En Foco, Ojo de la Aguja, Opinión

El significado de la hipocresía

“Venid a Bet-el y romped las reglas; id a Guilgal y multiplicad vuestras transgresiones; traed vuestros sacrificios cada mañana, vuestros diezmos cada tres días; ofreced un sacrificio como acción de gracias de lo que es leudado, y proclamad ofrendas voluntarias, hacedlas públicas. ¡Porque eso es lo que queréis vosotros hacer, oh gente de Israel!”

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Nigel Pocock

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Puede resultar muy extraño comenzar un artículo en un periódico virtual, laico y radical, con una cita del Antiguo Testamento, pero es precisamente lo que el profeta Amos era hace 1,700 años en el antiguo Israel – radical.

El culto religioso era entonces una burla contra Dios, incluso cuando se desempeñaba con cierto entusiasmo. Pero ¿por qué?

Un importante psicoterapeuta ha sugerido que es necesario examinar más a fondo el mandamiento de “no blasfemar”.

“¡No pronunciarás el nombre de Dios en vano!” Tradicionalmente esto se ha tomado en el sentido de no incluirlo en improperios, tales como “¡Por Dios!”, o “¡Jesús!”, pero se sugiere que esta no es la intención más profunda del mandamiento.

Más bien, su propósito se centra en el mal uso del nombre de “Dios” en un supuesto contexto religioso. Esto es exactamente lo que Amos prevé.

Betel (“Casa de Dios”) y Guilgal serían el equivalente de las actuales catedrales de  Canterbury y St. Paul. Un ritual como ese no tiene ningún valor según Amos—es una total hipocresía. La fachada parecerá buena, pero es absolutamente falsa. Esa es la “blasfemia”.

¿Entonces cuál es el significado actual de ´hipocresía´, en nuestra supuesta sociedad “abierta”? En la época Victoriana se creía en “virtudes” que normalmente eran imposibles de lograr.

Ahora la gente moderna señala con el dedo y grita, “¡Hipócritas!” De lo que estos orgullosos virtuosos (sic) modernos no se dan cuenta es de que escondiéndose detrás de su tan cacareada “honestidad” y sus “valores” relativistas, sólo hay una ruta de escape.

¡Para los que ya no pueden ser “juzgados”! Esto se debe a que ese “juicio” depende del ideal al que va dirigido, y sin el cual no hay base para este pleito.

Ahora no hay ninguna base sobre la cual exclamar, “¡Hipócritas!” ¿Qué hacer entonces cuando los políticos se ven involucrados en problemas de “contabilidad creativa” o actividades sexuales extraoficiales?

¿Es imposible juzgarles? ¿Son ellos “hipócritas”? ¿O es que esto simplemente se ha convertido en un comportamiento aceptable, ya que “todo el mundo lo hace”? ¿Es el mínimo común denominador el punto de referencia de la conducta pública? No es que las metas hayan cambiado, ¡es que han desaparecido por completo!

Sin embargo, este comportamiento tiene consecuencias sutiles. La gente puede que quiera negarlo, como una forma de aceptación del mismo, pero es una pobre estrategia, ya que es una táctica para evitar el problema.

Las irregularidades financieras, por ejemplo, afectan el fondo del que se dispone para ayudar a los menos favorecidos, mientras que las aventuras extramatrimoniales causan un enorme daño psicológico.

Nuevas investigaciones en epigenética (adición a la genética) muestran que los traumas pueden hacer cambiar los genes, especialmente en la adolescencia o en el periodo de gestación.

Esto, a su vez, tiene efectos que se transmiten a través de sucesivas generaciones que no tuvieron parte en el trauma original, como muestra la investigación sobre los bebés en el periodo 9/11 de la gestación.

Esto a su vez crea un proyecto de ley de servicios sanitarios para manejar los efectos de esta disfunción, la cual pondría, sin duda, ser mejor empleada.

Entonces, ¿Es necesaria la hipocresía – no hoy – para que nosotros, la gente honesta, disfrutemos de nuestra mascarada? ¿Quiénes son los que tienen ahora los sepulcros blanqueados y llenos de huesos secos?

(Traducido por: Ana Isabel Matesanz – Email: anais90@live.com)

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