Salud, Vida de hoy

Mujeres y hombres: Igualdad empieza con la escoba

 

No sólo es el mito de creer que el rosa, las faldas y las muñecas son exclusivas de las mujeres, y que el ‘azul’, la mecánica  y los coches a los hombres. Es la creencia antigua y presente machista de que los oficios domésticos son asunto femenino.

Aloyma Ravelo*

Un estudio reciente, realizado en parejas de 13 países, destaca una verdad de Perogrullo: las mujeres nos sentimos más atraídas por hombres colaboradores en casa, aquellos capaces de comprender que los quehaceres domésticos no tienen género.

En la Universidad de Oxford, un equipo de expertos llegó a tales aseveraciones, al demostrar que nosotras ya no deseamos compañeros a quienes “atender” como en los viejos tiempos, sino esposos que comparten tanto las tareas hogareñas como el cuidado de los niños.

El informe, que analizó los vínculos de parejas en 13 países, concluyó que Suecia, Noruega y Gran Bretaña son las tres naciones con relaciones más igualitarias entre hombres y mujeres.

Consultó el equipo de la Universidad de Oxford a 13 mil 500 hombres y mujeres entre 20 y 45 años sobre temas de género, tareas domésticas y responsabilidades para cuidar a los hijos. Basado en las respuestas, cada país recibió una puntuación por el “índice igualitario”.

Según el informe, las mujeres en naciones menos igualitarias terminaron entre un 20% y un 50% con menos oportunidades de establecerse con un hombre.

Y es que las mujeres no desean como estilo de vida matrimonial la carga de todo el andamiaje hogareño sobre sus hombros; ella por lo común también se esfuerza, compite en el mundo público y siente como injusto que en el ámbito privado siga siendo la responsable y la que más aporta.

Ellas quieren terminar con esa historia de las “tareas tradicionalmente asignadas a mujeres”, sostiene el informe.

Por ello, es lógico y comprensible para cualquiera que donde los esposos forman sociedades igualitarias en el hogar, las cuales incluyen los deberes hacia con los hijos, mantengan un vínculo más armónico y reflejen mayor grado de comprensión hacia los problemas del otro.

Paradojas

En Latinoamérica, estos asuntos no se comportan de igual manera. Hoy por hoy, aunque las mujeres constituyen una fuerte competencia para los hombres en el mundo laboral, tienen un prestigio reconocido, incontables aportan tanto o más dinero a la familia que su compañero, en el interior de los hogares muchos hombres siguen reticentes a asumir la parte correspondiente en las labores domésticas.

Hasta mediados del siglo pasado, todo estaba claro para hombres y mujeres: ellos trabajaban en la calle y mantenían económicamente a la familia. Ellas, convertidas en “madresposas”, amantes y serviciales, tenían su reinado en el hogar.

Para la familia, la vida transcurría de manera ordenada: ellos, dueños del espacio público y ellas, señoras del otro, de ese espacio privado donde él llegaba a descansar con su famoso periódico debajo de brazo.

Como este patrón denominado por los expertos “modelo patriarcal” resultaba injusto, conocemos lo que pasó cuando ellas rompieron lanzas contra todo cuanto fuera discriminación y subordinación femenina.

Aunque una buena cantidad de hombres comprende que es un problema de justicia colaborar con su compañera cuando ambos trabajan fuera, se hacen los desentendidos porque realmente los quehaceres domésticos son tediosos, y no hay creatividad cuando se friega platos o se limpia el piso; físicamente agota, además.

Pero el trabajo hogareño es imprescindible para la existencia de todo ser humano que necesita estar alimentado, vestido y vivir en un ambiente limpio y dispuesto a fin de satisfacer las necesidades vitales.

Tanto los hombres como las mujeres necesitan de ello. Sin embargo, la organización patriarcal, la cual estableció una división sexual de las tareas partiendo la economía en actividades reproductivas no remuneradas (con una menor valoración social) y las actividades productivas asalariadas, es un asunto que sigue en la tradición y se refleja en el imaginario colectivo de muchas sociedades.

He ahí la grata sorpresa de haber leído hace poco que se celebrará el primer congreso de trabajadoras del hogar. Muy buena idea para empezar a cambiar quienes aún tenemos que modificar tanto.

La suma equivocada
Diversos estudios internacionales y cubanos demuestran que el tiempo consumido para la realización de las tareas domésticas es un mucho más amplio que las ocho horas laborales habituales. Comienza desde el despertar y no acaba hasta el momento de ir a dormir.

Como resultado de esa realidad, algunos países están reformando la legislación con el objetivo de contemplar la seguridad social para las personas que ejercen este trabajo, sea como amas de casa o como empleadas domésticas.

Lo toman en cuenta igualmente para legislar la distribución de los bienes acumulados durante el matrimonio, en caso de divorcio.

Aunque no cabe dudas que si esta fuera una dificultad fácil de resolver, ya estaría vencida la tarea.

El meollo del asunto se encuentra en que es un fenómeno complicado, el cual proyecta sus raíces en un tejido sociocultural muy añejo.

A veces se aprecian progresos en la proyección de las mujeres como trabajadoras y no se “miden” con la misma vara los avances logrados (o no) en la educación doméstica, en la participación igualitaria de las labores hogareñas.

He ahí la significativa importancia del estudio reciente de la Universidad de Oxford, al colocar en la agenda pública un tema de total actualidad. (PL)

*La autora es periodista cubana, master en salud sexual y reproductiva.

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