Cultura, Globo, Mundo, Música

Santiago Michael: rumbo a África tras el ritmo del tambor

Es Argentino de nacimiento, inglés por sus genes y lleva los tambores en sus venas. Su odisea musical lo llevó de Buenos Aires a Cuba, de Brasil a Nueva York. Finalmente,  cuando descubrió el xilófono africano, tal fue el impacto, que su vida cambió. El ritmo le llevan y traen a través de las culturas y de su historia, mientras busca la libertad espiritual.

 

 

Santiago Michel (9)Texto y photos: Graham Douglas

 

De padres ingleses, Santiago Michael nació en Buenos Aires donde todavía reside.

Todos los años lleva a grupos de 12-25 personas a Ghana, asiste a clases y además compra instrumentos que vende a su vuelta.

Él y su esposa se casaron en una ceremonia tradicional en la región noroeste de Ghana, y ahora son padres de un niño que nació el año pasado.

Santiago habla para The Prisma sobre las direcciones en que la música le ha llevado, cruzando continentes en búsqueda de tradiciones musicales que cruzaron el Atlántico hace 200 años.

¿Cómo comenzó su interés por la música?

En Buenos Aires escuchaba música Rock, tocaba el trombón en comedias musicales, desfiles de bandas.

Santiago Michel (7)El placer de escuchar me apasionaba. También estaba en un coro. Cuando terminé el instituto, empecé mis estudios universitarios de Comunicación Social ya que mi padre pensaba que la música era sólo un hobby.

Sin embargo, conseguí ir a clases de tambor africano y me compré unos bongos y después unas congas. Más tarde, en 1995, me fui a vivir 6 meses a Cuba que aún se encontraba bajo el Periodo Especial después del colapso de la Unión Soviética, cuando la URSS suspendió la compra de azúcar a Cuba.

Ya estaban empezando a desarrollar una economía mixta pero fue muy duro. Recuerdo que me alojaba con una familia y me dijeron que un mes antes de que yo llegara sólo cenaban un vaso de agua con azúcar.

Tuve la suerte de visitar ese país tan hermoso y gente tan bella, en Santiago de Cuba, donde se originó Son. Era más barato que La Habana, con un dólar americano se podía hacer muchas cosas. Así que me adentré en el mundo del tambor afroamericano: afroamericano desde el punto de vista de América Central y del Sur. Allí había algo que estaba hecho para mí, entonces le dije a mi padre que iba a dejar la universidad.

Santiago Michel (5)¿Le gustó la idea?

¡Se había librado una guerra durante 10 años! Aún así no  me marché de casa. Estudié música en el conservatorio de Buenos Aires y luego me fui a Curitiba, en Brasil. Allí tienen un curso de música muy bueno que se llama Oficina de Música y no es caro porque está subvencionado por el Gobierno. Se estudia música clásica brasileña durante 15 días, Música Legita, y después música popular brasileña, MPB. Los profesores proceden de todas las partes del país. Más tarde fui a Pernambuco y a Bahía, en el noreste de Brasil.

Pernambuco se identifica con el Manguebeat: Nação Zumbi y Chico Science.

Sí, en vez de Samba como en Río, se tocan ritmos Maracatú, allí se dice que no hay lugar para la samba.

Santiago Michel (2)Es profundamente africano y hay dos tipos: Maracatú de Baque Virado que tocaban los africanos negros en la costa de Recife y Olinda, y Maracatú de Baque Salto de los morros, que tocaban los mestizos de Kabokla.

El ambiente del carnaval de Pernambuco es muy diferente porque cualquiera puede unirse, se celebra en la calle, no en un Sambódromo. No existe separación con respecto al público. En 1999 conseguí un buen trabajo que me permitió ahorrar algo de dinero e ir a Dakar (Senegal) y más tarde a Ghana para estudiar percusión.

Conocí a un músico argentino en la Academia de la Música y las Artes Africanas de Kokrobite, (AAMA).

En Senegal fue más difícil porque no hablo francés. Sin embargo la experiencia en general fue increíble y después de eso dejé por completo la escuela clásica. Estudié música Djembe con un chico del Ballet Nacional Senegalés; pero no sólo nos dedicamos a la Djembe, también tocábamos música Diola, Wólof y Mandinka.

