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Monserrate… de arriba a abajo…

Visible desde muchos sitios de la ciudad, este cerro, el mas alto de la Bogotá, Monserrate es una suerte de balcón natural donde se asoman pobladores y viajeros para contemplar una de las panorámicas más deslumbrantes de la capital colombiana.

 

Foto de Quikbeam
Foto de Quikbeam

Adalys Pilar Mireles

 

Punto de referencia para los recién llegados, la montaña de más de tres mil metros de altura, está coronada por una iglesia de culto católico, distinguida por su color blanco y lo atractivo de su sosegada apariencia en la cima.

Aunque muchos prefieren admirarla desde lejos para evitar el viaje por la empinada cuesta, los más intrépidos deciden subir en tren o teleférico, a través de un trayecto rodeado de vegetación y humedecido por el río Vicachá, que corre sin prisa por las laderas.

monserrate
Javier Moreno – Bogotá se aleja – creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/2.0/

El rápido ascenso impresiona a los visitantes, apresurados a su llegada con el propósito de conseguir un buen ángulo para fotografiar la urbe, las estatuas y edificaciones religiosas del paraje.

La basílica actual, terminada en 1925, sustituyó a la primigenia levantada a mediados del siglo XVII, bajo la advocación de la Virgen Morena de Monserrate, la cual resultó reemplazada luego por la imagen del Santo Cristo, caído por los azotes y crucificado en la cruz, atestiguan historiadores.

Obra del maestro Pedro de Lugo Albarracín fue tallada en madera y adornada con algunas piezas de plomo y plata.

De estilo neogótico, la construcción del actual templo estuvo sustentada por la ayuda de los peregrinos, quienes llegaban al cerro cargando por lo menos un ladrillo a manera de donación.

Una amplia plazoleta rodea a la iglesia para fortuna de los caminantes, atraídos por las exclusivas vistas de ese escenario atrapado entre Los Andes.

Foto de Luis Alejandro Bernal https://goo.gl/hHFKme
Foto de Luis Alejandro Bernal https://goo.gl/hHFKme

Parejas de enamorados o familias completas descansan en la escalinata y sobre los adoquines de la espaciosa plaza, estancia que resulta más placentera aún en días soleados, poco usuales en la capital colombiana.

Cerca del santuario hay varios caminos custodiados por esculturas, alrededor de las cuales abundan los árboles típicos del ecosistema andino, mamíferos pequeños y 58 especies de aves.

Rústicos senderos conducen también hasta el pico de la montaña, aunque el itinerario puede prolongarse durante un par de horas, debido a lo intrincado del terreno y a la larga distancia a recorrer.

Monserrate 2Las denominadas ‘rutas de peregrinación’ son transitadas por creyentes desde hace más de cuatro siglos en busca de sanación y otros favores.

Pese a los obstáculos, exploradores y aficionados al montañismo suben también con optimismo hasta Monserrate, muy frecuentado desde la época de la colonia.

No faltan allí personajes típicos, entre ellos representantes de comunidades nativas, asentadas en el macizo.

Con sus atuendos tradicionales, se pasean entre las numerosas tiendas de venta de artesanías.

Carteras y mochilas confeccionadas con fibras vegetales e hilos de colores por mujeres de la etnia Wayú, sobresalen entre otras prendas hechas con cuero, sandalias, pinturas y amuletos.

El olor de los auténticos ajiacos santafereños, elaborados con distintas variedades de papa, pollo y maíz, atrae a los paseantes, al igual que el llamado mondongo, un caldo a partir de carne de cerdo, ofertas de pequeños restaurantes.

Pero no todo son buenas noticias, cuentan pueblerinos que el santuario está situado sobre un volcán dormido, el cual hará temblar a Bogotá.

La tradición oral recrea otras numerosas leyendas asociadas a la cumbre, una de ellas refiere que entre Monserrate y la ciudad existe un punto en el que sale el sol y marca el camino para llegar a El Dorado, mítica tierra rica en oro y piedras preciosas.

Monserrate - Commons WikimediaLos novios que visitan la basílica nunca se casan, vaticinan creencias difundidas en la zona.

Lo cierto es que pese a los malos augurios sobre erupciones volcánicas y desamores, centenares de personas viajan cada día hasta la cúspide, seducidos por su belleza y la historia que encierra.

Inmutable al paso del tiempo, ese balcón natural permanece siempre abierto para obsequiar escenas bogotanas, enfocadas desde lo alto.

Desde allí el edificio Colpatria, el mayor rascacielos colombiano, parece insignificante.

Bajar, para algunos más peligroso que subir, demora apenas minutos dentro del funicular repleto de pasajeros, todos ansiosos por estar en suelo firme de nuevo.

Quienes se tomaron fotos a su llegada al pico, dejan constancia del feliz arribo a la base de la montaña, símbolo de una ciudad apegada a sus raíces, que a la vuelta no luce tan desafiante ni infranqueable. (PL)

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