es totalmente integrada.

Nosotros mismos nos convertimos el objeto de nuestro propio consumo, algo que se puede comprar o vender. Así, el valor de un ser humano está siendo reducido al nexo efectivo.

Mediante este reduccionismo económico. Entramos en el reino del post-humano…

(Traducido por Haomi Vázquez Sánchez )

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