Santiago Michel (3)Estas personas están dispersas a través de fronteras que no corresponden a las fronteras políticas. En Ghana estudié música Balogo, que es una tradición de este país, y una vez en Argentina me gané la vida enseñando tambor Sarawa y Balogo.

¿Qué tipo de gente asiste a tus clases?

La música africana está expandiéndose por Argentina, junto con la cubana. El espíritu de la música Djembe posee mucho virtuosismo. Existe la versión popular donde todo el mundo participa y el Ballet que está más centrado en la actuación en el escenario. La música Palogo no se conoce en Latinoamérica, entonces la gente viene a mis clases para eso.

Vienen muchos jóvenes a mis talleres y uso los tambores por su significado espiritual, como en la santería cubana, en la que se puede ver cómo se produce este proceso y cómo el toque del tambor permite a las personas contactar con su yo espiritual.

No es solamente aprender a ser percusionista, también es una manera de crecimiento personal y transformación espiritual.

Es como meditación y terapia, conduce hacia una experiencia temporal diferente y de participación colectiva en el momento presente.

Las actuaciones de tambores tienen que ver con el contexto social, la participación es clave, pues ésta adquiere un nuevo nivel. Por eso no se trata de una audiencia pasiva que contempla un espectáculo.

Algunos de mis estudiantes han continuado aprendiendo con estos profesores y han empezado a impartir sus propias clases en Argentina, lo que significa que el toque del tambor está abriendo nuevas puertas y eso me hace muy feliz.

Santiago Michel (1)Ha estudiado muchos y diferentes instrumentos de percusión.

Durante un tiempo tuve un profesor de tambores de marco en Nueva York. Es un tambor con la piel más grande que el cuerpo, llamado pandera y que se toca de pie.

Se pueden encontrar por todo el mundo. Allí había un instrumentista de baláfono (xilófono) muy bueno y aunque sólo pude dar dos clases de música Jyiaa, esto me hizo tomar una nueva dirección.

Se trataba de inyectar melodía y ritmo al tocar el tambor. Encontré un libro llamado Xylophone Teaching in Schools in Britain y durante 3 o 4 años sólo tuve este libro y las grabaciones. Sin embargo, después tuve la oportunidad de estudiar balafón en la región alta del este de Ghana donde vive el profesor, el país de Lobi que cubre parte de Ghana, Burkina Faso y Costa de Marfil. Para que realmente se aprecie la música, las grabaciones no son suficientes, por eso hay que ir allí para experimentarla de verdad. La música nos vuelve más sensibles, hace que nuestros cuerpos vibren.

Santiago Michel (8)¿Le gusta la música electrónica? ¿Es capaz de transportarle a nuevos espacios espirituales?

Sí, claro; para mucha gente es así, y se relaciona con diferentes formas de acción social. Sin embargo cuando se ve este baile en las discotecas, no hay mucha conexión entre la gente. Existen percusionistas en Argentina que la usan de maneras muy creativas y combinándola con música acústica, aunque en contextos urbanos hay más desconexión entre la gente.

¿Cuántos viajes ha hecho?

Cinco viajes, tres de ellos con grupos. Mi hijo acaba de nacer, así que no puedo ir para mucho tiempo esta vez, pero me gustaría quedarme unos años para estudiar música Kora. Cuando estaba en Burkina Faso, contraje la malaria y me fue imposible continuar estudiando goni, que es como un arpa, un instrumento para cazadores, el instrumento de cuerda más antiguo de África Occidental: aquellos que mediaban entre el mundo físico y el espiritual. Tiene unos aros de metal que vibran y producen un silbido mientras se tocan las cuerdas o una “tela de araña” de papel que produce un zumbido.

Santiago Michel (6)La kora no es para cantar, el goni acompaña a la cantante. Yo toco el goni en mis grupos de Argentina, pues está fusionado con instrumentos modernos como el contrabajo, el calabash, la tabla, la flauta turca, el saxofón y el piano. Nos llamamos Mbiguá; el nombre procede de los indígenas Guaraníes que viven en la zona de Tigre cerca de Buenos Aires, donde viví durante 10 años. Es una zona de islas donde viven muchos artistas que vienen a trabajar lejos de la gran ciudad.

 

 (Traducido por Carmen Bergillos Sánchez – Email: carmen.bergillos@gmail.com)

 

 

Share it / Compartir:

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*

*