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El chico de Lancashire

Recuerdo mi infancia en Radcliffe, en Lancashire. Un pequeño pueblo industrial, con cientos de chimeneas echando humo sobre el valle. Ahora ninguna permanece.

 

Lancashire featuredSteve Latham

 

La industria de algodón se ha hundido.  Nuestro bache histórico temporal, de la protección imperial, ha sido sustituido por el capitalismo global, y el declive final de la industria británica.

Cerca de nuestra casa había una línea de ferrocarril. Teníamos que tener mucho valor para cruzar las vías, porque aunque había un paso a nivel, nunca sabíamos cuando podría venir un tren.

En el campo pastaban las vacas; y teníamos que recurrir a nuestro coraje para cruzar esto también, porque no estábamos seguros de diferenciarlas de los toros,  y vivíamos con el miedo de ser perseguidos.

Lancashire la 2A través de la vía de ferrocarril, estaba el montón de escoria. Esto son los desechos de la mina de carbón. Contaminado y contaminante. Pero de niños, era una enorme, altísima montaña para nosotros, donde podíamos tener “aventuras”.

Mi mejor amigo tenía un “bogey”, hecho por su padre, lejos de los viejos cochecitos de ruedas y tabla de madera. Era el único en nuestro grupo de amigos. Y tenía como resultado un importante estatus.

En los cuentos, aprendí que esto era correctamente llamado “coche de carreras” o ‘go-kart’. Pero nunca había visto una caja de jabón, y un go-kart era un vehículo de motor para las carreras.

Lancashire lad 2Supongo que nuestro uso de “bogey” es igual al “bogey” en los ferrocarriles: un pequeño chasis que lleva las ruedas de los vagones de tren.

Lo usábamos para deslizarnos por los barrancos del montón de escoria, descendiendo, hasta que llegábamos al final con un ruidoso derrape.

El bogey era conducido por un trozo de cuerda que dirigía las ruedas delanteras;  y no tenía frenos. Parábamos con el uso racional de nuestros pies, arrastrando nuestros elegantes zapatos del colegio.

No obstante, viajé a casa recientemente, a visitar a mis padres; en tren, en lugar del coche, la forma habitual.

Lancashire lad1Cuando pasé por  nuestra antigua casa, vi el montón de escoria, depositaria de tantos recuerdos.

Parecía más pequeño. No debería sorprenderme. La lluvia y el tiempo habían disminuido su tamaño. Y no debería haberme sorprendido de mi inexacta memoria.

Escasamente recordé lugares de mi infancia que a menudo parecían más pequeños que cuando lo encontramos más tarde en la vida. Por supuesto, éramos nosotros los pequeños; por ello los objetos de nuestro entorno parecían enormes.

Pero siempre hay decepción, cuando visitamos antiguos lugares. La escuela y las calles por donde solíamos caminar: tan pequeña, tan insignificante.

Lancashire lad 3 editar arribaYo también era insignificante. Londres es la provincia donde ahora vivo. El pequeño pueblo de Lancashire comparado con ésta, se halla infinitamente más lejos, tanto en el tiempo como en el espacio.

La memoria juega malas pasadas. No había minas de carbón en nuestra zona.  Así que ¿qué tipo de “escoria” era? ¿Y mi mejor amigo? No puedo recordar su nombre.

Nuestras vidas son un viaje de desilusión. O debería ser.  La pregunta es, o nos quedamos atascados en nuestro desencanto o seremos capaces de seguir adelante, desde la fantasía a la realidad.

 

(Traducido por Haomi Vázquez Sánchez)

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