En Foco, Notes From The Edge, Opinión

Sentirse fracasado

Los libros me ayudan a expresar mis pensamientos. A veces creo que me llevan a lugares oscuros. Hace poco, compré “Reinos desaparecidos”. Escrito por el historiador Norman Davies, es una romántica evocación a la desaparecida historia europea.


Steve Latham


Davies ahonda en la historia de países que han desaparecido; lugares como Tolosa, Litva, Borussia, Rosnau y Tsernagora.

¿No los reconoces? Compra el libro. Yo lo tengo en la estantería, reservado para leerlo en vacaciones.

Davies está llevando a cabo un acto de resurrección histórica, restaurando la memoria de aquello que hemos olvidado.

Es obvio que la historia es escrita por los ganadores. Sin embargo, ahora estamos descubriendo que el progresismo legado modernista, racionalista, no es tan satisfactorio.

Por tanto, estamos empezando a examinar la historia de los perdedores para ver que ellos poseían lo que habíamos perdido.

Aunque el estilo de la historia cultural de Davis sea por lo general más asociado con el tradicionalismo conservador; al parecer él mismo vota al partido Laborista.

Más hacia la izquierda está el filósofo esloveno, Slavoj Zizek. Su libro, “En defensa de las causas perdidas”, emprende una parecida excavación arqueológica, de revoluciones fallidas.

Estos errores provocados por la Revolución francesa y rusa, por ejemplo, no eran por ser demasiados radicales.

En cambio, afirma Zizek, ellos no eran lo bastante radicales. Y esto lo aplica aún a sus métodos.

Los revolucionarios, Robespierre y Lenin, no fueron demasiado lejos en su terror y violencia.

Quizás es irónico. Nunca puedes estar seguro con Zizek, quien frecuentemente escribe como si sobresaltase.

Lo que él quiere decir es que estuvieron cerca de una total transformación de la sociedad. Su propia violencia fue un compromiso con el supuesto “realismo” del poder político.

Ser realmente revolucionario significaría derribar las condiciones de todas las opresiones, incluyendo las de una dictadura violenta del proletariado.

El es capaz de aplicar esta dialéctica incluso a Hitler. Lejos de ser un movimiento radical, el Nazismo representó la colusión con el capitalismo.

Estos mismos fracasos, sin embargo, transmiten una positiva revelación de la pérdida de oportunidades políticas.

Para Zizek, como para Davies, aunque desde sus diferentes posiciones políticas y su variedad de intereses históricos, el pasado puede transmitir hasta la actualidad nuevas potencialidades.

Para los que vivieron en el pasado, no era entonces el pasado. Era su presente. Aunque sabemos cómo funcionan las cosas, ellos no sabían lo que el futuro deparaba.

El futuro era entonces desconocido. Actuaron llenos de esperanza hacia un horizonte completamente abierto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Robespierre

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los perdedores de la historia representan posibilidades que todavía revelan hoy opciones para nosotros.

El pasado ofrece una reserva de imaginación para abastecer nuestros propios dilemas políticos.

En lugar de un depósito de reacción, la historia puede contribuir en los recursos actuales de cambio.

La Iglesia Católica, por ejemplo, emplea el concepto teológico de “renouvellement”, un regreso a los orígenes.

El catolicismo, a diferencia del protestantismo, busca la semilla de lo nuevo en el suelo de lo viejo. Nosotros también necesitamos buscar la herencia del pasado.

Así podemos descubrir la imaginación política en el presente, y quizás distinguir los lineamientos de esperanza para el futuro.

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(Traducido por Haomi Vázquez Sánchez)

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