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Periodistas: entre la verdad, la amenaza, el odio y la muerte

Mexico…“Y cuando despertó, el dinosaurio seguía ahí”. Augusto Monterroso.

“Salgo del trabajo mirando a todos lados, porque no sabes a qué horas un cabrón te va a matar”. Víctor Ruíz, periodista michoacano. “Si alguna vez te preguntan de qué medio vas, no digas que del nuestro, es que, déjame te explico, anoche vino mi jefe a casa a avisarme que no puedo salir de la cabecera municipal porque los malos dijeron que me iba a cargar la verga”. Elena.

 

Hercilia Castro Balderas

 

Cuando Elena me dijo eso sentí que un escalofrío me recorría, era la segunda vez en menos de un año que tenía amenazas, que vivía las amenazas, ya en septiembre de 2012 yo también había pasado por un episodio similar, no amenazada por los cárteles de la zona (los templarios) sino por develar la verdad sobre un caso de violación a los derechos humanos y el despojo a la comunidad de Zihuatanejo.

Y no sólo en este lugar porteño las amenazas y agresiones se dan, en toda la entidad y el país son vetados por el terrorismo de estado y el “narco poder” la libertad de expresión.

Al menos, en la pasada marcha del 2 de octubre (Aniversario luctuoso de la masacre de Tlatelolco) Marcela Muratti, dos veces finalista del Premio de la FNPI y ganadora del concurso de reportajes América Latina y los Objetivos de Desarrollo del Milenio del PNUD, escribió recientemente un artículo para re-leer.

Habla en él de la agresión a 49 reporteros y foto periodistas que cubrieron las protestas y fueron golpeados, algunos encarcelados, sólo por ejercer su trabajo.

También, Elia Baltazar, periodista mexicana reconocida y fundadora de Periodistas de a Pie, ha comenzado en Facebook y Twitter  la campaña #NoEsNormal  para concientizar y denunciar las vejaciones de los actos del gobierno en turno de Enrique Peña Nieto contra el gremio periodístico.

México, es calificado como el octavo país más peligroso para ejercer el periodismo, después de Afganistán.

Los ataques a la libertad de expresión datan de  2000, y en el último sexenio del ex presidente Felipe Calderón Hinojosa, la ley mordaza y asesinatos se incrementaron más contra los periodistas de diversos medios nacionales, incluso, contra los reporteros y blogueros independientes.

El Commiitee to Protect Journalist (CPJ) informó éste año que bajo el sexenio de Calderón Hinojosa “al menos 14 periodistas fueron asesinados en represalia por su labor durante la gestión de Calderón (diciembre 2006 a diciembre 2012), por lo cual su periodo ha sido uno de los más violentos para la prensa que jamás se haya registrado en el mundo”, asegura la CPJ.

Pero no sólo el informe del CPJ habla del índice de periodistas desaparecidos, de los medios de prensa atacados, del índice de impunidad y de los comunicadores agredidos y asesinados. A la par existe otra realidad: el miedo y la autocensura que viven los reporteros en México.

En Guerrero se vuelto un acto temerario ejercer periodismo, decir la verdad, escribir la historia de los pueblos, darle un espacio a aquellos que están hartos de un sistema autoritario y corrupto, sanguinario y tirano.

Como si hablar, opinar, fuera un delito, no un derecho ciudadano; incluso la crítica y la autocrítica han mermado en los últimos años y muchos periodistas han tenido que huir de la entidad.

Así ocurrió con el periodista Emilio Lugo, director del portal de noticias Ágora Guerrero que el pasado 27 de junio salió de la entidad por amenazas de muerte y luego que las autoridades locales se negaron a darle protección, según denunció la organización internacional Article 19.

“Yo no quiero que me maten y me tiren donde nadie nunca me encuentre o me descuarticen… Eso me da mucho miedo”.

Romper el silencio

Tamara cuenta que en Veracruz, como en otras partes del país ejercer el periodismo es un oficio de alto riesgo “por supuesto sabemos que los compañeros asesinados en Veracruz, han perdido la vida por decir la verdad, por contar historias verdaderas que van a incomodar a las autoridades”.

Refirió que en el caso de la corresponsal de Proceso, la periodista Regina Martínez, a un año, el pasado 5 de abril la abogada del caso, Ángeles Diana Coq Toscanin declaró que no se ha hecho justicia a pesar que los vecinos de la corresponsal asesinada aseguraron que “Regina era una persona muy tranquila, pero la Procuraduría ha fabricado testigos”.

“Algunos compañeros prefieren no hablar porque tienen miedo a las represalias, otros dicen mejor irse en silencio. A un compañero fotógrafo le secuestraron a su hijo hace dos años atrás, Guillermo Antonio Palacios Rodríguez”.

Cuenta que actualmente otro compañero tiene una manta en las instalaciones de su diario Martín Serrano, frente al Palacio de Gobierno en plena plaza pública, ya que se dice en el gobierno de Fidel Herrera Beltrán, fue destruida su maquinaria y fue sacado con violencia de su hogar junto con su familia, por lo que tuvo que cerrar su periódico.

“Desde mi punto de vista no hay libertad de expresión en Veracruz, algunos compañeros me dicen ten cuidado con lo que escribes”, dijo.

La otra violencia

Pero la violencia no es simplemente la física que se ejerce contra el periodismo mexicano. También algunas empresas editoriales, o muchas, según sea el caso, abusan de la pasión del reportero violencia no es contra el periodismo mexicano.

También algunas empresas editoriales, o muchas, según sea el caso, abusan de la pasión del reportero. Por una nota llegan a pagar desde 90 o 100 hasta 50 pesos (menos del salario mínimo), y es peor en la provincia. La mayoría de los diarios, paga por nota publicada, sin tener en cuenta que muchos periodistas independientes deben pagar impuestos, según estipula la Ley de Honorarios.

He sabido que una reportera se queda sin trabajo pronto, pues el diario regional para el que trabajaba, fue cerrado por el grupo de los ‘Caballeros Templarios’, por considerarlos “soplones”.

Otro periodista me dicho que busca “replantearse” el oficio pues no le alcanzan los ingresos, y que tuvo que cambiar de casa, pues el diario estatal donde labora no publica su esfuerzo diario.

Otros reporteros prefieren ceder a los juegos del poder, “llevar la fiesta en paz”, abrazar y besar a los funcionarios, así sepan que traicionan a su pueblo. La consigna “Prensa vendida, por eso estás jodida”, pesará sobre ellos eternamente.

Los bajos salarios también son una forma de violencia para el periodismo mexicano, que lleva a muchos, a ceder a la corrupción.

Y otros, seguimos escribiendo, conscientes de que seremos vetados, amenazados, agredidos, desaparecidos o asesinados, formando parte de una gran estadística de crímenes a la libertad de expresión. Conscientes de que con el regreso del PRI, al igual que en la dictadura porfirista, el sangriento 68, el dinosaurio regresó, y el poder  – cualquiera que sea su color – siempre odia que sus traiciones al pueblo sean exhibidas.

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