En Foco, Opinión

Bogotá: la capital de las ausencias

Es difícil en estos tiempos encontrarse con alguien interesante en el centro bogotano, un lugar convertido en un sitio similar al basurero de “Doña Juana”, como consecuencia  del sabotaje al alcalde distrital por las empresas basuriegas privadas. Tanta mugre, huecos y descuido en general acabaron definitivamente con la zona patrimonio arquitectónico e histórico de la ciudad.

 

Bogota la capital 9Armando Orozco Tovar

 

Sin embargo a veces por el azar se dan tenidas como la otra noche en el mismo espacio (donde existió el famoso Café Automático de tercera generación) con el poeta Juan Manuel Roca y contertulios, un lugar situado al frente a la Librería Alejandría, los jueves celebrante del “Ágora de las doce sillas”: un pretexto de poetas para oírse sus versos: casi todos sobrevivientes de los tiempos en que estaban los sicarios contra la cultura, el arte y la poesía.

De esos ataques hechos por el capitalismo salvaje, con gran sevicia, hubo víctimas de la cultura, como ocurre hoy con la Casa de Poesía Silva, fundada en 1986, por María Mercedes Carranza, y quien fuera remplazada por un director que desterró a los poetas, de su recinto y aniquiló la poesía, pues hasta el prestigioso taller de poesía de “25 años de Roca”, se acabó, cuando el poeta renunció al enterarse, que no le pagaban sus salarios a los empleados, y tampoco a sus colaboradores.

Bogota la capital 2En esta ciudad, “todo nos llegó tarde hasta la muerte”, al decir de Julio Flórez en su soneto: “Todo nos llega tarde.”

Hace diez años se le prometió a la urbe un Metro, que en virtud a acuerdos entre el Gobierno Nacional y la Alcaldía Mayor de Bogotá, entraría en servicio en 2003, como necesidad imperiosa para que sus ciudadanos pudieran articular sus labores con el descanso en sus hogares. Demanda alcanzada hace siglos en casi todas las capitales del mundo.

Víctor Carranza
Víctor Carranza

Pero aquí sólo se da la repetición de los periódicos y noticiarios, como una bicicleta estática, pasando una y otra vez la misma información con diferente traje, y la revivida telenovela sobre las drogas y personajes más siniestros de nuestra historia.

Ahora, con seguridad, vendrá la del fallecido esmeraldero Víctor Carranza, a quien mostrarán como a un héroe, y harán apología de todos sus crímenes. Sin duda serán historias que, como la lluvia, no para cesan desde el siglo diez y siete, como dice Gabriel García Márquez.

Estos “miedos”… no, medios de comunicación, sino de “incomunicación”, muestran sólo al bandido idéntico de siempre, huyendo por la perenne montaña. Muestran la misma masacre diaria de hace doscientos años con serrucho o motosierra, y la explosión de la bomba destructiva en campos y ciudades.

Bogota la capital 10En cambio no existen los programas para erradicar de una vez la gran miseria de la capital como la emplazada en 1867 por Miguel Samper en sus artículos periodísticos, llamando en ellos a la redención social por parte de la clase dominante, en una aldea que no pasaba de los cincuenta mil habitantes.

En sus comentarios – consignados después en un folleto titulado: “La miseria en Bogotá” –, el comentarista hace descripciones de las: “Nubes de mendigos”… de los ladrones que acosan a los transeúntes para robar o pedir limosna.

Maria Mercedes Carranza
Maria Mercedes Carranza

En el centro de la ciudad (no hablemos de toda la ciudad, que son muchas ciudades) sus parques, aquellos lugares, que fueron cenáculos habitables, cuando no habían aparecido los centros comerciales, se ven ahora áreas desaseadas con sus bancas y rincones repletas de porquería y malos olores.

Se ven por todas partes indigentes durmiendo a las entradas de los edificios, y hasta adentro de los cajeros automáticos de los bancos.

En casi todos los andenes, los ladrillos se convirtieron en trampas “quiebra patas”… sueltos y listos para el tropiezo fatal.

Bogota la capital 8En este año, que ya se acabó, una gran mayoría de personas trashumantes viven de la “economía del rebusque”… en una ciudad, que alguna vez fue pensada por el capital financiero como la cumbre de los negocios de América, por encontrarse en un lugar geográficamente privilegiado, que posibilitaba todas las comunicaciones. Pero es un sueño que se volvió trizas cuando la gran urbe se convirtió en el refugio de miles de refugiados por la violencia, provenientes de casi todo el territorio nacional. Se derrumbó el sueño del WTC colombiano.

La miseria galopante, los desplazados, las permanentes movilizaciones por la defensa de de la salud, contra el desempleo, la gran cantidad de paros y permanentes marchas estudiantiles, fueron las naves, que derribaron las torres del sueño del capitalismo salvaje.

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