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Ultranacionalismo en Europa: viviendo donde el enemigo

El ultranacionalismo avanza en Europa,  como lo hace el comején en la madera, en la ya hueca puerta del continente. Europa es  incapaz de buscar fórmulas eficaces para frenar el auge de ese movimiento.

 

 

Antonio Rondón

 

A la par de los últimos cuatro años de crisis económica en la Unión Europea (UE), que ataca con más fuerza a la zona euro de 17 naciones, se hacen cada vez más fuertes las tendencias excluyentes dentro de la propia población, más allá de militancias políticas.

La falta de empleo, los salarios precarios, la inseguridad sobre la ayuda que puede brindar el estado, la crisis de las familias, devastadas por el desespero de salir a flote, pone en riesgo valores humanos como la dignidad, la solidaridad o la tolerancia.

Además, la globalización al servicio de los intereses financieros internacionales destruye conquistas sociales, los valores democráticos reciben el mayor ataque conocido desde distintos fundamentalismos y emerge una violencia neofascista.

En tal situación, cuando como ocurre en España o Grecia los índices de desempleo superan el 26 % de la población laboralmente activa, sin que aparezca algún viso de mejoría, o cuando la economía de la UE decrece en un 0,1 % en el primer trimestre, es difícil apelar a los valores mencionados. Nuevos peligros acechan a la condición humana en esos casos como la intolerancia, la indiferencia, el odio y la discriminación de otros, y sirven como caldo de cultivo para organizaciones políticas neofascistas, antisemitas, racistas o antiislámicas.

Todo ello llevó al auge de agrupaciones xenófobas que caminaban hace años de forma silenciosa por toda Europa y en el caso de las antiguas repúblicas ex soviéticas, aceleraron su actividad tras los cambios de sistema operados allí, comentan analistas de la UE.

El racismo y la xenofobia en algunos casos tuvieron carácter estatal como ocurrió en 2008, en tiempos de los gobiernos de Silvio Berlusconi en Italia y Nicolas Sarkozy en Francia, con redadas contra la comunidad gitana, una de las más marginadas en Europa.

Los gitanos – una minoría que suma entre 10 y 16 millones de personas en toda Europa – han sido largamente discriminados, bajo acusaciones de ser vagos y ladrones.

El problema de los romas en Europa llevó a la realización en 2011, en Lisboa, del foro internacional “Gitanos en el siglo XXI”.

De acuerdo con Daniela Rodrigues, de la organización SOS Racismo, las políticas de falsa defensa de los intereses de la mayoría de la población aplicadas en su momento por Berlusconi y Sarkozy permitieron una arremetida contra los gitanos en pleno siglo XXI.

Aún así, los marroquíes aparecen entre los más marginados en Europa; un muestreo hecho en naciones europeas demostró que el 23,1 % de los estudiantes interrogados es renuente a contar con compañeros de clase de esa comunidad.

Entretanto, el desempleo afecta, sobre todo, a la juventud, que, a la vez, es el sector más vulnerable a la propaganda del odio, el racismo y la intolerancia con extranjeros, miembros de otras religiones o representantes de diferentes razas (negros, árabes).

Ello se debe, en parte, al fácil acceso y habilidad de los jóvenes en Internet, donde se relacionan en las redes sociales por encima de otros grupos, y, en muchos casos, la ausencia de una ideología viable que evita en sus postulados las tendencias racistas o xenófobas.

Muchas veces, el reclutamiento de miembros de organizaciones ultranacionalistas recorre el siguiente esquema: fanáticos ultra de clubes de fútbol que son bombardeados con propaganda de odio en Internet para luego acudir a conciertos de neofascistas, destaca la agencia IPS.

Quizás la fórmula anteriormente manejada pueda parecer un tanto simplista, pero ello destaca como una de las vías más empleadas para llenar las filas de agrupaciones como el Frente Nacional, en Francia, Jobbik, en Hungría, o el Partido Nacionaldemócrata Alemán.

En el estrado

Desde hace unos años, la ultraderecha europea ocupa un estrado en diferentes foros políticos, incluido el propio Parlamento Europeo (PE), donde en la actualidad 30 escaños son ocupados por partidos de esa tendencia.

El PE cuenta con diputados de la Alianza Europea por la Libertad, el Movimiento Europeo de Libertades y la Alianza Europea de Movimientos Nacionales.

Pero en el plano nacional, asustan aún más los “éxitos” de las agrupaciones como el Partido Popular en Suiza, que llegó al 29 % de los votos en comicios parlamentarios, y en Holanda el Partido de la Libertad, con 15,5 puntos de preferencia.

El propio Jobbik en Hungría, cuyos miembros portan uniformes oscuros y armas, y se les acusa de cometer asesinatos de gitanos, contaron con el 16,7 % de los boletos depositados el pasado año.

Además, en Grecia, la ultraderecha llegó al gabinete, mientras crece el número de adeptos de la neofascista Aurora Dorada, en medio de manifestaciones populares que demandaron al ejecutivo frenar el auge de las corrientes xenófobas en esa nación sumida en la crisis.

El Partido del Progreso Noruego, que en su momento contó con el 23 % de la preferencia popular en las urnas, también se suma a la lista de los “exitosos ultranacionalistas”, al igual que el movimiento Verdaderos Finlandeses, o la extrema derecha danesa, respaldada por el 14 % de los votantes.

Todo ello llevó a la formación de alianzas ultraderechistas como la de Movimientos Nacionalistas Europeos (AENM), que de conjunto recibieron unos 300 mil euros por concepto de ayuda a partidos parlamentarios establecida por ley en varias naciones europeas.

Uno de los peligros más palpables de las formaciones ultraderechistas es que partidos históricamente apegados a preceptos democráticos llegan a incluir dentro de sus prácticas acciones con inclinaciones xenófobas, incluidas medidas de exagerado control migratorio.

En medio de las diversas tendencias racistas y xenófobas que se registran en la región, existen tres grandes grupos considerados como los más vulnerables como el caso de los jóvenes inmigrantes, usados como fuerza laboral que en cualquier momento se desecha.

Otro grupo se vislumbra más bien entre los musulmanes, cuyas prácticas religiosas y culturales son presentadas como un peligro para la sociedad europea y resultan responsabilizados de todos los males sociales.

Un tercer sector vulnerable son los que pueden ser fácilmente considerados como indeseables, expulsados o explotados, como es el caso de los gitanos.

Además, la exposición a la propaganda neofascista crea los llamados lobos solitarios que de forma individual pueden causar mucho daño, sobre todo, porque los servicios de inteligencia centrados en los estereotipos de musulmanes terroristas podrían dejarlos sin atención.

Ello ocurrió con el anglosajón Timothy McVeigh, quien en su momento colocó una furgoneta cargada de explosivos frente a la sede del Buro Federal de Investigaciones en el estado de Oklahoma, con saldo de decenas de muertos.

Tal acción fue imitada luego por subversivos chechenos o por otros grupos violentos en Afganistán y otras naciones.

El más reciente caso es el del noruego Anders Breivick, quien en julio de 2011 asesinó a más de 90 personas, en su gran mayoría jóvenes, para confirmar sus convicciones ultraderechistas.

Muchos de sus actos se basan en materiales como los Diarios de Turner, del escritor nazi William Pierci, quien ya tiene distribuidos unos cinco millones de copias.

La intolerancia, imperceptible para los cuerpos de seguridad y por la sociedad, al ser uno de los atributos que tiene carácter individual, puede desatar fenómenos muy negativos. (PL)

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