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Viviendo con el enemigo en casa

La violencia ejercida por los hijos a sus padres ha aumentado notablemente. Entre 2008 y 2010 el teléfono de ayuda a padres recibió más de 22.000 llamadas reportando agresiones en el Reino Unido. 7.000 de ellas incluían abusos físicos.

 

Viviendo con el 8Benjamin Serra

 

Aunque supone un tabú para muchas familias, las memorias judiciales reflejan cada vez más, un aumento de casos de padres y madres que, al límite de la desesperación, se ven abocados a denunciar a sus hijos por agresiones físicas y psicológicas.

Unas agresiones consideradas por los expertos como el tercer tipo de violencia intrafamiliar o doméstica junto a la violencia paterno-filial y a la violencia conyugal o de género. De hecho, una de cada cuatro muertes en el Reino Unido se comete a manos de un miembro de la familia contra otro.

La violencia filio-parental, también conocida como TVAP (por sus siglas en inglés, Teen Violence Against Parents), siempre ha existido, aunque en pocas ocasiones los padres se atrevían a dar a conocer su sufrimiento y se quedaba en el ámbito más íntimo.

Viviendo con el 2Tradicionalmente, este tipo de maltratos se ha asociado a enfermedades mentales que generaban estas acciones violentas. Sin embargo, su aparición en la actualidad en familias cuyos hijos no padecen ningún trastorno psicológico ni tienen antecedentes delictivos ha activado las alarmas.

Aunque no hay un perfil claro de “hijos agresores”, la mayoría suelen ser varones entre los 12 y 18 años, y especialmente entre los 15 y 17. Además, contrariamente a lo que se pueda pensar debido a los tópicos sociales, este tipo de violencia se da más en familias de clase media y alta que en los entornos con pocos recursos económicos.

EEUU Violencia infantil4En el caso de los chicos, las agresiones ejercidas hacia los padres se centran más en el ámbito físico, siendo un ataque mucho más brutal y directo. Pero por lo que se refiere a las chicas, la violencia es más sutil generalmente, hiriendo psicológica y sentimentalmente a sus padres y madres.

Desde amenazas, chantajes, extorsiones y desprecios hasta insultos, humillaciones y golpes. La violencia filio-parental presenta multitud de formas que, en muchas ocasiones, los padres se niegan a aceptar por considerar esta situación una etapa de rebeldía propia de la adolescencia.

Pero nada más lejos de la realidad. Se trata de una conducta que no tiene nada que ver con las causas biológicas relacionadas con la edad ni de desarrollo propio del ser humano hacia un individuo más independiente de sus progenitores.

EEUU Violencia infantil8Por qué aparece

Los factores que pueden influir en la aparición de este tipo de violencia son muy variables. Desde factores sociales y culturales hasta individuales y familiares, entre otros.

Al hecho de que vivimos en una sociedad muy permisiva en la que se confunde libertad con ausencia de autoridad, se suma que la violencia es un factor aprendido. Esto quiere decir que se transmite a las generaciones más jóvenes a través de la familia, los juegos, el entorno, los centros educativos o los medios de comunicación, entre otros.

Por esto, los niños, en muchas ocasiones sobreprotegidos y educados en la cultura de la autosatisfacción y ausencia de responsabilidades, se creen con la capacidad de exigir que sus deseos se cumplan y en el caso de que no sea así, se rebelan violentamente contra la autoridad. En este caso, sus padres.

Reino Unido niños,5Otras causas pueden ser las experiencias previas de malos tratos o de desajustes en al ámbito familiar, los cambios en los modelos de familia con padres cada vez mayores y con menos energía para mantener la autoridad, estilos educativos excesivamente permisivos o incluso, drogodependencias y otro tipo de adicciones.

Estos factores no implican directamente que el hijo se convierta en un agresor. Sin embargo, los expertos destacan que todos los adolescentes que ejercen malos tratos hacia sus padres sí han vivido circunstancias como estas o similares.

Frente a estas situaciones de maltrato, las víctimas han optado tradicionalmente por guardar silencio, como apunta Rachel Condry, doctora del Centro de Criminología de la Universidad de Oxford.

Viviendo con el 1Condry destaca que muchos padres deciden no dar a conocer su situación ni a las autoridades ni a su entorno por la vergüenza y el estigma de ser considerados malos padres, la falta de posibles soluciones y la resistencia a creer que son víctimas de este tipo de violencia.

En muchas ocasiones, también por miedo a las repercusiones negativas que puedan padecer los hijos y por el instinto de protegerles a pesar de todo.

La prevención

En contra de lo que se puede pensar, evitar este tipo de comportamientos no es una tarea únicamente correspondiente al ámbito privado de la familia, sino también de los centros educativos. En ambos casos se debe transmitir que la violencia no es la vía para resolver problemas.

las mujeres y la violencia 3La clave reside en el tipo de educación y de redes familiares que se crean. Es decir, los padres deben crear un sistema coherente que no confunda al niño en el que las figuras paternas son la autoridad pero con un estilo democrático, dialogando y negociando las decisiones familiares y los conflictos.

Además, hay que tener en cuenta que la violencia filio-parental no aparece de manera repentina. Por tanto, en el momento en que se detecten las primeras manifestaciones violentas hay que poner solución para evitar que la situación se convierta en irreversible.

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