En Foco, Ojo de la Aguja, Opinión

¿Puede “la comunidad” cambiar el mundo?

Una de las primeras comunidades era dirigida bajo el lema “Amaos los unos a los otros” y gracias a esto “el mundo sabrá que sois mis discípulos” ¿Es esta clase de comunidad basada en el amor (ágape, con base en la mente y la voluntad, en lugar de los sentimientos) posible?

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Nigel Pocock


Hoy en día la palabra ‘amor’ normalmente va unida a la idea de  ‘amor sexual’ (eros).  O al contrario, facilitado por una amorfa y acrítica noción de libertad personal, por el que ningún juicio puede (o podría) estar basado en el estilo de vida de esa persona.

No importa si ese estilo de vida es destructivo para la persona en cuestión y le puede costar millones al sistema público de salud, dificultando así la financiación de otras enfermedades graves.

Tenemos hoy en día consejeros psicodinámicos que reclaman una no-crítica (y por tanto una escucha acrítica) pero que en realidad, guían a sus clientes siguiendo las directrices de sus propias suposiciones, las cuales tienden a ser abstractas y generalizadas.

Esto se de debe a que, estos consejeros se sienten incómodos con expresiones concretas de (digamos) disfunciones de motivación religiosa, derivadas de la oración a una deidad específica.

Un pensamiento global es mucho más fácil de manejar. De esta manera, estos consejeros evitan los problemas más dolorosos, así como las creencias y sus correspondientes prácticas deberían ser erradicadas (en el peor de los casos) o alentadas (en el mejor), dependiendo de la dimensión o estructura general de la vida de dicha persona.

De hecho, estos consejeros defienden que no haya estructura vital, quedándose solo con una estructura cronológica de eventos.

Porque, por muy limitado que sea nuestro entendimiento de la biografía de la persona (o nación), es mejor tener algo sobre lo que trabajar, que nada en absoluto.

Como resultado, esta catarsis sin control puede empeorar las cosas, si normalmente las expresiones de enfado e ira son todo lo que hay.

Por lo tanto, ningún padre (o nación) da a sus hijos todo lo que quieren ¿Quién no se sienta a los pies de la autoridad para aprender, aunque puede que estén equivocados? En mi opinión todos necesitamos de estructura y estabilidad. Pero esto no significa que debamos abogar por un autoritarismo que nos impida progresar (¿en qué?) y es fundamentalmente incriticable.

Mi recomendación para la autoridad es que esté abierta a las críticas de cualquier ‘progreso’ posible. Incluso los callejones sin salida pueden tener valor, si tenemos claro que es precisamente eso, lo que son.

¿Puede la comunidad cambiar el mundo? Tal vez, si todo el mundo lo practicara, lo que parece bastante poco probable.

Escuchar a los demás, en lugar de permitir ‘reflejos interpretativos’ que dictan una respuesta, puede ayudar, así como las respuestas bien intencionadas no son siempre apreciadas.

Aquí es donde necesitamos un autoanálisis crítico sobre nuestros reflejos interpretativos. Los pueblos y las naciones normalmente no reconocen sus propios errores, especialmente si el autoritarismo es visto como virtud. Por esto es, que en este punto, ninguna comunidad puede ser participativa, ya que esos tiranos anti-crítica no aceptan otras interpretaciones de la realidad. En este punto, de el poder sobre otro, donde el cambio de actitud debe ocurrir.

Esto, paradójicamente, establece que una acción que cambie actitudes sociales y políticas, es absolutamente necesaria. Esto significa analizar la meta-narrativa de la sociedad, eso tan difícil de reconocer, especialmente cuando significa una pérdida de orgullo, una amenaza para las inversiones del poder inamovible y los años de tradición, incluso para la tradición más muerta. La respuesta es ágape, la voluntad de buscar el bien en el otro, signifique lo que signifique esto.

(Traducido por Patricia Macías)

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